Pathfinder: Sins of the Saviors (VIII)


23/08/2020. Juan (DJ), Alan (Marvin), Scott (Kravin), JC (Karil), Sento (Englier)


Habíamos acabado con Xyoddin, pero Azaven seguía libre. Convencidos de que este era un litch, buscamos puertas y escondites secretos donde Azaven pudiera haber ocultado su filacteria.

No hubo suerte con la búsqueda así que volvimos a la sala en la que encontramos a Xyoddin y que no pudimos explorar, tenía pinta de tratarse de un laboratorio, algo orientado a la resurrección de cuerpos y que rebosaba magia necromántica por todas partes, era tal la cantidad de magia que al salir todos de la sala, el paladín echó dos bolas de fuego al interior, solo por si acaso.

Retrocedimos a la sala segura que había junto a la vara a fin de descansar (E4), los combates nos habían dejado agotados. El descanso transcurrió sin incidentes y, tras lanzar Englier los hechizos que hacían que Marvin y Kravin no se vieran afectados por la enfermedad que arrastraban, avanzamos por el pasillo orientado al norte (D1).

El pasillo era de piedra muy bien tallada, parecía trabajo de enanos. En el largo pasillo solo se oían los pasos de los aventureros y algún murmuro ininteligible que decía algo como “yo aquí curando y el clérigo en la piscina”.

Tras avanzar un rato las paredes empezaron a estar recubiertas con maderas lujosas, grabados en oro y plata (realmente era platino), gemas… evidentemente estábamos en el pasillo que nos llevaba a la zona de Karzoug, Runelord de la codicia. En los últimos metros de este tramo las lámparas que se encontraban en las paredes comenzaron a encenderse al paso de los aventureros. 

El pasillo finalizaba en una pared con un dibujo muy detallado de Karzoug, la pared de la derecha tenía una puerta ornamentada de tal modo que, si Kank no hubiera estado durmiendo, la habría arrancado y se la habría llevado a casa.

Un hechizo de Kravin abrió la puerta, aunque no como esperaba, ya que al abrir la cerradura salió disparada hacia él y Marvin, lanzándolos por los aires. Era una trampa, tras la puerta sólo había un mecanismo que hacía que golpeara al que tratara de abrirla, la verdadera puerta estaba oculta en el dibujo del Runelord.

Avanzamos por el pasillo, al fondo se veían brillo de explosiones, pero según nos acercábamos ellas también se nos acercaban. Kravin le lanzó una bola de fuego que pareció avivarlo momentáneamente, pero no lo disipó. Sin saber que más hacer, Englier cruzó el extraño espacio, algo pareció afectar a sus pulmones, sin efecto, pero avisó a los demás para que no respiraran por si no tenían tanta suerte. Marvin y Kravin pasaron sin problemas, pero Karil desapareció a mitad de trayecto.

No sabíamos dónde había ido Karil, pero las posibilidades de que estuviera más adelante eran mayores de que estuviera detrás (si es que aún estaba en este plano), así que seguimos avanzando. 

Llegamos a una sala con una gran garra en el suelo sujetando una gema de la que salía agua que desbordaba por los lados. Sobre ella se encontraban jugando cuatro mephits de agua. Uno de ellos se nos quedó mirando, y avisó a sus compañeros iniciando una conversación:

  • Mira mira, sólidos ¿Qué querrán?
  • No son los de siempre, visten distinto. 

El paladín, tratando de no molestar los sacrosantos baños de los seres, porque todo el mundo sabe que un baño es muy importante, así que les consultó respecto a los seres de los que estaban hablando. Según ellos podremos volver a salir dependiendo de Ordikon, quien va de vez en cuando y mata algún compañero. 

Al comentarles que nuestro compañero había desaparecido en la nube, que por suerte no era capaz de entrar en esa sala, uno de ellos parte en su búsqueda. Mientras esperaban, el paladín les ofreció algo de comer a lo que ellos le ofrecieron beber de la fuente. Englier no quiso rechazar tan amable ofrecimiento, así que pegó un trago. El agua era tan buena que casi parecía que sanara.

Tras una breve espera, regresó el mephit que había partido en busca de Karil, venía con un pececillo dorado. Por lo visto eso era Karil, así que lo metimos en una jarra de agua, nos despedimos de los mephits y nos fuimos hacia el oeste en busca de los guardianes, aquellos que los mephits nos habían dicho que podrían devolver a Karil a su forma original.

