EXO – 161304S001 – Los inicios de la Babieca


21/02/2021. EXO. Juan Carlos (DJ), Perico (Camden), Scott (Twelk), Lohengrin (Landel), Sento (Antolin), Alan (Jinx), Juan (Xander), Leo (Morki)


Introducción

Esta es la historia de la tripulación de la Babieca tal y como me la contaron, pero, seguramente, sus protagonistas podrían puntualizar algunas cosas si les preguntaras o si les importara. Los de la Babieca se conforman con vivir el presente, el pasado es de perdedores y el futuro solo es mañana.

Todo comienza con un viaje hacia Yu donde iba a haber un reclutamiento de las unidades Inmo. ¿Qué mejor destino que servir a la RFP en los gloriosos campos de batalla? Pero teníamos un problema. Las características físicas no acompañaban a Antolín (me temo que no tenemos honor suficiente para conocer su verdadero nombre de veddio), así que buscó en la misma zona, vía GWW, a alguien que pudiera ayudarle a cruzar la puerta de los inmos. Antolín pensaba que cruzar la primera puerta era lo difícil. Encontró ayuda en un humane llamado Camden Maille quien le consiguió un certificado médico con muy buena pinta. De aquel intercambio surgió una pequeña amistad. Camden era como un veddio en el cuerpo de un humano (igual de simpático que ellos).

El viaje hasta las pruebas fue largo y Antolín descubrió que no iban muchos no humanos en aquella ruta. Solo un úkaro y un oliero, algo reticentes a dar sus nombres, estaban presentes. Tantas horas juntos les hizo descubrir que los tres iban a hacer las mismas pruebas. Eran rivales, pero aun así se hicieron amigos. Los tres suspendieron, pero esa es una historia que contaremos otro día. Solo es importante saber que los inmos te pagan el viaje de ida, pero no el de vuelta y los tres se encontraron varados en el subsector de Yu, sin mucho efectivo y sin planes a las vista.

El veddio y el úkaro empezaron a trabajar como “escoltas” de un grupo de “gente que daba seguridad a los negocios locales” y allí conocieron a Fox Xander, un humano que estaba por encima de ellos en la organización y que se encargaba, entre otras cosas, de mover la recaudación (y a ellos) de un sitio a otro.

En paralelo, el oliero, que no quería saber nada con esa gente tan “respetable” intentó abrir una consulta médica y así sacar partido a sus conocimientos. La cosa no fue bien. La gente temía ir a su consulta por si decidía comérselos (sí, aún hay gente que cree que los olieros se comen a los humanos). Además, sus problemas para distinguir el color rojo de la sangre de la bilis verdosa tampoco ayudaban mucho en sus diagnósticos.

Quiso la casualidad que los tres se juntaran una tarde en un bar (intentaban quedar con regularidad), que les acompañara Fox y que aquel día también coincidieran con Camden en el tugurio. Hubo cerveza y luego más cerveza y luego, aún más cerveza acompañada de una grasienta hamburguesa. Todos coincidían en lo mismo: estaban hartos del camino que estaba tomando su vida. No habían pensado que, a su edad, estarían dependiendo de la suerte para llegar a fin de mes. «Deberíamos hacernos comerciantes y viajar por las estrellas» dijo uno de ellos (ya nadie recuerda quién). Y todos corearon la idea. «¡Pues claro!»

  • Necesitaríamos un piloto. Ninguno sabemos pilotar.
  • Yo conozco uno — aseguró Camden — Se llama Landel Verzz y le he estado ayudando a mantener su carné de vuelo. —Lo que traducido significaba que le había estado falsificando papeles para que le dejaran hacer las horas de simulador preceptivas para no perder la licencia. También estaba en horas bajas y se apuntaría a la idea.
  • También necesitaremos alguien que sepa de negocios y de leyes.
  • Bueno, — nuevamente Camden — Conozco a un tyrano…
  • ¿Y para qué queremos a un tyrano?

Y apuntándose la cabeza el humane añadió:

  • Nadie engaña a un tyrano que puede leerte la mente —sonrisa—. Además, le he estado ayudando a vivir de la ayudas sociales por ser refugiado político desde hace año, pero se le ha acabado el cuento porque la RFP ha cerrado el grifo a los “enemigos” —hizo un gesto con los dedos para marcas las comillas”— de La Marca. Si le prometemos una aventura, se vendrá con nosotros.
  • Pues estupendo — respondió el úkaro con alguna cerveza de más que le hacía ver todo como una gran idea.

