Barrilete – La muerte de una estrella

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Los miembros de la antigua Barrilete, ahora en la Camino, tuvieron que abandonar la estación de Marlet a toda prisa. El lugar no era el sitio más legal de la galaxia, pero dejaban de ser amistosos cuando intentabas robar la nave espacial de otro. La Camino, otrora una orgullosa nave que surcaba el espacio, era ahora, tras pocas semanas de uso, un amasijo de hierros retorcidos. Sólo funcionaban dos motores de los cuatro de la planta de impulso. El soporte vital cubría una parte muy pequeña de los habitáculos de la tripulación, no había gravedad artificial y el motor subespacial tenía una ligera carraspera; la integridad del campo Faus-Carber fluctuaba cada poco tiempo. La tripulación decidió salir al espacio normal, pero la nave estaba en tan lamentable estado que no se arriesgaron a reducir la velocidad. Así, la Camino avanzaba a toda velocidad por el espacio profundo, como una bala lanzada por un enorme cañón, una minúscula caja de metal con siete temerosos tripulantes. Por primera vez, en mucho tiempo, los miembros de la Barrilete se plantearon algunas preguntas. ¿Cómo habían llegado a esa situación? ¿Quiénes eran sus amigos y sus enemigos? Desde que volvieron del espacio iroiendi todo había ido mal. La partida de Ros y el intento de asesinato; la muerte de Olalla, la sublevación de 0164, la muerte de más miembros del grupo y, finalmente, la cárcel militar. La huída, la persecución, los cazarrecompensas y, ahora, este vagar en el espacio profundo. ¿Cómo habían llegado a ello? ¿Cómo saldrían de esa espiral descendente?

Para complicar las cosas, habían detectado una perturbación en todo el sistema de EPR. Para muchos no pasaría de ser una interferencia de menos de un segundo, pero los miembros de la antigua Barrilete descubrieron que se trataba de un mensaje oculto a mucha velocidad. Tras ponerlo a una velocidad humana, pudieron, no sin terror, escucharlo: «Ayuda, Olalla» ¿Quién mandaba aquel mensaje? Olalla murió tiroteada por el guardia robot de la estación militar. ¿Quién tenía la capacidad tecnológica y energética para hacer algo así? La respuesta a esta pregunta, 0164, no les dejó más tranquilos.

Pero no pudieron pensar mucho en ello porque la Camino empezó a tener problemas. Los sensores detectaban fugas, una invasión de seres alienígenas habían penetrado el casco, uno de los contendores ardía, una bandada de veloeter convirtió la sala de máquinas en un colador y el sheller, al contemplar el exterior, vio que habían sido devorados por una singularidad y todas las estrellas habían desaparecido. Sí, habían pasado por situaciones como aquellas en ocasiones, pero ¡todas juntas! El único que mantuvo la compostura, aunque un poco sorprendido por la rara actitud de sus compañeros (como que Ros atara al pobre piloto a la silla), fue Sonrisas. Él y su extraña ceguera psiónica le estaba manteniendo a salvo de todos estos fenómenos que, tras un par de chutes tranquilizantes, acabó tan rápido como había empezado.

Finalmente, que es una palabra corta para reflejar todo el tiempo transcurrido hasta su decisión, los tripulantes de la Camino se dieron por vencidos y acudieron a la única persona que siempre les había tratado bien: Juana, la líder de la 501. Necesitaban su ayuda. Ella les había utilizado como cebo, sin duda, pero, por otro lado, les había sacado de la cárcel, les había “dado” la Camino. Cuando activaron el EPR para ponerse en contacto con ella, una nave oscura se materializó directamente encima de ellos. Era una nave de la clase Victoria y nuestros protagonistas tuvieron claro que era la 501 y que, de alguna forma, siempre habían estado ahí. ¿Serían acaso responsables de las atormentadoras visiones que acababan de padecer?

Llegaron a un acuerdo. Era muy sencillo. La Armada necesitaba que les condujeran hasta la posición de 0164. Una vez en ella, se tendrían que apartar de en medio que ellos harían el resto del camino. La nave estaba hecha unos zorros y la 501 accedió a hacer una parada técnica para reparar algunas cosas urgentes, entre ellas, el motor subespacial. Afortunadamente, la Victoria tenía una generador capaz de cubrir el viaje subespacial de ambos. Les llevaron a un espacio-puerto en el que una legión de tecnos aplicaron unos rápidos primeros auxilios, nada muy durarero. Cualquier exceso podría costarles la vida. Nada a lo que no estuvieran acostumbrándose.

La Camino, como habían descubierto, tenía instalados, en secreto, tres mecanismos de seguimiento. Uno, explosivo, fue instalado por ese pirata que les ayudó semanas atrás, el otro, con una sorprendente capacidad de comunicación subespacial y que inicialmente habían atribuido a 0164, era el de la 501. El tercero, adosado a la parte exterior del casco y más normalito, era el de 0164 realmente. Utilizandolo como transmisor, los tripulantes de la Camino hicieron la llamada más dura de su historia. Debían citarse con 0164 para que muriera. Es cierto que había intentado matarles, pero había sido una compañera de la tripulación. Además, como bien recordaron, en la nave estaba atrapado otro de los miembros originales de la tripulación, aquel tyrano de piel oscura (único en la galaxia) que habíanrescatado en espacio iroiendi tiempo atrás (mucho tiempo atrás). Para su sorpresa, 0164 respondió con unas coordenadas espaciales.

