Pathfinder: The Milenian Scepter (I)

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22/10/2017. Juan (DJ), Leo (Hanka), Germán (Debra), JC (Karil), Sento (Englier)


Cuando creímos que por fin podríamos pasar unos días tranquilos en casa, malas nuevas llegaron a nuestros oídos, el Duque de Karameikos había sido envenenado con la ira de Halav, veneno del que se supone no existe curación, aunque hay rumores de la existencia del Mazo de Halav, un objeto mágico que podría curarlo.

En ese momento entendimos el porqué del orbe que nos habían dado que nos permitiría esa vuelta tan rápida y al alcance de tan pocos, querían que encontráramos el cetro y salváramos al Duque, al que apenas le quedaba una semana de vida. Ésta información no había trascendido y el pueblo vivía en la ignorancia, tampoco se sabía cuánto tiempo serían capaces de mantener esa situación.

Investigamos un poco y descubrimos que Halav es uno de los antiguos dioses de Karameikos, desplazado en la actualidad por los nuevos dioses. Harav era un guerrero druida, no dudaba en defender la naturaleza con las armas. No se guardaba apenas información sobre Halav, pero si alguien sabía algo sería Tibernos, uno de los Congresistas.

Llamaba la atención que el envenenamiento hubiera sido en ese momento, cuando los nuevos señores de Karameikos estaban recuperando los viejos ritos de los dioses antiguos, a fin de que la población dejara de ver al Duque como un extranjero y ganar la simpatía de los residentes tradicionales.

Activamos el orbe y aparecimos en la granja de buena mañana, allí nos esperaba el enviado del Duque con un carromato y ropajes “menos bélicos” para entrar en la ciudad.

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La ausencia del Duque había permitido nuevas normas en la ciudad, un grupo de Congresistas había dictado una ley que prohibía las armas en la ciudad, declarando traidores a los miembros del Consejo. Así que decidimos depositar nuestras armas en el armero habilitado, a excepción de la maza de Torag (para él es un compañero inseparable) y una espada de Hanka.

Al llegar a la ciudad vimos que había una gran cola de entrada, los de la milicia eran muy minuciosos con los registros, estaban siendo supervisados por un grupo de guardas, que a su vez estaban siendo supervisados por un grupo de encapuchados (parecían sectarios) junto a otro grupo de encapuchados vestidos con hábitos y pinta de clérigos que también estaban controlando. Si esto se había vuelto habitual tendríamos que tratar de montar una empresa de seguridad y mover hilos para que nos contrataran, porque la factura de seguridad tenía que estar siendo astronómica y sería una lástima que nos perdiéramos un trozo.

Le echamos valor y entramos por la puerta del “nada que declarar”, consiguiendo colar la maza y la espada corta gracias a los engaños de Hanka (y eso que le tocó el guardia que no se sentía atraído por las mujeres).

Teníamos que dar apariencia de comerciantes, así que contratamos un hotel de nivel, ayuda de cámara para Hanka, sala de exposiciones,… los encapuchados que nos estaban siguiendo tendrían que esforzarse si querían descubrir la verdad.

Tras montar nuestra fachada, nos dirigimos hacia palacio para entrevistarnos con Tibernos, percatándonos que vuelven a comerciar con esclavos en Specularum, es más, los que estaban vendiendo eran los jinetes y los grifos de los “Griffon Riders”, la guardia de élite del Duque.

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Debra no lo pudo evitar y pujó por el grifo, debiendo molestar a alguien, porque inmediatamente aparecieron dos armarios, uno a cada lado, recomendando que no pujara más, lo que sentó mal a Hanka y a Karil, que los dejaron inconscientes. Justo en ese momento una lanza se clavó junto al subastador, se oían gritos de “Daskus, Daskus, Daskus,… (el nombre del Comandante de los Griffon Riders”. La cosa se lió un poco y decidimos poner tierra por medio.

