El Club de los Jueves, la desaparición de Alice Bridgewater (III)

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El rastro de Cthulhu

Juego El rastro de Cthulhu
Fecha 15/11/2009
Campaña El club de los jueves
Lugar Valencia, casa Lohen
Asistentes Scott (Simon Grant), Lohen (DJ), Micky (Michael Lovelace), Leo (Sir Norman Bates), Sento (Padre Thomas Karras)

Lunes 3 de noviembre de 1980

Decidimos salir de las alcantarillas en las que estábamos, aquello estaba lleno de policía y no era una buena idea que nos vieran allí, al día siguiente seguro que estaba más tranquilo.

Cuando volvía a mi iglesia en la puerta vi una silueta familiar, Michael, un miembro del club al que llevaba sin ver casi dos años, tuvo que irse a vivir a Alemania por motivos de trabajo, Michael era un erudito, era catedrático de Física y de Química y estos años había estado en la Universidad de Stuttgart.

Viendo como me encontraba, a Michael no le fue complicado adivinar que nos encontrábamos en otra investigación, y dado que llevaba dos años sin practicar nuestro hobby enseguida me pidió detalles y se ofreció para colaborar. Lo puse al día y quedamos junto a los demás al día siguiente a las 8’00 de la mañana en la capilla de Whitechapel.

Martes 4 de noviembre de 1980

A las 8’00 todo el mundo llegó puntual a la capilla de Whitechapel. Fuimos al Thamesis a buscar la barca que utilizamos el día anterior, encontramos al barquero en su interior, parecía dormido, pero cuando nos acercamos más vimos que estaba lleno de marcas pequeñas de lampreas, estaba muerto, no tenía sangre pero mantenía sus huesos. Simon oyó un chapoteo y al mirar el río pudo ver una estela en el agua que se dirigía a la entrada a las alcantarillas por la que entramos ayer. Está claro, la lamprea gigante que estamos buscando ha tenido crías, hoy tenemos que acabar con esta abominación del diablo, no podemos esperar más.

Avisamos a la policía de lo sucedido al barquero, mientras Norman vuelca la barca temeroso de que la policía nos eche la culpa de lo sucedido. Cuando llegan los primeros policías les explicamos que habíamos contratado la barca al barquero y que al subir nos percatamos de que estaba muerto, nos pusimos nerviosos y al salir de la barca la volcamos. Espero que el señor me perdone por la falta a la verdad que cometí, pero era por un buen motivo, no puedo permitir que ese engendro acabe con más jóvenes londinenses, nadie debe hacer el trabajo de un enviado del señor.

Al poco apareció el Comisionado, mi hermano (al que no pude ni saludar ya que no era el momento) y cuatro individuos de traje que parecen guardaespaldas. Nos percatamos de que uno de ellos no era lo que pensábamos, se trata de un primo de su Majestad la Reina, es el encargado de la seguridad en Londres.

En cuanto el Comisionado se percata de nuestra presencia hace que nos alejen lo máximo posible para que no veamos como examina el lugar del hecho.

Dado que nos habían alejado bastante, y que nadie estaba ya pendiente de nosotros, decidimos ir andando hasta la entrada que utilizamos el día anterior, hacia la que había huido hacía unos instantes la estela del agua.

Según nos acercamos a la entrada a las alcantarillas nos percatamos de que la niebla cada vez es menor, de un segundo piso que alcanzaba en la zona de Whotechapel, ahora solo llega hasta nuestra rodilla. Entramos en las alcantarillas y nos dirigimos hacia el lugar donde ayer tuvimos que dar la vuelta, en ese momento oímos todos “tirar un dado”.

Simon oyó varios chapoteos alejándose de nosotros y en una pared pudo ver unas sombras fugaces de algo humanoide. Seguíamos avanzando cuando Norman tropezó con algo que casi hace que caiga al agua inmunda, apartamos un poco la niebla y pudimos ver de que se trataba, era un casco de policía, y junto a él el cadáver de un humano al que algo se le había comido toda la carne dejando únicamente los huesos. La imagen nos impactó a todos menos a Michael, o eso pensamos, ya que enseguida vimos que había sido una ilusión porque cuando volvimos a mirar el cadáver ya no estaba, aunque Michael seguía viéndolo, por lo visto salen algunos vapores de las aguas que afectan a nuestra percepción.

