Etapa 6: Hornillos del Camino – Castrojeriz. 20.3 Km.

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La salida de Hornillos es igual que la entrada, campos de trigo, no hay nada más. Así que imaginaros la emoción del Camino, aburridísimo. Por si fuera poco, a Sento se le rompió un cordón de la bota y no podía caminar, menos mal que la cuerda de la ropa era del mismo diámetro que el cordón, apaño rápido que evitó la ampolla (otro año sin ampollas, que máquina).

Esperábamos descansar en San Bol, un pueblo que se supone se encuentra a mitad camino, pero resulta que era una caseta apartada a un lado del camino, así que seguimos “disfrutando” de la estepa hasta Hontanás, un pueblo muy bonito. Allí devoramos unos bocatas, descansamos un poco, visitamos el albergue, no el primero que es donde almorzamos, sino el segundo que está a la salida, (que por cierto está muy muy bien).
Continuamos camino por la ladera de la montaña, en lugar de ir por la carretera, otro de los regalitos de la Junta de Castilla y León. Lo más destacable, hasta llegar a Castrojeriz, fueron las ruinas de San Anton, que sitio para jugar un vivo de mundo de tinieblas, molaba un montón.

Por fin Castroxeriz, una de las ciudades más bonitas que hemos encontrado en el Camino. Nada más entrar la Colegiata de la Virgen de la Manzana, por fuera impresionaba, por dentro no tenemos ni idea porque, para variar, estaba cerrada. Habían varios albergues, tanto públicos como privados, los mejicanos se quedaron en el primero que encontraron (justo en la Colegiata), nosotros optamos, como siempre, por los públicos, de los que habían dos, uno al medio del pueblo y otro a la salida, nos quedamos en el último, en el San Esteban, de los mejorcitos que hemos visto este año, muy cuidado, muy limpio, y con unas vistas (hacia la montaña que hay que subir a primea hora del día siguiente), impresionantes, vamos, eran tan impresionantes que había gente que no dormía por la noche mirando la puñetera cuesta.

Una vez aseados y limpitos, después de aconsejar a unas italianas que empezaran a echar peso de las mochilas o iban a morir, de excursión por el pueblo. En primer lugar a la tienda de al lado del albergue, tienen de todo, eso parecía un Carrefour, compramos unos cordones de bota nuevos y unos calzoncillos abanderados, blanquitos de algodón, esos clásicos que nunca mueren. Continuamos el paseo, y lo mejor, la “Taberna Castroxeriz”, peazo de queso artesano de oveja merina, y peazo de Ribera de Duero (Fuentenarro). Animamos a las italianas con las que habíamos estado hablando en el albergue a probar el vino, que éxito, que alegría llevaban las canallas jejeje. La cena, innombrable, había lentejas o sopa de ajo de primero, pedimos lentejas pero como no habían para los tres, nos pusieron sopa de ajo, ¡que sopa!, y luego, viendo nuestra facilidad para dar cuenta de ellas, nos invitaron a las lentejas que habían quedado, que eran de la misma calidad que la sopa de ajo, impresionantes. Luego algo de ternerita, unos pacharanes, y vuelta al albergue.

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