Etapa 6: Hornillos del Camino – Castrojeriz. 20.3 Km.
La salida de Hornillos es igual que la entrada, campos de trigo, no hay nada más. Así que imaginaros la emoción del Camino, aburridísimo. Por si fuera poco, a Sento se le rompió un cordón de la bota y no podía caminar, menos mal que la cuerda de la ropa era del mismo diámetro que el cordón, apaño rápido que evitó la ampolla (otro año sin ampollas, que máquina).
Esperábamos descansar en San Bol, un pueblo que se supone se encuentra a mitad camino, pero resulta que era una caseta apartada a un lado del camino, así que seguimos “disfrutando” de la estepa hasta Hontanás, un pueblo muy bonito. Allí devoramos unos bocatas, descansamos un poco, visitamos el albergue, no el primero que es donde almorzamos, sino el segundo que está a la salida, (que por cierto está muy muy bien).
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Por la mañana, nos fuimos a desayunar volviendo hacia Burgos, ya que Elisa y Chema necesitaban una farmacia abierta, así que nos metimos en un bar a tomar unos cafés y a hacer tiempo hasta que abriera la farmacia. Antes de que abriera, los mejicanos y Elisa, compraron en una panadería, que ya estaba abierta, una torta de manteca que estaba… sin comentarios.
Por la mañana, después de desayunar, nos despedimos de Ana, la cocinera, que se emocionó y casi se pone a llorar. Así que fresquitos, al Camino, primera parada, Atapuerca.
espués de un buen descanso (nosotros, de las alemanas no se puede decir lo mismo), y antes de que amaneciera (estamos cogiendo costumbres extrañas), emprendimos camino hacia Agés. Antes de salir de Belorado, y una vez los músculos han cogido algo de temperatura, unos estiramientos, que falta les hace, y luego a la marcha.
Por la mañanita, y antes de emprender el camino, tomamos un energizante desayuno a base de magdalenas y algún zumo. Y así, superenergizados y mineralizados, emprendimos la caminata.
Nada mas levantarnos, lo primero, prepararse, así que empezamos con la tarea de ir ajustando botas, untar algunos pies de vicks-VapoRub,… y buscar un bordón para Chema, que lo encontramos en el mismo albergue en el que habíamos dormido, resulta que en la entrada había un cubo para los bordones, y algunos de ellos (muy buenos por cierto), los hace un vecino del pueblo y los regala al albergue por si le hace falta a algún peregrino.
Este año salimos desde la Estación de Autobuses, la idea era ir de Valencia a Logroño en autobús, y desde allí buscar alguno que nos llevara a Nájera, que fue donde nos quedamos el año pasado.
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