Pathfinder: Sins of the Saviors (VI)


19/07/2020. Juan (DJ), Alan (Marvin), Scott (Kravin), JC (Karil), Sento (Englier) 


Bueno, pues la mitad de nuestro equipamiento mágico había dejado de funcionar, lo que complicaba la misión pero no tanto como para justificar un regreso a casa, así que decidimos continuar, esta vez exploraríamos el pasillo que llevaba a la zona de Zutha.

El pasillo era muy largo, ensanchándose en su parte final y terminando en unas enormes puertas barrocas trabajadísimas de casi 9 metros de alto, eran tan grandes que lo nuestro nos costó moverlas lo justo para poder pasar de uno en uno.

Las puertas daban a una bóveda pintada con escenas sangrientas de 10 calaveras devorando diferentes cosas, sangre fluía por las paredes pero un efecto mágico hacía que no se acumulara en el suelo y desapareciera. Este efecto del fluir de la sangre solo era perceptible por Englier, el resto solo era capaz de ver una pintura con motivos sangrientos y macabros. Tras la insistencia de Englier, Karil presta más atención a la supuesta pared por la que fluía la sangre, continuó sin verla, pero pudo apreciar unas extrañas marcas muy finas con forma rectangular en varios lugares de las paredes, parecían la marca de puertas secretas, habría venido bien que Hank no se hubiera quedado dormido en casa.

No quedaba más que avanzar por las puertas que había al otro lado de la sala, así que las abrimos, lo que activó un mecanismo que liberó una gran roca que vino a saludarnos.

Uno a uno saltamos a un lado para esquivar la roca, y todos excepto Marvin la esquivamos, por suerte el daño no fue muy grande, la roca no estaba para hacer daño, la roca estaba para ir pisando trampillas en el suelo de la sala que hicieron abrirse las puertas ocultas que había visto Karil.

Antes de darnos cuenta estábamos rodeados por 12 momias. Rápidamente Kravin lanzó un chain lightning que las dejó a todas tocadas, el fuego les hacía daño, así que a por ellas que fuimos, y no fue fácil para nada, las malditas eran muy peligrosas por las enfermedades que transmitían, Englier y Karil eran inmunes, pero Marvin y Kravin no tenían tanta suerte, así que, pese a acabar con todas las momias, Kravin enfermó y quedó muy debilitado.

No notábamos hambre ni cansancio, pero sabíamos que necesitábamos descansar, pero ¿dónde? El sitio más adecuado era la habitación junto a la sala de la vara, no habíamos visto huellas en un mes y ya habíamos revisado todas las salas, así que allá que fuimos. Antes de dormir Englier hizo lo que pudo con Kravin, le quitó las maldiciones y le ayudó a recuperar su perdida de carisma y constitución, aunque nada pudo hacer por la enfermedad.

Pasamos la noche sin sobresaltos aunque soportando el zumbido de la vara, tuvimos tiempo de sobra para percatarnos de que la vara se activaba a periodos más o menos regulares.

Tras el descanso volvimos a la zona de Zutha, en la sala seguían las momias y la roca. Pasamos la puerta y entramos en una sala con una cúpula de estrellas, el suelo era una especie de puente con forma de cruz que cruzaba un foso.  A la altura del puente había unas representaciones de cuatro personas:

  1. Señor con un racimo de uvas en una mano un pan en la otra.
  2. Señor con un trozo de queso en una mano y un filete jugoso de carne en la otra. 
  3. Señor que sujeta con las dos manos una bandeja de caramelos o dulces de algún tipo. 
  4. Una especie de señor calavérico sonriendo con los dientes afilados en punta. 

Del puente hacia el fondo del foso, el cual por mucho que nos esforzáramos no había manera de vislumbrar, el panorama era muy diferente, todo eran agujeros en la pared y en cada uno un ataúd.

Nos fijamos mejor en las representaciones, bajo de cada una de ellas había un texto, no podíamos entenderlos pero teníamos experiencia suficiente como para saber que se trataba del lenguaje de los runelords. Karil lo estudió y le pareció que había algo común en cada uno de los textos, por la posición en la frase podría tratarse de algún tipo de apellido familiar.

Como no podíamos entender ni descifrar nada de lo que nos encontrábamos, decidimos seguir avanzando, gilipollas pero con dos cojones, así que tomamos la rama derecha del puente que nos llevó a una sala bellamente decorada, antorchas en las paredes iluminaban el lugar, las paredes estaban decoradas con ilustraciones del valle de los reyes,… Al fondo de la sala había un sarcófago de tamaño para humano bellamente decorado, estaba completamente hecho en oro. En su parte superior había una pequeña estatua de un hombre con un racimo de uvas en una mano y una hogaza de pan en la otra. 

A cada lado del ataúd se encontraba una estatua humanoide muy grande, tenían cabeza de serpiente y miraban el ataúd, alguien mencionó la palabra Jaffas, pero no quedó muy claro a que se referían. Las paredes camino al sarcófago estaban llenas de botellas, había centenares de ellas y algo nos decía que no debían de ser baratas. Kravin entró a inspeccionar la sala, nada más entrar activó algo que hizo que los corchos de las botellas salieran disparados y lo dejaran empapado en algún tipo de vino gaseoso.

