Etapa 2: Santo Domingo de la Calzada – Belorado. 22.9Km aprox.

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Por la mañanita, y antes de emprender el camino, tomamos un energizante desayuno a base de magdalenas y algún zumo. Y así, superenergizados y mineralizados, emprendimos la caminata.

El haber descansado bien, no impidió que nuestro humor fuera cambiando a peor durante todo el día, la Junta de Castilla y León (JdCyL a partir de ahora), se encargó de ello. La primera en la frente, a la salida de Santo Domingo, se encuentra la iglesia de San Francisco, por donde antes pasaba el Camino, porque ahora no, la JdCyL lo ha desviado tres manzanas antes de llegar, por lo que los peregrinos se pasan de largo esta Iglesia, cuando es una preciosidad, aunque ahora sea un Parador, en la puerta sigue habiendo un monumento al peregrino.Después de la fotografía de rigor en la puerta de la Iglesia de San Francisco, continuamos camino hasta Grañón, donde paramos a tomar unos vinillos y descansar un poco, que los primeros días no hay que abusar, hay que dar tiempo a que el cuerpo se vaya acostumbrando.

Estando en el bar tomando los vinillos, nos aparecieron unas italianas, ¡con sombrero de paja de Chema!, resulta que por lo visto lo había perdido por el Camino (lo llevaba atado a la mochila), y las chicas al verlo se acordaron del angelito (como para olvidarse después de haber visto a Chema), y cargaron con él por si nos alcanzaban.

Cuando intentábamos salir de Grañón, Santiago encarnado en mujer del pueblo, nos indicó que lo mejor era ignorar las flechas amarillas, que por donde nos sacaban se pegaba mucha vuelta, y así fue, gracias a esta mujer nos ahorramos hacer el tonto, y esquivamos otra de las trampas de la JdCyL.

Salimos de Grañón, último pueblo de La Rioja, y llegamos a Redecilla del Camino, el primer pueblo de Castilla y León, con una Iglesia impresionante. De ahí a Castildelgado, donde tomamos una cervecita reponedora, y menos mal, porque falta iba a hacer, la JdCyL empezó con las suyas, la primera la de Viloria de Rioja, pueblo por el que no “pasaba” el Camino de Santiago, pero que ahora sí, con lo que te regalan 3 km. a la etapa. La desesperación de los peregrinos se aprecia en los campos te trigo, que a través de ellos se ven las sendas, ya que el Camino más rápido entre dos puntos no es la línea recta, sino el que haría un peregrino si no fuera engañado por los canallas de la JdCyL. Entre queja y queja de los de la Junta, y después de alguna que otra carrera chorra, Sento perdió la concha de peregrino.

Por fin llegamos a Villamayor del Río, donde pensábamos comer. Sólo hay un restaurante en el pueblo, en el que no dejan entrar con mochila, (son más majetes…), y por si fuera poco, carísimo. Así que decidimos pasar de ellos, comer unas barritas energéticas y hacer una siesta, que eso siempre ayuda. Visto que nuestra conducta era la correcta, Santiago encarnado en forma de peregrino alemán, nos entregó medio bocadillo de jamón con queso y tomate, ya que según él no podía comer más.

Solo nos quedaba llegar a Belorado, pero se hizo duro, mucho sol y aire en contra nuestra. La entrada encima se hace eterna, y cuando llegas al albergue municipal lo encuentras cerrado, solo abre en verano, al igual que la Iglesia, que tienen dos, la de verano y la de invierno.

Visto lo visto, decidimos alojarnos en el albergue privado de Cuatro Caminos, y es una decisión que recomendamos a todos los peregrinos, económico, limpio y acogedor.

Después de la pertinente ducha y la limpieza de ropa, fuimos a dar una vuelta por el pueblo, y al entrar a visitar la Iglesia, nos reconocieron como peregrinos y nos invitaron a un acto solo para peregrinos que realizó el cura, bendiciéndonos para el Camino (que falta nos hacía).

Cuando ya nos retirábamos se produjeron otros dos milagros, el primero una pareja de suizos entrañable que le dieron su concha a Sento, la habían encontrado por el camino y la habían recogido, además le habían puesto una nueva cuerda más resistente para que no volviera a pasar. El segundo, la invocación de bastón de Peregrino de Chema, muy acertada.

Por la noche, lo de siempre, recital de ronquidos, y martirio de la alemana con el anillito de las narices que no hacía más que golpear con él en la litera para que Sento dejara de roncar, si ella supiera lo cercana que estuvo al salto sin paracaídas por balcón de albergue…

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