Llamada de Chtulhu: Medio millón de almas, tan sólo (XV)


08/11/2020. Leo (Guardián), Sento (Tyler), Scott (Charlie), Juan Carlos (Mathew), Juan (Ren)



Como recordaréis, tras amarillearse Charlie y tostarse Tyler, todos huimos a las montañas en busca de refugio y descanso. Dos fechas del diario de Joe Sugar teníamos grabadas a fuego, Sinkiang 4.23.1922, Ancyra 4.24.1922 (Omar Sedesul, Fernando Díaz).

02/03/1922. Jueves. 53 días para el fin del mundo.

Nos despertamos con la salida del sol, seguía costando acostumbrarse a ver el nuevo cuerpo de Charlie, aunque seguro que más le estaría costando a él acostumbrarse a usarlo. 

Al poco nos percatamos de que la ropa que llevaba era la de un rango de Oficial del ejército y estaba completamente nueva, no es como la de los soldados Hui que habíamos visto, ni era exactamente igual ni estaba tan usada y estropeada.

Desde el sitio en las montañas en el que nos encontrábamos podíamos ver el pueblo, eso permitió que viéramos como un ejército con un uniforme parecido al de los Hui entraba al pueblo. Al poco también vimos batidas, algunas a caballo, pero ninguna se alejaba demasiado del pueblo.

El resto del día lo pasamos dormitando, dejando pasar las horas esperando que Tyler se fuera recuperando.

03/03/1922. Viernes. 52 días para el fin del mundo.

El descanso nocturno se vio truncado sobre las 4 de la mañana, un intenso resplandor nos despertó, había tanta luz que parecía que fuera de día. El responsable de la luz era el faro, un haz de luz similar al de un rayo láser (si hubiéramos sabido lo que era un rayo láser) del grosor de una tubería de alcantarillado, salía de su parte superior dirigiéndose seguramente hacia Ancyra. Pasados 20 minutos igual que había aparecido desapareció el rayo, haciendo parecer la noche más oscura de lo que era.

Con el segundo amanecer del día vimos que había menos gente por la calle, prácticamente todos los que veíamos a lo lejos por las calles eran miembros del ejército que había llegado el día anterior. Necesitábamos información de lo que estaba sucediendo en el pueblo, además no sabíamos nada de Muyaidin, que había ido él solo a enfrentarse a los del faro, no podríamos esperar a que Tyler se recuperara totalmente, teníamos que ir. 

Ren comenzó el ritual de la teleportación a mediodía de manera que pudiéramos dar el salto por la noche, el único momento en el que puede que pasáramos desapercibidos entre los del pueblo. Llegada la noche atravesamos el portal y aparecimos justo al lado del lago, esta vez Ren había acertado plenamente. Tenemos la sospecha que la precisión depende de la distancia de salto, a mayor distancia mayor error.

Nos dirigimos al interior de la gruta mientras oíamos disparos de rifle procedentes de la ciudad, había una contienda de la que no conocíamos los bandos. Llegando a la puerta coincidimos con cuatro soldados que también se dirigían al interior, caminaban dando tumbos, como ausentes, a los que habíamos estado allí, nos recordaban a los habitantes de Blackwater los días después de haber acabado con la madre.

Las dos puertas de entrada a la gruta se correspondían con dos almacenes, uno de arroz y otro de pasas. Al internarnos llegamos a una sala iluminada por una luz mortecina que provenía de dos aperturas, en el centro se encontraba un altar de piedra decorado con extraños símbolos que no pertenecían a la raza de los profundos ni a la de los yith, pero seguro que no eran humanos.

La primera de las aperturas de la sala daba a una habitación que parecía un trastero, bolsas de arpillera, cuerdas, palas y capazos de mimbre se acumulaban por todas partes. El ambiente en el interior era diferente, bajaba unos grados las temperaturas, era más húmedo y había moho por todas partes. En una de las esquinas encontramos una caja de un material desconocido, algo metálico negro, en su interior había una pistola de rayos como la que utilizó el yith de Santo Tomé que acabó en el bolsillo de Tyler, y un cilindro metálico con tres conectores, un contenedor de cerebros también como el de Santo Tomé del que se encargó Ren.

La otra apertura era la puerta secreta por la que había huido Charlie el día anterior, daba paso a una sala con una celda y una camilla médica con correas de sujeción. Era dónde habían tenido retenido a Charlie mientras el otro ocupaba su cuerpo.

