Pathfinder: Sins of the Saviors (XIII)


01/11/2020. Juan (DJ), Juan Carlos (Karil), Sento (Englier), Leo (Hank), Germán (Debra), Scott (Kravin)


Salimos vivitos y coleando (quizás lo de coleando no sea la mejor expresión) de The Iron Cages of Lust, la experiencia no había sido lo que esperábamos, pero bueno, mucho peor nos había ido en otras ocasiones.

A lo loco y sin pensarlo (cosa que pagamos luego), olvidándonos de todo lo que nos habíamos llevado puesto en la zona anterior, nos metimos de cabeza en la siguiente zona, en The Shimmering Veils of Pride, la zona del Runelord Xanderghul.

La entrada era lo que esperábamos, un pasillo de losetas de marfil, iluminación y lujo por doquier que desembocaba en un cruce con pasillos a izquierda y derecha, y al final de cada uno de ellos, unos enormes espejos de suelo a techo. Cogemos el camino de la derecha (as usual) y cuando estamos llegando al espejo de él sale una copia de Hank, y del que había quedado detrás sale una copia de Debra y otra de Kravin. Era una trampa de lo más perversa, un enfrentamiento contra tus propios compañeros ¿Qué infame ser había ideado tan vil ingenio? Quedó claro que la idea era buena, pero el grupo de aventureros no era el más adecuado para ella, había mucha tensión acumulada, muchos temas que se habían quedado en el tintero y fue un momento perfecto para el desahogo ¡con alguno de los reflejos había hasta cola para poder golpearles! 

Al final la trampa se agradeció y todo, más de un aventurero se llevó una sorpresa al ver lo difícil que era matar a su amigo, y además sirvió para percatarnos de que no habíamos descansado de la batalla lujuriosa y que estábamos para poco trote, así que tras alguna lágrima al comprobar que el reflejo desaparecía al morir y que no podíamos quedarnos con los objetos que portaban, decidimos volver a nuestra zona de descanso habitual.

Justo antes de partir alguien mencionó lo que pasaba con las fuentes y los peces cada vez que volvíamos a The Vault of Greed ¿y si al volver aquí pasaba lo mismo y volvían a salir reflejos? la solución fue la habitual, destruirlos. Primero probamos con el chakra de Karil, que no tuvo mucho efecto, y luego con la maza de Englier, que fue tan efectiva que se llevó un corte puesto.

Ya descansados (pero no duchados y ya van varios días) volvimos a The Shimmering Veils of Pride. Por suerte los espejos seguían como los habíamos dejado, rotos, continuamos por un pequeño pasillo y llegamos a una monumental sala con techos a 30 metros de altura, paredes llenas de espejos curiosamente situados y una especie de escenario en el centro con una estatua enorme de algo parecido a un pavo real. Al acercarnos, los miopes vimos que no era exactamente un pavo real, era culo de pavo, plumas de pavo y cuerpo y cabeza de wyverna, con las plumas y ojos hechos de joyas.

Englier detectaba mal por algún sitio, así que subió a inspeccionar la rara ave por si fuera el emisor. Hank detectaba joyas por muchas partes, así que subió a inspeccionar la rara ave por si alguna joya estuviera suelta. 

Al subir al escenario una voz se propagó por toda la sala:

“El señor está en su estudio, no debe ser molestado, por favor, no hagáis ruido, sino me veré obligado a castigaros.”

Claro, aquello no iba a conseguir que nos calláramos, solo que hiciéramos mil preguntas más, a las que solo nos respondían que no molestáramos. Finalmente gracias a al diplomacia de Englier (aunque algunos decían que de diplomático nada, que lo que és es un brasas), el ser apareció, era un hombre con afinidad a las capas (igual era familia lejana de Karil), y en esta ocasión llevaba una confeccionada con plumas de pavo real (algo que parecía ser moda por esta zona). Decía llamarse Vraxeris, y nos pedía no molestar a su señor Vraxeris, que estaba ocupado estudiando.

Cierto que lo de llamarse todo el mundo igual mareaba un poco, pero poco tiempo nos dio a comentarlo porque Vraxeris estaba un poco mosca con lo de haberle roto los espejos de la entrada. Hank se puso en modo pelota y se ofreció a repararlo si nos suministraba los materiales necesarios, porque claro, todo es tan maravilloso que somos incapaces de igualarlo, pero lo repararíamos. No termina de colar, un hechizo de Vraxeris le dio información sobre todo el material mágico que llevábamos, así que nos dijo que con lo que cargábamos teníamos más que suficiente. Karil también metió baza y ofreció la “reparación del dragón”, que no es mágica pero todo queda muy mono, tampoco pareció convencerle.

Vraxeris

Durante las conversaciones nos habíamos ido moviendo inteligentemente de forma envolvente para rodearlo y machacarlo, pero más inteligente era el Vraxeris de las narices, que se dio cuenta de nuestras intenciones y huyó.

Englier estaba seguro de que tenía que haber alguna puerta secreta, también estaba seguro de su incapacidad para verla aunque se diera con ella con los cuernos, pero también estaba seguro del aprecio de Vraxeris por sus espejos, así que cogió la maza y metódicamente fue rompiendo un espejo de la sala tras otro. 

Aburrido ya de esperar, Englier recogió unos trozos de espejo del suelo (ya teníamos el sexto elemento) y empezó a retirarse, justo en ese momento aparecieron 6 Vraxeris en la sala repartidos como si fueran puntos de la cara seis del dado.

Su primer ataque consistió en un hechizo de confundir sobre Hank que hizo que nos atacara a sus compañeros, algo que conociendo a Hank no tuvo que ser demasiado complicado. Además utilizó hechizos de multiplicación de imagen y de desplazamiento, no había manera de darle, así que todos los ataques se dirigieron a acabar con las imágenes.

Mientras destruíamos imágenes, los Vraxeris lanzaban rayos de fuego como si los hubieran puesto de oferta en Humble Bundle. Pillamos tanto que en la vida habíamos visto sangrar al dragón tan pronto en un combate, y Marvin casi cae al suelo inconsciente antes de que le diera tiempo a lanzar su primer hechizo.

Por suerte tenían número limitado de hechizos, así que pudimos organizar el contraataque. Debra potenció a Hank para que no se viera afectado por los reflejos ni por el desplazamiento y ahí comenzó la balanza a equilibrarse.

Seguían quedándoles rayos y misiles mágicos, pero se iban acabando y cuando acabaron llegó nuestro momento, fue breve, pero maravilloso, aunque no quedara un Vraxeris para contarlo.

Y hasta ahí llegó la tarde, era momento de apagar las cámaras web y comenzar a preparar la cena.



Contenido bolsas aventureros

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