Exo – 2×03 Campaña 808 (El Planeta Hueco) – ¡Dentro!

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Juego Exo
Fecha En algún momento del 3471
Campaña Exo 808
Lugar Manises I
Asistentes Germán (Max), J.C. (DJ), Juan (Huk), Leo (Gustav), Sento (Reinhard), Chema (Liraraf). Artista invitado: Jango y Junior.
Datos por: JC

¿Qué ocurrió después del aviso de que una enorme máquina cosechadora viajaba en rumbo de colisión contra la nave en el espacio puerto de Urubar?

¿Que de qué máquina cosechadora hablo? Detalles aquí.

Ha pasado tanto tiempo que no sé si recordaré todos los detalles.

Urubar es una luna de un planeta gaseoso. Sus días son algo frescos y sus noches, frías. El cielo es abrumador porque el enorme gigante de gas ocupa parte del horizonte y amenaza con caer sobre las cabezas a cada momento, pero me estoy dejando llevar por la narrativa…

La nave despegó. No sabemos cómo, pero Liralaf y Jango consiguieron que la nave alzara el vuelo, el resto de la 808 estaba demasiado lejos para llegar a tiempo. La enorme cosechadora pasó de largo bajo sus pies, pero los problemas no habían terminado. Una cosa es hacer que una nave de la clase Victoria se levante del suelo y otra, muy distinta, es hacer que aterrice. No fue un buen aterrizaje y la nave recibió bastantes daños. Huk, tras examinarla, afirmó que hubiera sido mejor que la atropellara la cosechadora.

—Esto ha sido un ataque —afirmó convencido Gustav.

—¿Seguro? —le replicó Reinhard que había empezado a desarrollar cierta antipatía por su subordinado. Su exceso de iniciativa empezaba a preocuparle.

Las conversaciones indignadas con Norbé, la IA femenina del planeta Urubar, no son concluyentes. La susodicha (con perdón) dice que el ataque no se ha producido y que no le consta que ninguna cosechadora esté fuera de su ruta programada. Nunca ha tenido un error y no es esta la primera vez. Por su experiencia, dice, cualquier error es producto de una mala actuación de las unidades de carne.

Nada, salvo la confirmación de que era una mentirosa, iban a sacar de Norbé. La nave estaba en dificultades. Podía volar en la atmósfera de un planeta a baja altitud, pero las grietas y agujeros en el casco (¡Eh, por qué miráis todos a Jango!) no les permitirían abandonar el planeta. ¡Estaban atrapados!

Los hiogomoros se mantenían a una prudente distancia, pero no dejaban de tener cierta curiosidad y buscaban excusas para que sus obligaciones les hicieran pasar por al lado de los alienígenas. Si intentaban contactar, desaparecían. Una de las que no desapareció y, entre otras cosas, tampoco se interesó por ellos, fue la doctora Murdock. Regenta el hospital de la ciudad que es la construcción más alta de la misma. Dos grandes torres sustentan una pasarela elevada donde están las habitaciones del hospital. Curioso diseño que no llamó la atención de los investigadores exo.

[Nota: los hiogomoros se recuperan mejor de sus dolencias separados del suelo. Es una cuestión psicológica que no investigaron]

Murdock se mostró muy impresionada e interesada en las artes médicas del Liralaf. Sus comentarios sobre la unión entre la medicina tradicional y las corrientes de pensamiento solnudista (como el sol es la fuente de la recuperación) le llamaron mucho la atención y su relación les permitió saber que la persona que estaban buscando era Kassum, la persona encargada de llevar una especie de chatarrería en la ciudad.

Encontrar su casa no fue difícil y una vez que se pusieron al habla con él, comprobaron que podrían apañar algunos arreglos en la nave con el material que acumulaba en el patio trasero. No iba a ser fácil, aseguró Huk, un par de semanas de trabajo duro. Reinhard le dio una semana entre reniegos y rezongos del úkaro.

Sin embargo, lo más importante es que Kassum se les reveló como uno de los miembros de los iluminados. Intrigados y recordando para qué habían ido allí, la 808 aceptó acompañar a Kassum a conocer a otra gente de su organización. Huk protestó:

—Si nos dedicamos a pasear no me comprometo a tener las reparaciones a tiempo.

Kassum les prometió que les ayudarían en las reparaciones, pero que debían acompañarles.

[Nota del DJ: aquello olía a trampa… buff.]

Para sorpresa de la 808, la ciudad de Urubar no eran esas cuatro casas que habían visto. La ciudad de verdad era un conjunto de galerías subterráneas donde había miles, millones de hiogomoros dedicados a sus tareas. Era algo desconcertante porque los uribaritas no caminaban por la parte inferior de las galerías (como la gente amante de la gravedad) sino que se movían por todas las paredes. Avanzaron por los pasillos y descendieron bastante, pero la temperatura siguió siendo agradable. Su visita cultural se vio empañada cuando descubrieron que en cada pasillo, en cada galería había una representación holográfica de Norbé. Hablaba con los ciudadanos y les indicaba cosas. No pareció verles o atenderles, pero pudieron comprobar que el camino de algunos hiogomoros era paralelo al suyo, como si los vigilaran. Kassum les dijo que no se preocuparan, que estaba todo previsto y, en efecto, comprobaron como algunos ciudadanos iban interrumpiendo y deteniendo a sus perseguidores solicitándoles ayuda o información. Hubiera parecido algo casual si no conocieran el patrón.

En su viaje conocieron fábricas, dormitorio, comedores (arjj, no me hagáis describir como comen los hiogomoros) y tras varios encuentros que les hicieron volverse paranoicos, Kassum les anunció que ya casi había llegado. Estaban en una sala de ocio (¿habéis visto alguna vez a un montón de hormigas en una discoteca? ¡Espeluznante!). Esperaron hasta que estuvieron todos; todos los hiogomoros y a una señal empezaron todos a divertirse, a la vez, de la misma forma, haciendo las mismas cosas…

Kassum y otros iluminados les sacaron de allí discretamente y, aprovechando que todos estaban en el momento de ocio, les llevaron a una sala esférica. A ella llegaban varios pasillos por su parte superior. Estos, salvo por el que entraron, estaban ocupados por hiogomoros observándoles. Descender era fácil, pero salir de allí podía ser complicado sin las patas de sus anfitriones. En el centro de la sala estaba la IA femenina. No parecía una proyección, sino un avatar físico. Habían caído en una trampa. Kassum les apremió a bajar.

—No tengáis miedo, seguidme.

Le siguieron. No les quedaban muchas opciones porque salir de aquel laberinto hiogomoro podía ser una locura. Habían dado tantas vueltas sin una referencia que estaban perdidos. Seguir era la única opción. Eso sí, todos comprobaron que llevaban sus «herramientas» preparadas.

—Bienvenidos extranjeros —ella dijo «alienígenas»—. Soy Norcé. Encantada de conoceros al fin.

—¿Eres la IA de este planeta? —preguntó suspicaz Reinhard a quién, en estas situaciones, el grupo le respeta el rango más que nunca.

—Sí.

¡Vaya! Esa respuesta no se la esperaba.

—Entonces… —haciéndose el listo—, ya nos conocías.

—No… —y tras una convincente cara de incredulidad exo por parte del oficial, ella explicó:— soy parte de la IA de este planeta, pero ella no sabe que existo…

Cardumen no pudo aguantar más y superando su innato respeto a las hembras humanas, soltó:

—¡Nos han fastidiado! ¡Una IA esquizofrénica!

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