Pathfinder: Sins of the Saviors (X)


27/09/2020. Pathfinder. Juan (DJ), Germán (Debra), JC (Karil), Sento (Englier)


Ya descansados y con la escama de Kasen recuperada, abandonamos la zona de la codicia de Karzoug y fuimos a explorar la zona de la pereza de Krune

Krune

La entrada era por un pasillo muy bien construido, las imágenes de paisajes bucólicos y placenteros producían una agradable sensación de bienestar. Fue una lástima que según fuéramos avanzando todo fuera cambiando progresivamente, encontrándonos al final en una especie de alcantarillas acompañadas de un olor insoportable.

La zona de la pereza era una cloaca, una magia corrupta nos envolvía, caminábamos por pasillos paralelos a acequias de extraños líquidos con a saber qué cosas nadando en su interior. El paso de un pasillo a otro se realizaba por puentes de piedra, algunos estaban derruidos por el paso del tiempo, otros difícilmente aguantarían el peso de una ardilla, menos el de un paladín por delgado que fuera.

Debra fue la primera en caer al líquido, uno de sus saltos se quedó corto y acabó nadando. Cosas alargadas se acercaron rápidamente a ella, aunque no llegamos a saber que eran porque Karil rápidamente la ayudó a salir del agua. Le llamábamos agua por decir algo, era tal su estado de corrupción y contaminación, que el baño en ellas podía desencadenar en enfermedad sin demasiado esfuerzo.

Algunos pasillos tenían tantas partes derrumbadas que era imposible avanzar por ellas sin entrar en el agua, además no sabíamos lo que el agua ocultaba, Karil llegó a ver un par de ojos asomando del agua que se retiraron rápidamente al verse descubiertos. Eso nos animó a explorar primero todas las zonas secas, y fue así como llegamos a una sala con tres plataformas y cuatro agujeros en la pared a unos doce metros por encima, de ellos caía agua ponzoñosa, al fondo de la sala otra plataforma con tres palancas en la pared.

Omox

Bajo de las palancas parecía haber algún cartel así que Debra (cuyo peso si aguantaban los puentes) se acercó a leerlos, no pasó de la segunda plataforma, súbitamente dos seres de agua sucia con cara de calavera se abalanzaron sobre nosotros.

Los golpes de los monstruos no parecían muy dolorosos, pero era un engaño, cada vez que te golpeaban dejaban una mancha de ácido en tu cuerpo que según se iba acumulando hacía un daño considerable. Fue una suerte que fueran malvados, Englier pudo utilizar su smite evil en uno de ellos y acabar con él en un par de asaltos, el otro ya debilitado por los golpes de Debra y Karil salió huyendo.

Englier esperó pacientemente mientras Debra y Karil se acercaban a las palancas (no pensaba volver a intentar saltar otra acequia si lo podía evitar). Gracias a un hechizo de comprender idiomas Debra descifró las inscripciones de las palancas:

  • Control acceso (apagado)
  • Control portal (conectado)
  • ¡Peligro! Ciclo limpieza (apagado)

Ningún letrero animaba al uso, pero no podíamos retirarnos sin experimentar, así que la primera palanca en deslizarse fue la que en principio parecía más inofensiva, la de Control de Acceso. Un fuerte ruido de engranajes resonó en toda la sala, años de falta de engrase no ayudaban a silenciar su rotación. Nada parecía haber cambiado en la sala, hubo que buscar bastante hasta que nos dimos cuenta de que el efecto había sido bloquear el pasillo de acceso a la sala desde el centro de la forja, ya no había pasillo, solo un sólido muro.

La siguiente fue “Control portal”, al desconectarlo el agua ponzoñosa que descendía por las cuatro cañerías del techo dejó de caer. Una buena inspección y algo de paciencia nos permitieron observar como poco a poco el agua de la zona estaba descendiendo.

Solo quedaba una palanca por probar, para no correr riesgos Debra nos lanzó un hechizo de respirar bajo del agua, bajamos la palanca y, desde un portal que se abrió sobre la plataforma central, empezó a caer abundante agua limpia y algo muy grande con ella. Pasados unos diez minutos se cerró el portal y dejó de caer agua, el líquido de las acequias estaba más limpio que sucio, algo era algo. La sorpresa fue cuando apareció un elemental del agua y se puso a limpiar las paredes de la zona. Pese a ser un elemental, algo en sus gesticulaciones y movimientos indicaba que no estaba muy satisfecho con su tarea.

