Eberron, la hoja del alma

by

Eberron

Juego Eberron
Fecha 22-08-2010
Campaña Los Ignotus – la hoja del alma
Lugar Lohen home
Asistentes Scott (Director de Juego), Leo (Silgüalin), Lohen (Mordekai), J.C. (Kat), Juan (Trasto)

Sharn, Breland

No, no soy David rompepiernas, no… ¿por qué? bueno, hum.. digamos que tuvo un pequeño accidente al final de nuestra última aventura y lo último que quería hacer era coger la pluma (instrumento endemoniado donde los haya). Así que hoy sere yó, un anónimo testigo, quien le dicte al escriba lo que aconteció, más bien, lo que aún acontece.

Estábamos en la taberna de Sharn, nuestra taberna, la de siempre, cuando nos llegó un mensaje extraño… – creo que debemos cambiar de taberna a la de ya – …En su interior iban depositadas 4 monedas de plata… – no, escriba, no, mis comentarios fuera de la narración no hace falta que los escribas – …y unas palabras que alguien dijo que significaba que nos invitaban a ir a la torre de no sé quién… – nunca he sabido aclararme con los nombre de las familias… ¡eh! qué no hace falta que anotes esto… ¿qué? ¡qué cobras por palabras! A ver si saco las uñas… Bien.


Allá nos encaminamos, a la mencionada torre, donde todo parecía bastante lujoso. Yo no soy mucho de oropeles y adornos, prefiero la dura tierra bajo mis pies desnudos, pero he de reconocer que aquella piedra estaba más pulida que las de las calles de Shran más transitadas. Nos recibió un anciano amable tras una mesa de oro y negro que nos asegura que nos va a hacer ricos – no saben lo que es la riqueza de verdad, por otro lado – y que antes nos van a poner una prueba. la prueba consistía en atrapar a un mono furioso que se había escapado – habían soltado para la prueba o se cree que somos tontos – sin causarle daño. Nos dijeron, literalmente: la sangre está permitida, pero no la muerte – no nos dijeron que la sangre sería nuestra…

Intentamos… – intenté – …acercarnos pacíficamente al animal en cuestión e intentar razonar con su ira, pero el pobre animalillo estaba demasiado confundido… – y hambriento – …para atender nuestras amables palabras. Me arrodillé junto a él para mostrarle que iba en son de paz, pero el bicho no atendió a razones e intentó alcanzarme sin éxito. Creo que las feromonas de la elfa que iba detrás de mí, que se perfuma como un burdel completo de Sharn, fue lo que alteró a nuestro mono… – que ya veíamos como un gorila. – Silgüalin recibió las primeras atenciones de nuestro hermano pequeño de Kong y cuando acabó con ella estaba hecha un guiñapo, tumbada en el suelño, con la sangre empapando sus escuetos trajes con los que siempre dice: «así voy más cómoda» – pufff.

Dejé que el mono me agrediera y se ensañó conmigo… – tuve que darle una poción de curar heridas leves al carnet de identidad – . En el fondo, mi lado humano siempre me hace cometer tonterías. Si King Kong se hubiera comido a la elfa, se hubiera quedado más tranquilo – y nosotros. – Le arreé un mandoble que le destripé el pecho casi de arriba a abajo. El gorila me miró sorprendido. Parecía que a él también le habían contado lo que que no íbamos a matarle. Aquello le achantó un poco, y pude rematarle con dos certeros golpes con el plano de la espada. Gorila terminado, misión conseguida. ¿Qué donde estaban los demás mientras tanto? Bueno, resulta que Trasto le afectó una especie de dendrofobia… –el invernadero estaba lleno de árboles- , y Mordekai no hacía más que preguntarnos: «¿lo habéis encontrado ya, lo habéis encontrado ya?» El resto de nuestro grupo permanecía en la posada como seguridad por si era una trampa.

Tras acabar la misión del mono de forma satisfactoria… – para el anciano – …nos dice que la misión de verdad, la que nos hará ricos, consiste en atrapar a un renegado de los linternas oscuras. Mis compañeros asintieron y murmuraron: «linternas oscuras, linternas oscuras» ¡Cómo si tuviera que conocerlos! Bueno, pues parecen unos tipos bastante famosos que no están muy acostumbrados a tener renegados. Tras jurar que les mantendremos el secreto, nos aclara un poco más la historia. Lucan Stellos, un ex-miembro de la orden esa oscura, desapareció dos días atrás, fecha que coincidió también con el robo de una espada: Hoja del Alma de las armaerías de la orden. También nos comentan que su hermana pelirroja, una tal Grislan, también ha desaparecido.

Nuestra misión es capturar a Lucan Stellos, mejor vivo que muerto, y recuperar, si es posible, la espada. Nos ofrencen desde 1000 monedas de oro a cada uno por Stellos muerto, 2000 por él vivo y 500 adicionales por la espada. Además, nos facilitan documentos de identificación que permiten indicar que vamos en misión oficial de la casa, unos magicaballos (que podemos considerar como pago adicional) y una carta de crédito para los gastos que nos piden que usemos con moderación. Por último nos da un retrato de Stellos y un dibujo del carruaje que usó para marcharse – bastante tétrico, porcierto, empieza a formarse en nosotros la idea de que el tal Stellos es un vampiro o algo peor. – Sabemos que va a Puerto Trolan y que debemos darnos prisa, pero antes de partir, mis prudentes compañeras, preguntan por las caracteristicas de la Hoja del Alma. Al parecer es una espada que crea cierta confusión a su portador y le hace hablar a favor de un tal “Carnat”, quizá sea el nombre de un reino con el que Sharn estuvo en guerra hace años. – Ya he dicho que los nombre no son lo mío. – Parece que la espada también permite hacer curaciones. Va a ser un tipo duro de matar… – borra eso – de capturar.