Llegamos a una sala con otra fuente, en esta había una estatua de un mago con un báculo del que brotaba el agua. La fuente estaba llena de pececillos muy parecidos al actual Karil. Llamamos al guardián y la estatua de la fuente se movió.

Solicitamos al guardián que devolviera a Karil a su forma original y por respuesta pisó con su báculo a uno de los peces de la fuente, que desapareció en el acto. No daba la impresión de pretender negociar, pero por si no nos quedaba claro, notamos una fuerte vibración y al momento otra estatua igual apareció por otra puerta, estaba claro cómo iba a acabar aquello.

Empezaron las tortas, las estatuas eran muy duras, pero que muy duras. Solo participaban Marvin y Englier en el combate, Karil bastante tenía con lo suyo y Kravin decía que él no podía hacer nada, aunque tras recibir varias críticas respecto a su actuación, se animó y lanzó un hechizo sónico que acabó con una de las estatuas, y justo a tiempo, porque en ese momento entraba una tercera estatua a la sala.

Englier estaba tan enfrascado en la lucha que no se percató de como empezaba a pesar su mochila, Karil estaba recuperando su forma, por lo visto al destruir a su guardián el hechizo se había disipado. Ahora que ya estaban todos poco duraron los otros dos golems.

Seguimos explorando la zona avanzando por un pasillo espectacularmente decorado, tenía varias puertas. La primera era un almacén de productos para hacer magia, en cuyo interior el mago se nota muy relajado y no sabía por qué. Las siguientes salas del pasillo eran parecidas, llegando al final donde había otra fuente con pececillos, esta no tenía Guardián, sería uno de los que nos habíamos encontrado.

De la sala de la fuente pasamos a una gran sala con varias mesas de madera de gran calidad, parecía algún tipo de taller en el que había gatos, perros, serpientes, gallinas, un mono de cara blanca… ¡y todos ellos vivos!

Pensando que para nada bueno tendrían allí atrapados a los animales, Englier los soltó, siendo el mono el último en ser liberado, y cuando lo fue, salió andando de la sala y cerró la puerta tras él mientras miraba al paladín (nadie tuvo claro si para bien o para mal).

Además de los animales habían algunos libros sobre alquimia de los que Kravin se hizo caso antes de que pasáramos a la siguiente sala.

La puerta de la derecha nos llevaba a una sala oscura que no había manera de iluminar, estaba ocupada por una oscuridad mágica. No sabíamos lo que nos podíamos encontrar así que Englier asumió el riesgo, entró en la sala y avanzó. Cuando estaba a punto de llegar al otro lado una voz se dirigió a él:

  • ¿Dónde vas? No eres un creyente. 
  • ¿Quién eres?
  • Soy Zuvuzeg. 

Y en ese momento se disipó la oscuridad y pudieron ver a un demonio, un Nalfeshnee que alguien había atado allí cual perro guardián. Nos propuso dejarnos pasar a la sala del tesoro si lo liberáramos, pero claro, era un demonio, y eso de dejar a un demonio suelto Englier lo llevaba mal, así que volvieron las tortas.

Al primer golpe Englier supo que iba a ser más difícil de lo que esperaban, y ya lo esperaban difícil, al golpearlo notaba como su fuerza era atraída y absorbida por el demonio, aunque consiguió resistirse.

Su siguiente hechizo fue un hechizo de luces que dejó paralizados a Marvin y Kravin, pero no lo suficiente, golpe a golpe, hechizo a hechizo, tras un buen rato, entre todos acabaron con el demonio.

Pasamos a la sala del tesoro que decía el demonio, la sala tenía un techo abovedado sustentado por vigas de plata, la mayor parte de la sala estaba ocupada por una piscina con un líquido azul bastante oscuro con arcos eléctricos que recorren la superficie del agua y, en su interior, formas de seres parecidos a anguilas eléctricas.

Una extraña sensación de confusión y desorientación nos embargaba al acercarnos a la piscina, la magia que emitía era descomunal, pero ya eran las nueve y, mascarilla e hidroalcohólico mediante, había que iniciar el regreso a nuestras moradas.

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