Llegando al palacio encontramos un orador dirigiéndose a un grupo de gente: ”El Duque no ha muerto, solo está enfermo, esto es un golpe de Estado!!!”. Se trataba de Epaminos, un congresista convencido que que los principales golpistas eran Karakanomos y su perra maldita, Vix. Alguien en la multitud preguntó cuando fue, momento la oscuridad nos envolvió oyéndose una voz proveniente de detrás de Epaminos. “Observar el poder de vuestro nuevo emperador, aquellos que oséis enfrentarme encontraréis la muerte”, apareciendo un grupo de los encapuchados y de guerreros con armaduras brillantes y lanzas.

El encapuchado volvió a gritar “Aquellos que estáis en contra del emperador moriréis de forma horrible y los que queráis estar en gracia con él tendréis que acabar con los traidores”.

En ese momento una piedra surcó el aire golpeando a Epaminos.

Aquello indignó a Karil que se lanzó a proteger a Epaminos, aunque no fue necesario, ya se encontraba tras los cuerpos de algunos oyentes que también se habían lanzado a protegerlo, lo cogieron y se lo llevaron corriendo. Seguimos al grupo hasta una calle en la que pararon y nos ofrecimos a curarle. Aprovechando la parada Hanka nos enseñó unos papeles que había birlado del bolsillo de uno de los encapuchados, en ellos aparecía un símbolo que no reconocimos.

Gracias a Epaminos fuimos poco a poco aclarándonos con la nueva situación de la ciudad, la tal Vix era una guerrera de renombre, por lo visto había matado a varios hombres en duelos en la ciudad, era negra y tenía unos ojos rojos que parecían brillar, es más, posiblemente brillaran de verdad. Estábamos casi seguros de que habían matado a la guardia personal del Duque sustituyéndola por mercenarios y que los capuchas negras que habíamos visto por la ciudad eran clérigos de una deidad desconocida que aparecieron hace unos diez días.

Lo último que nos dijo Epaminos fue donde podríamos encontrar a Tibernos, en el Black Heart Lilith, donde nos organizaría un encuentro.

Teníamos tiempo de sobra, así que descansamos un par de horas en el hotel y después fuimos al Black Heart Lilith, un local que ocupaba una manzana entera, compuesto por hotel, club de alterne y unos espectaculares baños, donde encontramos a doce personas, uno de ellos en un lugar más reservado con cuatro personas a distancia prudencial de él. Nos hicieron una discreta señal para que nos acercáramos, el hombre solitario era Tibernos.

La reunión no comenzó con nuestra llegada, tuvimos que esperar 30 minutos, hasta la llegada de una mujer blanca con el pelo cobrizo, Tassia.

Tras unos pequeños rifirrafes en lo que a confianza entre grupos se refería, nos contaron que el Mazo de Halav pasaba de manos de un gobernante de Karameikos al siguiente hasta hace unos 100 años, momento en el que un gobernante lo utilizó para el mal, Olintos, en la actualidad ese gobernante está anclado al cetro haciendo de custodio, y solo se lo entregará a una persona de bien que lo vaya a usar para lo que está destinado. Se desconoce la localización del Mazo, pero ro parece que hay varias profecías que dicen que es el momento de que reaparezca, por lo que nos recomendó preguntar al icono de Halav, quien puede ser la única persona que nos diga donde se encuentra el Mazo.

El último templo de Halav se encontraba a un día de camino fuera de la ciudad, dirección Noroeste, en unas colinas, donde según las leyendas nadie será capaz de encontrarlo si no tiene los motivos necesarios para encontrarlo, se trata de una una búsqueda espiritual, lo que puede que sea muy complicado para los seguidores de Torag.

Antes de irnos Tassia confesó ser clériga de Halav, al mismo tiempo que nos informó de la pertenencia al clero de los encapuchados repartidos por todas las esquinas de la ciudad, son seguidores de Zargonio, dios del mal, antagónico de Halav, uno es la luz el otro la oscuridad, uno es la creación y el otro la destrucción,…

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