En nuestro primer día de viaje intentamos forzar la marcha pues nuestro enemigo nos llevaba dos días de ventaja, pero descubrimos que “mis compañeros de viaje no eran buenos jinetes” y “las monturas no aguantarías ese ritmo a pesar de ser magicaballos de esos”. Cambiamos los planes y sin pausas, pero si prisas, emprendimos la persecución. Él no sabía que le perseguíamos, quizás tuviéramos una oportunidad antes de llegar a Puerto Trolan. Al atardecer nos cruzamos con un grupo de amables mercaderes que nos confirmaron que hace unos días se cruzaron con el carromato y que iba conducido por una maleducada pelirroja. – ¡pelirroja y maleducada, las que más me gusta golpear!

Al segundo día, unos “guargos” nos siguieron. les dije al grupo que continuáramos, que sólo nos atacarían si mostrábamos debilidad. El paladín y ¡LA ELFA! decidieron caerse del caballo en ese momento. Así que me tocó bajarme del caballo con agilidad felina y acabar con los lobos gigantes antes de que pudieran hacerles nada a mis compañeros. Trasto y yo nos los merendamos – Lástima, eran unos hermosos animales. Quizás pienses escriba que trato injustamente en mi narración a mis compañeros de viaje… bueno, es posible, pero tú no estuviste allí, ni estás dictando esto.

Al día siguiente, a Mordekai le apareció un martillo de guerra en su equipo. Yo me quedé muy sorprendido y lo reseño en este diario para investigarlo con posterioridad… – mis primeros pensamientos es que Mordekai puede controlar el tiempo de alguna forma, viajar al pasado y prepararse para el futuro. Sí, ya sé que suena descabellado, estoy investigándolo.

Al cuarto día nos volvemos a cruzar con mercaderes, estos nos dicen que no han visto el carruaje, pero más tarde nos comentan que sólo llevan un día en la carretera y que si va por delante es normal que no le hayan visto – nos habíamos preocupado. Mordekai comenta a los mercaderes que una patrulla de soldados que pasó durante la noche nos había avisado de la presencia de ladrones… – ¿Y cuándo pensaba decirnos a nosotros lo de la patrulla? ¿Otro viaje en el tiempo? Investigando…

Al anochecer sufrimos el ataque de unos centauros. Para aquel que no los conozca os diré que son como magicaballos pero sin la posibilidad de que el jinete se caiga. Nos lanzaron algunas lanzas, pero finalmente entramos en combate cuerpo a cuerpo. Era un poco raro ver salir el apéndice humano de ese cuerpo caballar y eso me desconcentró un poco en mi legendaria efectividad en el combate. Afortunadamente Trasto no se dejó engañar por esos hijos de yegua y pudo ponerlos en fuga. «Huid, huid» les amenazaron mis compañeros de viaje desde la seguridad de la distancia…

Nuestro combate con los centauros debió hacer correr la voz por el camino de que no éramos presa fáciles porque en varios días – siete – no volvimos a encontrar a nadie. Al atardecer del octavo día, el decimo segundo según salimos de Sharn, pudimos ver a cierta distancia el carruaje de Lucas Stellos, yo distinguí los pelos rojos de su cochera. ¡Eran ellos! ¡Les habíamos atrapado!

Lanzamos, algunos, nuestras monturas al galope. Nuestras capas de viaje ondeaban al viento que generábamos con nuestra cabalgada y nuestras monturas relinchaban protestando por el esfuerzo, El carruaje traqueteaba en el tortuoso camino vigilado por árboles de grueso tronco. Finalmente, Mordekai alcanzó la parte delantera del carro y tras un instante en el que el tiempo se paró – lo juro – e intentó varias maniobras: como golpear a los caballos con su maza temporal, golpear el tiro para partirlo de un golpe, cortar las cinchas…, decidió que lo más fácil sería bajarse del caballo y coger las bridas de uno de ellos obligándose a detenerse.

Mientras tanto, el paladín saltó sobre el carro y Lucan Stellos apareció en el techo ejecutando una maniobra circense. Empezaba a asustarme, pero el que estaba cobrando era el paladín y a punto estaba de caerse del carro. Hasta el techo también salté yo, el carro aún se movía pero me sujeté con ambas manos en un lateral. Intenté dialogar con él, decirle que la lucha era absurda y que seguramente podríamos llegar a un acuerdo – mentía -. «Qué no se acerque el clérigo» y con un gesto de la mano derribó del caballo al pobre David – que cada día se parece más a su perro Sombra –  y lo dejó dolorido y humillado sobre el barro. Su miedo al clérigo me hizo pensar que Stellos iba a ser más duro de lo que pensaba. Creo que no cobraremos el suplemento por llevarlo vivo. Está claro que me catalogó como su enemigo más peligroso ya que se acercó a mí para derribarme y echarme del carromato, alzó su arma mientras yo pensaba rápidamente que hacer… – y ahora, escriba, si no te importa, dejamos esto para luego que Stellos aún está ahí con cara de pocos amigos.

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