Comandos de Guerra: The Long Range Desert Group


12/07/2020. Comandos de Guerra. Juan Carlos (DJ), Scott (Cpt. Aiden Archer), Sirvent (Sgt. Cormac Chester), Lohen (Padraig Perry), Juan (Lowen Logan), Sento (Morris Myer), Leo (Tte. Blake Baker)


La partida de este domingo era especial, hacía ya tiempo uno de nuestros miembros había ofrecido su recién adquirido local para hacer allí las partidas de forma estable, eso nos evitaba tener el material del grupo repartido por diferentes casas e incluso nos plantea la adquisición de material que de otra forma no nos hubiéramos planteado. Cuando ya estaba casi todo listo un coronavirus se cruzó en nuestro camino y hubo que abortar todos los planes, por suerte llegó el domingo 12 de julio y allí que nos fuimos a jugar.

Siendo que el que nos ofrecía el local era Juan Carlos Herreros y el local era el de Sombra, la partida inaugural no podía ser con otro juego que no fuera “Comandos de Guerra”, así que allí nos presentamos para sabotear las incursiones alemanas en el norte de África.

Una de las ventajas de jugar en el local de la Distribuidora es que mientras esperamos que lleguen todos los jugadores podemos echar un vistazo a las novedades del mundo de rol antes de que lleguen a las tiendas, y hay que decir que algunos hicieron ojillos a dos de las novedades, al “Tenra Bansho Zero” y al “Amanecer Muerto” de ReaDuck.

En la incursión participaron los siguientes valientes: Scott era el Capitán Aiden Archer, Leo el Teniente Blake Baker, Sirvent el Sargento Cormac Chester, Lohen (que vino de Suiza para la partida) era el soldado Padraig Perry, Juan el soldado Lowen Logan y Sento el soldado Morris Myer.

Todos ellos formaban parte del “Long Range Desert Group”, una unidad especializada en internarse largas distancias en el desierto para golpear duramente al enemigo por dónde no se lo esperaba y regresar a la base.

Un mes atrás habíamos destruido una pista de aterrizaje alemana en el norte de Libia, pista que volvía a estar en funcionamiento y que teníamos que volver a destruir. La distancia a cubrir era grande, hablábamos de casi tres días de viaje, sin cobertura de radio, por lo que a saber que podíamos encontrar al llegar, eso hacía que siempre tuviéramos una misión secundaria, había que aprovechar el viaje.

Nos repartimos en los dos camiones, el Capitán Archer y el Sargento Archer con uno de los dos conductores (Perry) en uno y el Teniente Baker y el soldado Logan con el otro conductor, Myer. Cargamos todo el material necesario en los dos camiones (principalmente combustible y agua potable) y partimos hacia allí.

El problema fue el allí, que no quedó muy claro, aún no tenemos claro que mapa estaban mirando el Capitán, el Teniente y el Sargento, que tras una noche de viaje acabamos en la costa del mediterráneo contemplando el mar. La tropa no conocía la misión, por lo que pensaron que los enrojecimientos de cara de los mandos se debían a una sobreexposición al sol sin protección, total todos somos británicos, eso de ponernos cual gamba lo llevamos en los genes.

Fue una misión rápida, fue ver el mar y como se coloreaban tres caras y emprender el regreso a base, seguramente era ver si había barcos o submarinos en la costa, pero por lo visto supo a poco, porque fue volver a la base, cargar agua y gasolina y volver a partir, difícilmente tuvieron tiempo de informar de lo descubierto al alto mando, pero bueno, ellos sabrán.

Esta vez fuimos hacia el oeste, desierto y más desierto, como siempre. Al segundo día el camino se bifurcaba, podíamos seguir rectos o tomar un desvío a la izquierda. Parecía una dificultad nimia porque los dos caminos parecían unirse más adelante, solo que el de la izquierda subía por una montaña que luego bajaba, y el que seguía recto iba por bajo de la montaña. El Capitán dijo que había que tomar el de la montaña, que el que seguía recto era muy propicio para una trampa, el problema es que Myer decía que su vehículo no giraba a la izquierda, intentaron relevarlo pero nadie más sabía conducir, así que tuvieron que esperar a que hiciera unas cuantas maniobras para que el camino quedara a su derecha y poder tomarlo.

El camino subía la montaña dejando un acantilado en su arcén derecho, cuando ya estaban coronando la montaña gracias al efecto del aire racheado unos pequeños bultos se veían en el suelo, así que con comentarios tipo “si vuela no pasa nada, nos apretamos un poco que cinco en un solo camión cabemos” enviaron al conductor Myer a investigar que eran esos bultos, que eran lo que todos sospechaban, un montón de preciosas minas alemanas. Si no hubiera sido por el aire la misión hubiera acabado bastante pronto.

Con paciencia y tiempo, consiguieron pasar los camiones por la izquierda del camino, que estaba despejada, y seguir camino hasta que comenzó a amanecer, momento de acampar.