Esperamos unas tres horas a que el nivel del agua descendiera, gracias a ello encontramos un paso que antes estaba oculto que nos llevó a unas puertas metálicas con escenas bucólicas grabadas, no tenía cerradura y desprendía electricidad estática.

The festering maze of sloth

Un empujón a la puerta de Karil con su moto moto nos permitió el acceso a la terraza de una enorme sala, en la parte central, bajo de la terraza,  había un pozo con líquido, en las esquinas enormes cilindros de unos nueve metros con líquidos de colores de los que brotaban hilillos de líquido hasta un gran tubo tras el pozo en el que se mezclaban en su parte superior, cayendo dentro con un color verdusco. 

Lo que más llamaba la atención era un hombre muy grueso flotando en un trono sobre el pozo de líquido en medio de la sala, Jordimandus decía llamarse. Se trataba del guardián de la pereza, el elegido de Krune y hacía tiempo que no recibía visitas, por lo que tenía ganas de hablar. Según nos contó, esa sala es uno de los objetos creados, la ingestión del líquido facilita la meditación, y cada uno de los líquidos de los cuatro cilindros producía diferentes efectos.

Los cilindros contenían líquidos de cuatro colores:

  • Rojo – Te dejaría contentillo
  • Marrón – Verías cosas raras de forma amable 
  • Amarillo – Pare ese hacía falta un estómago fuerte 
  • Negro – Tenías que ser una persona fuerte de mente. 
  • Verde – Mezcla potenciada de todos. Te da la inmortalidad mientras lo bebas regularmente.

Los únicos que se animaron a probarlos fueron Debra y Englier. La primera probó el licor marrón, lo que hizo que la habitación le diera vueltas y que se le confundieran los sentidos durante 30 segundos (Jordimandus dijo que había sido un caso leve). Englier probó el amarillo dejando que le afectara, sin resistirse a los efectos como había hecho Debra, al principio todo bien, parecía un buen whisky, pero cuando llegó al estómago fue como ingerir lejía, un fuerte dolor hizo que se arrepintiera de sus experimentaciones.

Jordimandus

Viendo los resultados nadie se animaba a probar el verde, pero si que pedimos una muestra por si nos sirviera de algo más adelante, ahí fue cuando Jordimandus dejó ver sus intenciones, nos daría líquido verde y abundante información de la forja a cambio de cosas preciadas por nosotros. El trato no parecía malo, así que Debra le dio una varita de vida falsa, Englier un anillo de protección +1 y Karil consiguió engañarlo y le dio una daga que al lanzarla regresa (que había encontrado dos días antes) como si se tratara de una de sus más preciosas posesiones.

Lo cierto es que valió la pena, Jordimandus nos contó que cada zona de la forja fabrica un elemento, el de esta zona es el licor verde, esos elementos hay que usarlos de forma correcta en la fuente que hay en la zona central para reforzar los poderes del señor de la runa que favorece (en este caso sería conjuración). 

Nos recordó que cada Runelord pertenecía a una escuela y que cada mago elige dos escuelas adversas, por lo que si juntas dos objetos de escuelas contrarias al Runelord fabricarías un objeto que podría dañarlo ¿Pero que necesidad había fabricar de objetos que pudieran dañar a los Runelords? ¡Si llevaban siglos muertos! pues según Jordimandus, y parecía muy convencido de ello, faltaba muy poco para que volvieramos a verlos.

Los objetos de cada una de las zonas que sirven para hacer esas posibles combinaciones eran:

  • Pereza- Líquido verde. 
  • Avaricia – Agua de un estanque elemental 
  • Envidia – Un líquido, etilion.
  • Lujuria – Un juguete personal de la guardiana.
  • Soberbia – El guardián tiene muchos espejos. Un trozo de espejo donde se haya mirado.
  • Ira – Están acostumbrados a quemar a sus víctimas. Esas cenizas. 
  • Gula – Botellas de vino. 

Eso sí, el objeto que se fabrique afectará al portador, una de las dos escuelas será la prevalente y enfatizará una personalidad del personaje o la atenuará.

Y hasta aquí llegó el interrogatorio, Jordimandus nos dio un par de frascos de licor verde y nosotros nos retiramos, que ya eran las nueve de la noche y el domingo finalizaba.

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