Tras varias vueltas llegamos a la sala llena de cristales que Charlie vio en su huida, los cristales seguían allí, pero ahora estaban descargados. Al fondo de la habitación había una extraña máquina de la que salían tubos de cobre que ascendían hasta el techo en la que parpadeaban unas luces. En la vida habíamos visto algo así, tenía muchas ranuras y, a través de una de ellas, vimos que los tubos estaban llenos de tubos más pequeños. Ren pudo averiguar que los interruptores eran para conectar y desconectar algo, y que las ruedas centrales parecidas a las de las cajas fuertes parecían indicar un tiempo, concretamente indicaban el 03/03/1922 04:00, justo cuando vimos el rayo de luz. Ya sabiendo para que servían y prestando más atención, pudo averiguar la marca en la que estaba puesto antes, el 23/04/1922 04:00, el día que tenía que pasar algo gordo en Sinkiang.

Entonces ¿lo de la noche fue una prueba o habían adelantado el día?, de haberlo adelantado ¿qué han hecho con toda la energía transmitida?

La curiosidad de Tyler superó su prudencia (algo que empezaba a ser recurrente y que aún no lo sabían, pero iba a ir a peor), rompió una de las tuberías de la máquina, quería saber que es lo que por ellas circulaba, no encontró ningún líquido o cable, solo una material transparente parecido al cristal que ocupaba todo el interior del tubo.

Poco más podíamos hacer en esa sala, así que seguimos nuestra inspección, encontrando en la sala de al lado un dormitorio en el que tras un registro, dimos con un pasaporte que tenía la foto actual de Charlie, era el de la persona que había ocupado su cuerpo, se llamaba Zheng Xhui (¿sería familiar del general Yang Zengxui?), 28 años, de nacionalidad china. Junto al pasaporte había una cajita del tamaño de una caja de cerillas con un pequeño botón en el centro, otra vez Tyler se vio superado por su curiosidad y no pudo evitar apretar el botón. De repente una luz azulada similar a la de los cristales envolvió la caja, y Tyler conectó mentalmente con un ser de la raza de Yith, inmediatamente los dos supieron sus localizaciones exactas, el ser estaba a unas habitaciones de distancia, además se encontraba mal, muy mal.

Los pasillos por los que pasamos al dirigirnos a la localización del yith eran diferentes, eran grutas naturales reutilizadas, adaptadas a las necesidades de la instalación. Al final de un corredor llegamos a una zona en la que toda la superficie tenía un palmo de agua, lo que no era nada bueno para una de las muchas fobias de Tyler. Una de las puertas daba paso a una sala llena de cajas con cristales cargados y otra máquina, en esta la fecha seleccionada era 23/04/1922 04:00.

Los cristales eran un claro ejemplo de cómo habían ido depurando el proceso, en lugar de los primeros que vimos de tamaño de pelotas de fútbol y forma irregular, estos eran del tamaño de una taza de café, perfectamente simétricos y por si no fuera suficiente, el 95% de ellos eran supercargados.

Antes de salir de la sala cogimos cuatro de cada tipo por cabeza (esto es como los cartuchos de dinamita, nunca se tienen los suficientes) luego avanzamos por pasillos con el palmo de agua correspondiente hasta llegar a una gran sala con un abismo en el medio, por nuestro lado el agua caía al abismo, por el otro el agua subía del abismo hasta la sala, era raro raro raro. Un puente de cuerda a lo Indiana Jones cruzaba el abismo, así que allí fuimos. Charlie fue el primero en cruzar, al mirar hacia abajo pudo ver que las paredes no eran lisas, de algunas sobresalían algunas rocas, en una de ellas había un soldado con uniforme de la sección del General, debía haber caído, parecía tener rota una de las piernas y no paraba de gemir del dolor. Bastante teníamos con lo nuestro, así que no le prestamos demasiada atención y seguimos nuestro camino.

Ascendiendo unas escaleras llegamos a una sala con un altar igual que el que habíamos visto antes, tras él un miembro de la Gran raza Yith moribundo en medio de un charco de líquido negruzco, al que le faltaba la pinza y tenía heridas por todas partes, los causantes debían ser todos los cadáveres de humanos que llenaban la sala, aquello parecía un sacrificio masivo azteca, la única manera de saber cuántos cuerpos había era contar las cabezas, por cuerpos era imposible, todo eran trozos. Los uniformes nos decían que estos también eran de la sección del General.