La persona que estaba menos animada con la idea (y más sobria) era Fox. Él sabía que salirse de la organización no iba a ser fácil y que, como mínimo, le iba a acarrear algunas deudas adicionales. Intentando enfriar los ánimos, comentó:— ¿Os habéis olvidado de la nave?

  • ¡Yo sé dónde hay una! —respondió el oliero—. Está varada desde hace semanas en el espaciopuerto. ¡Es una ITP Galax 20 de color rojo con motores Mabe 840! La veo todos los días al levantarme en el motel. Babieca se llama y no parece que tenga dueño…

Partida

Encuentro con Avalina

Estamos en la Estación Orbital «Guardian-17» en Zraro

Tras salir del banco al firmar los papeles de la nave, de la que el banquero parecía muy contento de “librarse”, fuimos a la dársena de atraque a recoger nuestra flamante nave, cual fue nuestra sorpresa cuando vimos una barra en la puerta que nos impedía acceder a nuestra nave. Milton, un humano que allí estaba, nos dijo que esas barras las suelen poner las aseguradoras, y que además esa era de calidad, de las que se suelen usar para que no entre la policía. Nuestro primer paso en el mundo del comercio era ser estafados, si eso no era una señal, ninguna otra cosa podría serlo.

Con los ánimos encendidos, gritos, cabreos e indignaciones varias, volvimos al banco a cantarle las cuarenta la chupatintas, un chupatintas que estaba más feliz que una perdiz por haberse quitado la nave de encima, y que le faltó tiempo para decir que todo estaba firmado, la transferencia de la nave y los problemas que la acompañaban, que en este caso era un embargo a saber por quién.

Estaba claro que un embargo no podía frenar nuestra carrera mercantil, así que volvimos al muelle de atraque dispuestos a quitar la barra a golpes si hacía falta, pero cual nuestra sorpresa cuando dos amables humanos, de tamaño armario ropero de cuatro puertas, con manos capaces de abarcar el perímetro craneal de cualquiera de nosotros, nos comentaron que estaban allí para asegurarse de que nadie quitara la barra, y hay que reconocer que Hernández y Fernández, que así se llamaban, estaban haciendo un trabajo estupendo, la barra no se movió ni una micra.

Era tal su amabilidad, que nos aconsejaron hablar con una tal Avalina, su jefa, por lo visto tenía técnicas que permitían quitar la barra sin necesidad de perder la vida en ello. Nos recomendaron encarecidamente que le preguntáramos como y claro, mercantes educados como nosotros no podíamos declinar tan amable ofrecimiento.

Los nandez nos acompañaron a un local de copas de la estación, por lo visto Avalina pertenecia al honrado gremio de los restauradores. Tras la barra del local, Avalina nos comentó que hasta ahora, nuestra nave embargada había estado atracada y custodiada por ella, lo que suponía un pago mensual por parte del banco que a ella le resultaba de lo más cómodo, y claro, nuestra aventura empresarial afectaba a su ejercicio empresarial, lo que la incomodaba un tanto.

Avalina, y no me canso de repetir ese nombre para evitar equivocaciones ya que alguien soltó un Javalina que casi nos cuesta el no volver a tener preocupaciones en nuestra vida (que casi acaba en ese momento), demostrando las dotes negociadoras que solo se obtienen con años de experiencia (y con mayor número de matones que el otro negociante), nos ofreció una justa compensación por su estipendio mensual perdido, un simple transporte de mercancía, algo que nosotros como comerciantes estábamos más que cualificados.

El trabajo era sencillo, raro, pero sencillo, simplemente teníamos que llevar varios regalos (uno cada uno), de pequeño tamaño, a una tal Mia que residía en Tefa. Para mayor simplicidad (y mayor garantía de no huída), no hacía falta ni que utilizáramos nuestra nave, podríamos ir con las naves de línea ¡Todo un chollo oiga!