Tras limpiarse lo mejor que pudo, estudió el sarcófago, por la forma, clase y calidad, debía de tratarse del ataúd de algún sirviente de alto nivel. Englier pensaba que debía pertenecer a alguien de las familias que apoyaban a los runelords y que estaban justo un paso por debajo de ellos en el poder. 

Poco más podíamos hacer en esa sala que no se tratara de un saqueo de una tumba, vale, anteriormente lo habíamos hecho en varias ocasiones, pero en este caso el muerto no parecía nadie malvado, así que retrocedimos a la sala del puente de cruz y tomamos el camino del hombre con la bandeja de dulces.

Un pasillo nos llevó a una sala con extraña forma de hueso, las paredes estaban hechas con losetas metálicas, el aire era extremadamente frío, en el medio de la sala había dos pilares de cristal de unos tres metros de altura con una especie de tormenta eléctrica que formaba un portal perfectamente negro en el centro. El portal era plano, con alguna pequeña ondulación que daba la impresión de estar ante algún tipo de líquido. Del portal salían unos rayos completamente negros que saltaban por todas partes pero que parecían ser conducidos a las salas laterales, donde se encontraban dos bolas que daban la impresión de almacenarlos.

Para variar no teníamos muy claro que es lo que pasaba en la sala, así que Karil metió una moneda de cobre en la sala, los rayos parecían esquivarla, al igual que a las paredes metálicas. Decidimos que la construcción de la sala era para mantener encerrados los rayos que salían del portal, una especie de antienergía. La corriente salía del portal, se almacenaba en las columnas de cristal y éstas la lanzaban contra las rocas de las salas aledañas.

Solo nos quedaba investigar la sala del hombre de huesos. Era una sala octogonal con el suelo lleno de partes de cuerpos despedazados (brazos, torsos, piernas, cabezas,…) Parecían frescos, recientes, de menos de un día, pero no era así, el polvo de los pasillos nos decía que nadie había pasado por allí en un mes, debía tratarse de los cuerpos de los que las huellas decían haber traído a rastras algo desde la zona de Belimarius. Una magia muy potente de transmutación impedía que se deterioraran, la misma magia que nos estaba afectando a nosotros haciendo que no necesitáramos comer, beber,…

Al inspeccionar con más detalle los cuerpos pudimos descubrir que el ropaje de los muertos era de magos muertos hace eones, y que la mayoría de las heridas estaban producidas por armas durante una batalla, otras estaban hechas por conjuros, pero habían otras que eran sospechosamente quirúrgicas, parecían heridas realizadas con fines necrománticos. 

Fue oír la palabra necromante y Englier se lanzó de cabeza a la sala, dos paredes parecían hechas de un extraño material muy fino que ocultaba algo que había detrás. Englier, que tras oír la palabra necromante había abandonado cualquier tipo de prudencia, no lo pensó, utilizó su anillo de aire de carnero contra una de las paredes destruyéndola completamente.

Las paredes eran cristales de visión en un solo sentido, los que estaban en la siguiente sala podían ver lo que pasaba en la que nos encontrábamos pero viceversa. La sala de observación estaba compuesta de mesas largas, cachivaches alquímicos y estanterías llenas de libros. Los libros eran sobre religión y magia, algunos mezclaban los dos campos, hablaban de resucitar muertos, atrapar almas,… poco faltó para que Englier lanzara una bola de fuego sobre ellos, menos mal que Karil estuvo al quite y le recordó que de no haber sido por un hechizo de resurrección él estaría muerto.

Nos llevamos los que parecían más interesantes (hubo que sacar algunas monedas de oro de los sacos para hacer sitio), al recogerlos algo en nuestras mentes nos dijo que cuando tuviéramos tiempo de leerlos en casa con calma, nuestra capacidad para resucitar, conocimiento sobre muertos,… mejoraría considerablemente (+2).

Seguimos por la puerta de la derecha, llevaba a una sala llena de ánforas de un metro y medio de altura sin demasiados ornamentos, había unas 8. Englier detectó picos de mal en cuatro de ellas, así que sin planteárselo demasiado destrozó una de ellas. En su interior había un cuerpo encogido, era una momia, momia que se estiró y se lanzó sobre él. Las otras tres no tardaron nada en salir de las ánforas y ayudarla, no se parecían en nada a las anteriores, eran tan terroríficas que Karil quedó paralizado.

No fue nada fácil acabar con ellas, pero entre los hechizos de Kravin y los golpes de Marvin al final lo consiguieron sin demasiados daños, solo hubo dos problemas, el escudo de Englier, al que él mismo le pegó un golpe que casi lo destroza, aunque por suerte Karil sabía cómo repararlo y con un cura sana culito de rana, y el escudo como nuevo. Y Marvin, que esta vez enfermó igual de Kravin.

Habría que encontrar la manera de curar a los dos enfermos, pero habría que esperar al otro domingo, porque ya eran las 21 horas y, mascarilla mediante, los aventureros tenían que regresar a sus hogares.

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