Los miembros de la antigua Barrilete, ahora en la Camino, tuvieron que abandonar la estación de Marlet a toda prisa. El lugar no era el sitio más legal de la galaxia, pero dejaban de ser amistosos cuando intentabas robar la nave espacial de otro. La Camino, otrora una orgullosa nave que surcaba el espacio, era ahora, tras pocas semanas de uso, un amasijo de hierros retorcidos. Sólo funcionaban dos motores de los cuatro de la planta de impulso. El soporte vital cubría una parte muy pequeña de los habitáculos de la tripulación, no había gravedad artificial y el motor subespacial tenía una ligera carraspera; la integridad del campo Faus-Carber fluctuaba cada poco tiempo. La tripulación decidió salir al espacio normal, pero la nave estaba en tan lamentable estado que no se arriesgaron a reducir la velocidad. Así, la Camino avanzaba a toda velocidad por el espacio profundo, como una bala lanzada por un enorme cañón, una minúscula caja de metal con siete temerosos tripulantes. Por primera vez, en mucho tiempo, los miembros de la Barrilete se plantearon algunas preguntas. ¿Cómo habían llegado a esa situación? ¿Quiénes eran sus amigos y sus enemigos? Desde que volvieron del espacio iroiendi todo había ido mal. La partida de Ros y el intento de asesinato; la muerte de Olalla, la sublevación de 0164, la muerte de más miembros del grupo y, finalmente, la cárcel militar. La huída, la persecución, los cazarrecompensas y, ahora, este vagar en el espacio profundo. ¿Cómo habían llegado a ello? ¿Cómo saldrían de esa espiral descendente?
Continúa leyendo «Barrilete – La muerte de una estrella»
Debe estar conectado para enviar un comentario.