Tefa - Satélite del planeta. Sistema Of (en Bifzo)
G-R=T-
Atm: densa y rara
75% sup. agua
17.000 habitantes
humanos y cererios
Democracia parlamentaria

The Hyperion, nave de línea

Emocionados con nuestro primer transporte (por decir algo) nos fuimos a la nave de línea. En la puerta nos esperaba nuestro ya conocido Milton, quien nos entregó billetes de ida y vuelta a Tefa y el paquete/regalo que cada uno de nosotros tendría que entregar, todos envueltos en un precioso papel de regalo (¿quién demonios seguía usando papel de regalo?).

Al subir a la nave vimos que el trayecto no lo íbamos a hacer solos, es lo que tienen las naves de línea, ya sentados se encontraban Andrea Moniskava, una chica muy mona que averiguamos venía del planeta. Joro Batista, que tenía toda la pinta de hombre de negocios, Liko, un tipo que parecía acabar de levantarse de la cama con resaca, la piloto Jacin Bravo y el copiloto Oto Prim.

Antolín, quien fue cocinero antes que fraile, ese porte no le gustaba nada, algo olía a cuerno quemado y nadie había echado a un crelin a la barbacoa, así que nada más despegar la nave fue al baño y, con todo el cuidado que sus garras le permitieron, quitó el papel de regalo para ver que demonios estaban transportando, y no, no eran drogas ni explosivos (que era lo que él esperaba) se trataba de una joya del tamaño de su puño, con la que podría retirarse una larga temporada a engordar y dejar que el sol bañara sus alas tumbado en alguna playa perdida.

Fue volver a su asiento y tomar la nave una serie de turbulencias (¿¿en el espacio??) fue Landel el que identificó esas turbulencias como maniobras de evasión, algo quería abordarnos, y por lo que nos pareció ver por una de las diminutas ventanas tras su aviso, ese algo eran tres o cuatro naves piratas.

La comandante Jacin resultó ser mucho más hábil de lo esperado en una piloto de nave de línea, con sus maniobras mantuvo a raya a los piratas hasta que los despistamos en la atmósfera (sus naves no tenían capacidad atmosférica), por contra la nave si era lo esperado en una nave de línea y el enfrentamiento la había dejado para el arrastre, suerte que no se desmontó antes de estrellarnos controladamente (anda que el que se inventó lo de estrellarse con control se quedó nuevo)

Tras el impacto comprobamos el estado de todos los que íbamos en la nave, el copiloto no había tenido suerte, la piloto estaba gravemente herida, Andrea ligeramente tocada y Jinx y Morki estaban un poco golpeados. Nada se pudo hacer por Jacin, su vida terminó tras avisarnos de que los piratas no tardarían en llegar, que huyéramos insensatos.

Perdidos en la jungla

No habíamos decidido por donde irnos cuando aparecieron unos extraños pájaros del tamaño de un loro, se fijaban mucho en nosotros y no parecían tenernos miedo. Andrea estaba herida y Antolín (como buen Vedio) estaba tratando de socorrer a la hembra humana herida. Fue ésta la que reconoció a los pájaros y le indicó a Antolín que no se moviera.

  • ¿Atacan a lo que se mueve verdad? – preguntó él
  • No, son pájaros vampiros y atacan a lo que sangra, así que no te apartes que por ahora consigues taparme – respondió la espabilada nativa.

Fue Jinx el que solucionó el problema (lo que tiene saber de medicina), se acercó, frenó la sangre con una venda y a correr a la ciudad más cercana.

Decidimos alejarnos de la nave, nos encontrábamos a unos dos días de camino de la ciudad, andando ligeros por la jungla hacia el este, y pensábamos que la cobertura de la jungla nos protegería del seguimiento de los piratas.

No había demasiados kilómetros hasta la ciudad a la que nos dirigíamos, pero si mucha selva, y junto al estrés de la persecución, la caída, el estrellarse y los pájaros vampiro, pues oye, como que la caminata empezó a pasar factura y varios miembros del grupo empezaron a estar cansados, pero la motivación llegó pronto en nuestro auxilio, Jinx y Candem oyeron los sonidos de un animal que parecía que nos estaba siguiendo. Por la descripción, Andrea estaba casi segura de que se trataba de Durous, una especie de perros gigantes que cazan en manada, por lo que lo mejor era buscar algún refugio, sugerencia que todos dieron por muy válida.

