Rise Of The Runelords: Seven Swords of Sin (II)

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Juego Pathfinder
Fecha 01/01/2014
Campaña Rise Of The Runelords: Seven Swords of Sin (II)
Lugar San Antonio de Benageber
Asistentes Juan (DJ), Victoria (Ruiseñor), JC (Karil), Sento (Englier), Adri (Oswyn), Alan (Marvin), Germán (Debra), Scott (Kravin)

La última vez que narré nuestras peripecias en la mazmorra recuerdo que terminé nuestra aventura en la lucha contra un calamar gigante, pues bien, lo vencimos y atravesamos la puerta que custodiaba el susodicho.

Como por arte de magia, esos hechizos de año nuevo, aparecieron el resto de nuestros compañeros al lado nuestro, lo que en un principio parecía un corredor de mazmorra empezó a parecer el metro de Valencia a las 14:00 horas, vamos, que entre roce y empujón, los lazos del grupo salieron mucho mas unidos.

A duras penas avanzamos por el corredor hasta llegar a una sala en la que había tres conjuntos de ventiladores que renovaban el aire de la caverna. Nos pareció curioso, pero no lo suficiente, así que seguimos por el pasillo que de allí salía hasta llegar a una gran sala con una parte central elevada a la que se subía por tres escalones.

La parte central estaba muy grasienta, algo que no observó la gran mayoría del grupo, que acabó deslizándose panza arriba por la sala, a excepción de Ruiseñor, Marvin y Englier, que mantuvieron la postura. Claro, que lo de estar en pié lo pagaron caro, ya que se convirtieron en los objetivos de dos goblin del abismo montados sobre dos raptor del abismo.

Lo que parecía una fácil batalla, se convirtió en una lucha muy complicada, los raptor eran muy ágiles y costaba mucho golpearlos, además, sus garras eran mortales. A duras penas acabamos con ellos, Marvin y Oswyn acabaron con uno y Englier y Karil (que hizo lo que se conoce como un ruiseñor), acabaron con el otro.

El avance por la mazmorra lo habíamos pagado caro, así que había que descansar y recuperarse, y esa sala parecía perfecta para ello.

Una vez recuperados, avanzamos por el pasillo que salía de la sala llegando a otra sala en la que había un caldero al fuego con líquido en su interior, además de tres pilastras hechas de huesos humanos y rematadas en calaveras de las que salía un líquido azul en una, amarillo en otra y rojo en otra. En una esquina de la sala, oculta por un hechizo de oscuridad, había una estantería llena de polvos de los mismos colores, además de 12 barras de plomo y una llave dorada envuelta en un ámbar indestructible.

Estaba claro que alguien había montado ese laboratorio para combinar los productos en el caldero, y viendo los cuadros que había tras las pilastras, en los que había calaveras, demonios e inundaciones, nada bueno podía salir de ahí, por lo que teníamos que comprobar para que servía.

Probamos diferentes combinaciones, una de ellas generó un gas tóxico que disparó una alarma y cerró el laboratorio hasta que se disipó el gas. No nos mató, pero dañó bastante a Karil. Al final dimos con las combinaciones correctas obteniendo:

  • Un  portal del que salió un demonio babau al que tuvimos que matar.
  • Un líquido que transformaba cualquier material en oro. Ruiseñor y Debra metieron las barras de plomo obteniendo 1.200 mo y acabando con los polvos amarillos.
  • 4 pociones de heridas moderadas
  • Un ácido muy potente que nos permitió liberar la llave del ámbar.

Una vez aclarado el misterio, y habiendo acabado con los materiales disponibles en el laboratorio, convirtiéndolo en inofensivo, continuamos nuestro avance por la mazmorra, llegando a una biblioteca en la que no había nada reseñable, a excepción claro del libro valorado en 1400 mo que cogió Ruiseñor mientras los demás estaban mirando hacia otro sitio.

Finalmente llegamos a una sala en la que al final se veían unas escaleras que descendían, el problema era que para llegar a ella todo el suelo estaba lleno de pinchos, es más, al acercarse Ruiseñor, se percató de que algunas tenían una pinta sospechosa, y así era, cuando colocabas algo sobre ellas, el objeto salía disparado hacia el techo.

Como habíamos dejado una sala por mirar, decidimos mirar que había en ella antes de bajar las escaleras. En el interior de esa sala había un gigantesco crisol, lleno de metal líquido, sobre un pozo al fondo del cual se veían armaduras, espadas, cascos,… medio derretidos o enteros. Por lo visto arrojaban todo ese material al crisol para derretirlo y reutilizar el acero. Viendo la temperatura que alcanzaría la sala cuando comenzara el proceso, era mucho más seguro salir corriendo de allí y bajar las escaleras que habíamos visto en la sala de pinchos.

Mapa primera planta

Y así lo hicimos, Ruiseñor encabezó la marcha sobre las baldosas de pinchos, indicando en cuales se podía pisar y en cuales no, consiguiendo que llegáramos todos a la escaleras y allí…

Bueno, eso será otra historia, que para ser Nochevieja va siendo hora de retirarse a los aposentos, quitarse la armadura y descansar un rato estos huesos viejos.

¡¡Feliz año Barrilungos!!

 

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