Etapa Previa: Valencia – Nájera

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Este año salimos desde la Estación de Autobuses, la idea era ir de Valencia a Logroño en autobús, y desde allí buscar alguno que nos llevara a Nájera, que fue donde nos quedamos el año pasado.

Para el trayecto Valencia-Logroño, utilizamos la línea de la empresa BilmanBus, muy recomendable, es la que ya gastamos el año pasado para volver a Valencia, y es la manera más económica y rápida de realizar el trayecto. Para que os hagáis una idea, viajando con Renfe, el trayecto Valencia-Pamplona, es de unas 12 horas y cuesta unos 110€ por persona, el mismo trayecto, en estos autobuses, se realiza en unas 5:30 horas, y cuesta sobre los 20€.

Bueno, a lo que íbamos, la salida ya empezó “exótica”, se nos pegó un iluminado , al que parece que le caímos bien, que estaba empeñado en que deberíamos de hacer el Camino descalzos, encima iba en el mismo autobús que nosotros,… menos mal que al final nos lo repartimos entre todos los viajeros, una iluminación divina de ese tipo, no es justo que la copen solo tres personas.

Después de unas cuantas cabezadas, y algunas horas de viaje, Logroño, cuantos recuerdos, hacía ya un año que habíamos salido de esa estación que parece la galería de una finca, la última vez que estuvimos allí estaba llena de chavales que se iban de fiesta a un pueblo cercano, y ahora, habíamos vuelto.

Fuimos a buscar la oficina de la empresa que hace el trayecto a Nájera, compramos los tres billetes y directos al autobús que estaba a punto de salir. Por desgracia no lo perdimos, lo que casi perdemos es la vida, aquello no era un conductor de autobuses, se trataba de un suicida intentando colisionar con lo primero que encontrara, consiguió que un trayecto de unos 40 kilómetros se hiciera casi tan largo como el que habíamos hecho desde Valencia.

Al entrar a Nájera, desde el autobús vimos el cartel hacia un monasterio que allí se encuentra, el “Monasterio de Suso y Yuso”, pero eso es otra historia,… al fin llegamos, y después de besar en repetidas ocasiones el suelo, nos dirigimos al albergue a solicitar cama. Allí siguieron los problemas, no tenían credenciales y nosotros no las habíamos comprado en Valencia. Al final conseguimos convencerles de que nos dejaran dormir allí, aunque, por ilógico que parezca, no fue sencillo.

Dejamos los trastos y nos fuimos al primer lugar de peregrinaje, al que más ganas teníamos de volver, a “La Juderia”, a degustar esos pimientos de piquillo rellenos. Pero para variar, llevando el día como lo llevábamos, no habían, aunque al final, implorándole y diciéndole que llevábamos un año esperando, sacó unos poquillos que por allí tenía escondidos, para que volviéramos a disfrutar de tan impresionante manjar, y por supuesto, acompañado de unas patatitas a la riojana y unos calditos tintos de la tierra.

Así que bien cenados, y en paz con el Santo, nos fuimos al Albergue a descansar, y tras volver a degustar los caldos de la tierra que nos ofrecieron los hospitaleros, y después de intercambiar con ellos algunas opiniones y anécdotas, a la cama, al día siguiente empezábamos a caminar.

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