Al acercarse Tyler al altar (maldita curiosidad), algo entró en su mente, dejó de controlar su cuerpo pero éste se giró y tuvo una conversación con sus compañeros.

  • Tyler – Tenéis que detener a Fernando Díaz y tenéis que hacerlo ya
  • Mathew – ¿Cómo podemos pararlo?
  • Tyler – Tenéis que matar a todos sus presentes
  • Charlie – ¿Hay más de un Fernando Díaz?
  • Tyler – Esperaba más de vosotros, no entendéis nada, solo hay un Fernando Díaz, pero es capaz de viajar en el tiempo y puede estar varias veces en el mismo presente (mientras comenzaba a alejarse).

Tyler se encontró descendiendo las escaleras que llevaban al abismo, había recuperado el control de su cuerpo, así que en lugar de largarse que hubiera sido lo más inteligente, se volvió para hablar con el Yith.

  • Tyler – ¿Para qué sirve este sitio?

Y ahí acabó la conversación porque el yith volvió a controlar su cuerpo. El Tyler Yith reanudó su huida, por suerte Tyler Humano recuperó rápidamente el control de su cuerpo y cabezón como él solo reintentó la conversación.

  • Tyler – Podemos ayudarte.
  • Yith – [extraños ruidos que pudieran ser risas] ¿ayudarme, un humano?
  • Tyler – Soy el humano que tiene tu pistola. Dime ¿por qué queréis despertar a Azathoth?
  • Yith – Yo no lo intento.
  • Tyler – Creíamos que teníais bandos.
  • Yith – No hay bandos, soy el único que no quiere despertarlo, por eso soy un proscrito.
  • Mathew – ¿Si rompemos el faro detendremos el ritual?
  • Yith – Si destruís el faro dificultaréis mucho el ritual, pero hay cosas que escapan a nuestra comprensión.
  • Tyler – ¡Podríamos ayudarnos mutuamente!
  • Yith – [Mientras se incorpora dificultosamente] Puta vida, tener misericordia de un humano…

En ese momento Tyler por fin se dio cuenta del enorme riesgo que estaba asumiendo así que sacó su pistola de rayos y disparó a Q (tras la conversación estaba claro el nombre del Yith) destrozándolo completamente, aunque no fue lo bastante rápido, había vuelto a perder el control de su cuerpo.

Tyler Yith echó a correr, por suerte no vio la pierna que había puesto Mathew en su trayectoria, tropezó y cayó al suelo. En ese momento Tyler recuperó definitivamente su cuerpo, despertándose con un dolor de narices (las cuales no paraban de sangrar) y un temor visceral a toda la cultura china.

Mientras todo esto pasaba Ren notó una vibración en el cilindro porta cerebros, no era momento, ya habría tiempo de investigarlo.

No queríamos irnos sin encontrar a Muyaidin (era uno de los motivos principales por los que habíamos ido), así que seguimos explorando los subterráneos. Finalmente llegamos a una habitación en la que sólo había cadáveres apilados, desconocemos el número porque no tuvimos valor de contarlos, los cadáveres más recientes eran los de Muyaidin y el de un soldado Hui.

No debía quedar mucho por ver, por lo que seguimos hasta llegar a una especie de hangar en el que habían muchísimas máquinas como las que habíamos visto con los diales para la fecha y hora, oculta en una de sus paredes una puerta daba paso a una pequeña armería, había unos 5-6 rifles, varias cajas de pólvora y una mesa con una máquina para rellenar cartuchos.

Por fin, pólvora, ahora teníamos la manera de parar aquello. Mathew nos dijo que si poníamos la pólvora en la caja negra que habíamos visto en el almacén podíamos provocar una explosión descomunal, así que nos pusimos a ello. Mientras unos iban rellenando la caja otros iban lanzando las máquinas al abismo de agua que habíamos atravesado (no nos gusta dejar cabos sueltos). Cuando estuvo rellena Charlie y Ren la subieron al faro, prendieron la mecha y echaron a correr.

La explosión no alcanzó el nivel del rayo de la noche, pero estuvo próxima y fue más que suficiente para destruir el faro. Curiosamente nadie fue a ver qué había sucedido.

De todos modos ya eran las nueve, habría que esperar al segundo domingo del mes siguiente para saber como acababa esto.


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