Iba anocheciendo, perdíamos esperanzas al mismo tiempo que la luz, pero gracias a los dioses llegamos a una edificación semiderruida abandonada a la que entramos de cabeza. Mientras Landel y Twelk exploraban, Antolín se quedó con los pasajeros en la entrada, y en ese tiempo de descanso y recapacitación, cayó en la cuenta que de cuando fue al baño en la nave a inspeccionar el regalo, Joro no le había quitado ojo de encima, podría ser algún tipo de atracción sexual, pero había que ser un humano muy rarito para verse atraído por un Vedio (o eso le habían dicho sus compañeros).

La inspección de Twelk tuvo sus frutos, más o menos, porque encontró una antigua sala de control pero no supimos para que servía. La cuestión es que había paredes, techo y puertas, lo que era perfecto para refugiarnos de los durou, así que entramos todos en tropel al refugio.

Landel seguía explorando las ruinas intentando cerrar o bloquear todas las puertas que daban al exterior, cuando Twelk y Jinx, que estaban en vigilando la jungla desde una especie de torreta que había en la entrada, vieron movimiento, tres humanos con vestimentas similares a las de Andrea llegaban corriendo a las ruinas seguidos por un durou, que al ver la fortaleza dio media vuelta y volvió a la jungla, había reconocido la victoria de su comida.

Los humanos hablan en algún dialecto que nuestros emtrade no entendían, según Andrea era un dialecto un poco cerrado, pero que más o menos decían algo como «¡¡el fuego, el fuego!!». Tras los gritos se metieron en la parte del edificio que no habíamos tenido tiempo de explorar, empezaron a sacar madera y apilarla en la entrada mientras uno de los tres humanos, armado con una escopeta, montaba guardia en la torre de enfrente de la de Twelk y Jinx.

Twelk vio lo que se nos venía encima y pidió que todo aquel que tuviera un arma fuera rápidamente a la puerta principal, los durou los reclamaban, pero claro, salir un grupo a la carrera con armas al lugar donde había otro grupo con armas, que desconocía la existencia del primer grupo con armas (si, sé que suena lioso, pero es que la situación era liosa) pues sonaba a una idea de pena, así que Morki salió con Andrea a la plaza para intentar hablar con los locales antes de que los durou no tuvieran que molestarse en matar la cena y se encontraran la mesa puesta.

Los nativos de la explanada tuvieron una muy buena reacción y solo llamaron al de la escopeta para que los acompañara (algo que yo también hubiera hecho, cualquiera con escopeta es mejor que sea mi amigo y que esté a mi lado). Estaban sorprendidos por nuestra presencia, pero gracias a Andrea, que hizo de intérprete, pudimos hablar y nos explicaron que eran cazadores, que estaban siendo perseguidos por los durou y que mejor encendíamos el fuego que debían haber encendido sus hijos para espantar a los garou y luego ya si eso comentaríamos lo que hiciera falta.

Fue mencionar a sus hijos y aparecer un chaval corriendo perseguido de cerca por unos durous remolones, en plan que te muerdo pero poquito, que solo quiero que sangres y tenga que venir el resto de la cena a ayudarte. Que listos eran los perros… Ante semejante situación, Jinx, Antolín y Landel, nuestros tiradores selectos (más o menos), dispararon, acabando con más durous de los esperados.El nativo de la escopeta (Matow) seguía disparando hacia el bosque mientras el chaval llegó, le dijo algo ininteligible, poco después salieron a la carrera de la jungla otros niños pequeños hasta nuestro refugio. Esa noche a los durou les tocaba ayuno.

Prendimos fuego a los troncos y en ese momento salió del bosque un durou enorme, del doble de tamaño que los otros, se puso a dos dos patas y aulló. El bicho parecía capaz de razonar, es más, pareció amenazar a Twelk (quién le había disparado previamente), momento en el que Twelk se percató de que casualmente todos se habían apartado un poquito de él.

Con más calma nos enteramos de que el edificio era el refugio temporal de ese grupo de cazadores, que antaño era algún tipo de laboratorio en la jungla, parece que investigaban algo relacionado con farmacia. Todos prestaban atención a la historia menos Antolín, que seguía sospechando de Joro y no paraba de observarlo, estaba casi seguro de que era un agente o alguien con experiencia en seguridad.