No tardaron más de dos días en recorrer la distancia que les separaba. La dirección señalaba a una estrella sin planetas en una zona del sector cignus sin apenás circulación espacial. Era, por expresarlo en términos humanos, un lugar apartado. Al llegar, descubrieron que la estrella tenía varios cinturones de asteroides (no aparecían en las cartas galácticas) y alguien (o algo) estaba construyendo algo alrededor de la estrella. Parecía una esfera o un disco de Dyson, pero faltaba bastante para estar completo. Los primeros análisis hicieron sospechar que se trababa de un enorme generador de energía. La Barrilete (y 0164) era, de alguna forma, parte de ese complejo. ¡La Barrilete era ese complejo!

Se acercaron hacia la estrella intentando comunicarse con 0164. En la mente de algunos tripulantes aún existía la posibilidad de solucionar el tema dialogando o, al menos, de salvar al pobre tyrano secuestrado por su antigua nave. Las comunicaciones recibieron silencio por respuesta y, aún así, siguieron acercándose. Un poco más cerca, un poco más cerca cada vez. Nadie quiso hacer la maniobra de frenado. Ello hubiera implicado dar la vuelta a la nave y frenar; la salida de los motores hubiera cegado a los sensores. No querían perder de vista a 0164 ni un momento, pero, sobre todo, no querían reducir tanto su velocidad que tardaran horas en poder salir del sistema mediante un salto subespacial. En resumen, se dirigían contra la estrella a gran velocidad, como una piedra.

Cuando estuvieron más cerca (y a pesar de la interferencia de la estrella) pudieron detectar una forma de vida y varias formas robóticas trabajando en la instalación. También, al acercarse un poco más, detectaron el lanzamiento de una cápsula de escape. la forma de vida iba en su interior. Imposible recogerla a la velocidad que iban, así que estudiaron un plan para hacer una órbita a la estrella y recoger al infortunado a la vuelta. Iniciaron la maniobra bastante inseguros de que la Camino soportara esa tensión gravimétrica. Además, la cosa se complicó cuando estuvieron a cierta distancia de la instalación,ya que algunas torretas empezaron a dispararles. Eso complicó más aún la maniobra, añadió más tensión a la debilitada nave y, por último, dio argumentos a los reacios a la acción humanitaria para que salieran huyendo de allí. Sin embargo, el piloto se mantuvo firme en su decisión de ejecutar la maniobra y los demás no podían perder el tiempo haciéndole cambiar de opinión.

En ese instante, varias naves de la Armada, varias patrulleras ligeras de la clase Victoria, se materializaron en sus sensores. Iban a toda velocidad y es posible que hubieran salido del subespacio en ese momento. Sin mediar pausa, lanzaron varias andanadas de torpedos contra las instalaciones (o eso creyeron) y recibieron una comunicación escueta, pero clara: ¡Huid, insensatos!

Estaba claro lo que estaba pasando o lo que iba a pasar, aceleraron la maniobra de órbita un poco más lo que les impidió recoger al pobre tyrano e intentaron alejarse lo máximo posible. No se olvidaron de desconectar todos los equipos de comunicaciones. Sabían, por experiencia, que 0164 era capaz de transmitirse de un sitio a otro vía ondas electromagnéticas. Los torpedos no iban dirigidos a las instalaciones (a 0164 también la engañaron), sino a la estrella y, por supuesto, no eran torpedos normales. Posiblemente, hacía muchos años que nadie usaba un ingenio así en la zona de la RFP. Al entrar en la atmósfera exterior del ardiente astro, los torpedos se dividieron en varias cápsulas menores reforzadas y cayeron directamente al núcleo de la estrella con un impulso final, una vez allí, iniciaron una reacción, alimentada por la propia estrella, que la convirtió en una pequeña supernova.

Las naves de la Armada había desaparecido, tan rápida y sigilosamente como habían aparecido. La Camino, nuevamente sola, recibió primero el intenso destello de la muerte de la estrella, los sensores se fundieron con la radiación gamma y una onda de choque, que deformó el tejido mismo del espacio-tiempo, les empujó cientos de años luz en unos instantes. Cabalgaron, por primera vez para ellos, en una gigantesca onda gravitacional. La Camino quedó destrozada de tantos bandazos, de tantas rotaciones sobre sí misma tropezando con campos gravitatorios fluctuantes, pero sobrevivió y eso es algo que no todas las naves hubieran hecho.

¿Y la tripulación del interior? Eso, querido lector, es nuestra siguiente historia…

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4 comentarios to “Barrilete – La muerte de una estrella”

  1. Sento Says:

    Como se nota que ya no está Dimas en la tripulación, el no hubiera tenido reparos en deshacerse de 0164, eso de que las máquinas piensen nunca terminó de convencerle, si no que le pregunten a Art-tur-ito 😀

  2. Delfar Says:

    ¿Qué pasó con la electricidad de la esfera Dyson?

    ¡Por despilfarros como esos nos suben luego la factura de la luz en Vettera!

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