Las guardias del día pasaron sin incidentes a excepción de la última, la del Sargento Archer, en la que le pareció oír animales aproximándose, animales que nadie oyó ni vio.

Semanas más tarde nos enteramos de que el Capitán había decidido con el Teniente y el Sargento ignorar el objetivo primario e ir directamente al secundario, así que pasamos de largo la pista de aterrizaje alemana y seguimos internándonos hasta el objetivo secundario.

Tras otra noche de descanso, mientras recogíamos el material para continuar camino, volvimos a oír ruido de animales, aunque esta vez si que los vimos, eran nómadas del desierto, vestían de azul, eran Tuaregs. Vimos como montaban sus tiendas en las que pensaban pasar la noche, así que, sabiendo que en cuanto encendiéramos los motores nos oirían, decidimos ser nosotros los que nos presentáramos.

Al llegar al campamento el Capitán fue recibido por el anciano que parecía se el líder del grupo, le ofreció un regalo consistente en un queso de camello un poco pasado, que el Capitán Archer no pudo evitar degustar y se quedó esperando, por lo visto esperaba un intercambio de regalos, así que tras un breve debate, le regalaron una caja de cerillas, algo que supusieron le sería de mucha utilidad en las frías noches del desierto. Estos tuaregs eran comerciantes y se dirigían al igual que nosotros, hacia el oeste. Nos despedimos de ellos y continuamos nuestro camino.

Llegamos al objetivo (el secundario), unas instalaciones que habían localizado por fotografías aéreas pero que no tenían ni idea de que eran. La base estaba rodeada por una pequeña colina, la cual aprovechamos para ocultar los camiones mientras observábamos. Estaba compuesta de 6 grandes tiendas, con capacidad para unos 10 soldados cada una, dos antiaéreos de 20mm en montaje cuadruple Sd.kfz. 7/1 flak 38 (20 mm) que podrían darnos serios problemas, y en medio de la base un extraño artefacto, no era un avión, pero se le parecía, aunque tenía las dos hélices orientadas hacia el cielo. El cacharro era de seguro que interesaría al alto mando, por lo que a falta de cámara de fotos tendría que apañarse con un dibujo que hizo Myer.

Decidieron estar parte de la noche observando el campamento, así que pudieron averiguar que una de las tiendas era el despacho del Hauptman (el Capitán alemán), por lo visto era su despacho porque era el único que entraba y salía de la tienda.

Todo transcurría con la normalidad esperada de una base cuando el ruido de un transporte terrestre llegó a nosotros, se trataba de un semioruga, un Sonderkraftfahrzeug 7 (Sd.Kfz. 7), como en el que estaban montados los antiaéreos, que llegaba al campamento por la carretera del sur. Al llegar descendieron bastantes hombres, unos con el uniforme alemán y otros con ropas árabes, los primeros llevaban armas y los segundos se encargaban del trabajo pesado, descargar varias cajas del semioruga y una caja enorme, que parecía muy pesada. Todo lo metieron en la tienda del Hauptman, y se fueron a descansar, lo que sirvió para descubrir que la primera tienda junto a la carretera del sur es la que usaban los aliados árabes de los alemanes.

El Capitán Archer era el más hábil de todos nosotros en desplazarse sin ser detectado, así que aprovechando la oscuridad de la noche y el cansancio de los soldados alemanes, se introdujo en la tienda del Hauptman, éste estaba durmiendo, así que sin hacer demasiado ruido investigó la tienda. Más que el despacho esperado parecía el museo británico, estaba completamente lleno de estanterías repletas de piezas arqueológicas, podrían ser egipcias, pero con los conocimientos que él tenía podían ser hasta aztecas.

Regresó e informó a todos de lo encontrado, pese a ser Capitán y no necesitar dar explicaciones, estos capitanes de la nueva generación hacen cosas muy extrañas. Pese a la cadena de mando hubo un pequeño momento de discusión porque nadie tenía clara la línea de actuación, unos decían que ya estaba claro lo que allí pasaba, así que para casa y a informar, que total es lo que habían pedido (opinión defendida principalmente por la tropa), otro sector defendía la opinión de que si dejaban todo eso ahí y volvían solo a informar, el alto mando se los iba a pasar por la piedra, por lo que había que destruir todo lo que se pudiera (opinión defendida por los oficiales, que eran los que iban a ser pasados por la piedra).

Finalmente se impuso la cadena de mando (menos mal), y se determinó que había que finalizar con las operaciones alemanas en ese lugar. Para planear el ataque había que tener claro si esos eran todos los alemanes o podían recibir apoyo rápidamente (podía haber otro campamento en la excavación), así que seguimos la carretera hasta la excavación, allí solo había dos soldados custodiando un agujero en el suelo en el que parecía haber unas escaleras de piedra.