Montamos un dispositivo de vigilancia para la noche, el primer turno cubierto por Antolín (que se durmió de extenuación) y Jinx que aguantó. Luego Camden, Twelk y Landel.

Al día siguiente el fuego se extinguió y los locales desaparecieron sin decir ni pío. Nosotros emprendimos la marcha hacía la ciudad con la esperanza de llegar ese mismo día, y fuimos oídos otra vez por los dioses, porque al poco de andar por la jungla oímos el sonido de una nave sobre nosotros, Twelk subió a un árbol a ver si veía algo, y lo vió, pero se explicó como el culo y casi perdemos la nave, por suerte Landel estaba más atento y nos llevó hasta un sitio óptimo para que Twelk, con la pistola de señales que había rescatado de la nave, les indicara nuestra posición.

En la ciudad de Tefa

El viaje en la nave hasta la ciudad de Tefa fue de lo mejor en las últimas horas, desplazarse sin cansarse, que maravilla. Y suerte que nos encontraran, porque Tefa era como un oasis en medio de una jungla hostil, a saber que más había entre esos malditos árboles a parte de los pájaros vampiro y los darou.

Tras el preceptivo recibimiento por la empresa de la nave de línea y la promesa de que no se repetiría, todo el mundo desapareció, algunos con mejores abogados consiguieron hasta indemnizaciones, pero no nosotros, que no vimos un crédito, sólo unos bancos para sentarnos mientras esperábamos que llegara el transporte que nos tenía que sacar de aquí.

Buscamos pistas de Mia Murtel y aunque no encontramos nada al poco se nos presentó una mujer preguntando si habíamos sido nosotros los que buscábamos información sobre Mia Murtel, y tras nuestra afirmación nos dijo que se llamaba Calipso y podía ayudarnos. Era Morki el que llevaba la conversación, pero era en Xander en quién se fijaba Calipso (y Xander tampoco es que fuera un adonis), todo se aclaró cuando ella le preguntó “¿Te envía tu jefe?”, y tras el “No” de Xander, empezó a prestar atención a Morki.

Explicamos a Calipso que era Avalina la que nos enviaba con esos “presentes”, sacó un escaner, lo pasó por cada paquete y tras hacer algún tipo de comprobación, de uno de los callejones salió una niña de unos 14 años preguntando si le habíamos traído regalos, era Mia Murtel. Calipso abrió todos los paquetes, unos llevaban gemas y otro una especie de cadena a la que pudo ensamblar las joyas, montando una especie de collar ceremonial que puso en el cuello de Mia, arrodillándose a continuación . Ni os podéis imaginar la cara de circunstancias que se nos quedó a todos, aquello era raro raro raro, pero con la intriga nos íbamos a quedar, porque sin responder una sola pregunta, las dos mujeres se alejaron por donde habían venido.

Esperamos al siguiente transporte que salía para Zraro, esta vez los billetes eran en primera, la espaciolínea quería compensarnos por la aventurita por la selva. En la nave estaba Joro, quien nos acompañó al llegar a la estación donde nos esperaba Avalina, confirmando la intuición de Antolín, Joro era su empleado.Pese a que nadie hizo preguntas, Morki no perdió la oportunidad de una rapidilla lectura de la mente de Avalina, sorprendiéndose con que estaba satisfecha con nuestro trabajo, hasta tal punto que pensaba recomendarnos para un trabajo con un tal Turoc.

Turoc necesita un porte a Fluszeua

Le preguntamos si podríamos mantener nuestra relación de negocios, y no dudó en ponernos en contacto con el tal Turoc, alguien que necesitaba que llevaran una carga de Electrónicas a Fluszeua.

Esto empezaba a tener color, nuestro primer porte de verdad en nuestra flamate nave. Estibamos la carga a la Babieca y partimos dirección a Fluszeua.

El primer salto fue perfecto, pero en el segundo el motor de impusos empezó a fallar, tuvimos que hacer una parada de emergencia para salir del subespacio, y tuvimos suerte, porque allí, en medio del espacio había una nave comercial, la (la NC Barrilete), estábamos salvados, o eso pensábamos hasta que oímos sus conversaciones (se habían dejado el micrófono conectado) “Déjalos, van muy deprisa no vamos a poder alcanzarlos…”

Y hasta ahí las aventuras de ese día, el mes siguiente más.

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