Poco apoyo podían recibir de la excavación, así que destruiríamos todo lo que pudiéramos y si la cosa se ponía complicada nos daríamos a la fuga. Primero había que recopilar más información importante como qué demonios había en la caja enorme tan pesada, así que allá fueron el Capitán Archer y el Teniente Baker. Entraron sin ser detectados en la tienda, el Hauptman seguía dormido, y tras cortarle el cuello seguramente ya nunca despertaría. Baker usó sus conocimientos de alemán (ningunos) para elegir que documentos podrían ser importantes, así que cogió la mitad de los que había sin tener ni idea de que se estaba llevando. Tras la requisa, Archer y Baker abrieron la enorme caja, dentro había un sarcófago de un extraño material, parecía platino, aunque algo en su interior les decía que era el legendario oricalco, estaba claro que eso nunca podía llegar a manos de los nazis.

Regresaron y establecimos un plan de ataque.

  • Archer y Perry usarían el mortero para acabar con uno de los antiaéreos. Archer dispararía y Perry daría protección.
  • Baker y Logan usarían el PIAT para acabar con el otro antiaéreo. Barker lo dispararía y Logan le daría cobertura.
  • Chester y Myer se acercarían con el camión que tenía ametralladora por la carretera del sur, desde allí Chester dispararía a todo lo que pudiera mientras Myer lo protegía.

Extrañamente el plan funcionó, poco a poco los enemigos fueron cayendo, el camión oruga fue destruido para evitar que pudieran perseguirnos, el PIAT y el mortero funcionaron y destruyeron los antiaéreos, el helicóptero voló por los aires (sin necesidad de hélices), los apoyos de la excavación llegaron y murieron. Todo fue extrañamente rodado, el único pero fue un tiro que se llevó en un brazo el soldado Myer.

Finalizado el combate investigamos la base, los aliados árabes de los nazis habían aprovechado la confusión para hacer un agujero en la parte trasera de la tienda y desaparecer en el desierto. Algunas reliquias de la tienda del Hauptman podríamos cargarlas en los camiones pero el sarcófago era imposible, pesaba más de una tonelada, así que habría que buscar algún lugar donde esconderlo y que los alemanes no se lo llevaran antes de que pudiéramos volver.

Nos faltaba ver si quedaba alguien o algo en la excavación, así que allí fuimos. No hubo tiros cuando llegamos, lo que era muy buena señal. Descendimos unas escaleras y llegamos a una gran sala con lo que debía haber sido un muro/puerta en la parte derecha, ahora estaba a nivel de suelo, algún sistema lo había abierto. Esta entrada daba paso a dos salas, de ahí habían sacado el sarcófago.

Myer se quedó mirando los laterales de la pared que se había deslizado, en su lado derecho había una cabeza de algún tipo de ave en el suelo, encima de ella una oquedad en la pared (donde debía haber estado antes) e introducida en ella una especie de rueda de madera. En el otro lado de la pared había una estatua parecida, pero esta vez se trataba de una cabeza de algún tipo de felino, así que ni corto ni perezoso la sacó de su lugar y la sustituyó por la rueda de madera que había visto en el otro lado, al girarlo un muro se deslizó dando paso a otras escaleras.

Siguieron las escaleras con Myer abriendo paso, si si, el soldado herido es el que pusieron delante para que buscara peligros en el interior, y cuando llegó el momento de ver los peligros no los vio, un peligro con forma de pala de arqueólogo acabó golpeando su pecho y haciéndole retroceder un par de metros.

Su insulto en inglés sirvió para que un hombre adulto que estaba junto a una joven armada con una pala dijera “¡Ingleses! Por fin gente civilizada”. Se trataba de Colbert y su sobrina Samantha, allí estaban, en medio de una enorme sala con unas gigantescas columnas de oricalco mirando con cara de sorpresa a todos los soldados que entrábamos en ese momento. Más tarde nos contaron que aprovecharon el avance de las tropas británicas para investigar la tumba, pero el avance alemán les atrapó explorando las ruinas, así que se encerraron en esa sala esperando encontrar alguna manera de escapar.

Y allí estábamos todos, cada uno a su historia, Colvert y su hija pensando como sacar todo lo que pudieran de allí para ponerlo a salvo en Londres (por lo visto la palabra expolio no estaba en su vocabulario), el capitán Archer, el Teniente Baker y el Sargento Chester pensando como demonios harían para esconder todo ese oricalco y que el alto mando no los degradara por dejarlo en manos de los alemanes, los soldados Perry y Logan pensando como evitarían ser ellos los que acabarían haciendo todo el trabajo pesado y el soldado Myer pensando como alguien tan pequeño como la hija de Colvert podía pegar esos golpes con una pala.

Y en ello estábamos cuando se hicieron las 9 de la noche, teníamos que abandonar las arenas de Libia y volver al asfalto de Manises.

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