Cuando estábamos a punto de reemprender la marcha, oímos como un chapoteo que se acercaba, Simon pudo ver algo parecido a un humano pero con los pies y manos palmípedos, según Simon, nos ha mirado y se ha ido. Los vapores van a complicarnos mucho esta investigación.

Seguíamos avanzando por las alcantarillas cuando un grito, que no podía generar ninguna garganta humana o animal, nos dejó helados, seguido al grito oímos otro humano que era claramente de mujer. Corrimos raudos en su auxilio cuando, de repente, Norman y Simon desaparecieron, algo en el agua los había absorbido, apunté hacia el agua con mí revolver, el monstruo no conseguiría más víctimas mientras yo estuviera allí. Me equivoqué, no era un monstruo, eran dos, se levantaron simultáneamente del agua y me miraron, cuando estaba a punto de disparar me percaté de que se trataba de Simon y Norman, por lo visto habían tropezado y ahora estaban cubiertos de una sustancia que ellos deseaban que fuera barro.

Llegamos al final del pasillo, era el lugar de donde provenía el grito que habíamos oído. El grito de mujer se había transformado en un gorgoteo, algo se acercaba hacia nosotros, preparamos las armas, eran unos seres demoniacos enviados por Satán, pudimos ver que llevaban tridentes, que tenían los pies palmípedos y que se comunican por gorgoteos, por Dios, eso no podía ser humano. Simon fue el primero en reaccionar, disparó su escopeta y consiguió que las abominaciones huyeran antes de que pudiéramos verlas bien.

Giramos la esquina y en la sala ya no habían seres, pero si un altar impío confeccionado con huesos humanos y un círculo pintado con sangre en el techo, por la simbología creo adivinar que era utilizado en ceremonias satánicas de invocación o transformación.

Estábamos quemando el altar y borrando el círculo, cuando aparecieron 5 de los seres que habíamos visto, parecían batracios humanoides, eran jorobados, tenían los ojos protuberantes, manos y pies palmeados con garras al final y piel escamosa de color gris verdoso. La imagen fue impactante, acabé siendo una fuerte convulsión, balbuceando bendiciones, con varios tics,… todo ello mientras los seres demoniacos se abalanzaban sobre nosotros con sus tridentes.

El combate fue muy duro, Norman fue ensartado por dos tridentes antes de que pudiéramos acabar con sus enemigos, a mí también me alcanzaron, Simon y Michael tuvieron más suerte. Gracias a Dios Simon y Michael son expertos en primeros auxilios y consiguieron que Norman y yo nos recuperáramos lo suficiente.

Examinamos los cadáveres de los seres, su dentadura no se corresponde con las heridas que vimos en la muchacha sin huesos. Decidimos que lo mejor que podíamos hacer con ellos era lanzarlos a la pira de fuego que era el altar en ese momento, y mientras los lanzábamos oímos otro gorgoteo.

No habíamos acabado con todos, pero parecía que ellos sí que iban a acabar con nosotros, algo se acercaba, vimos una sombra en el otro pasillo que daba a la sala, era Alice, menos mal, la habíamos encontrado, parecía muy cansada, arrastraba los pies, estaba muy pálida y lo peor de todo, el gorgoteo venía de ella, ¿qué le habían hecho esos seres?

Alice paró, sus manos comenzaron a convertirse en garras, su boca comenzó a estirarse, pudimos ver que en su interior habían 4 colmillos, y lanzó el grito sobrenatural que habíamos oído antes.

Aquello que antes era Alice se abalanzó sobre Michael, le disparamos todos varias veces, ella fue cambiando de objetivo, cada vez atacó a uno distinto, haciendo muchísimo daño a todos, a todos menos a mí, por lo visto el ser demoniaco no era capaz de atacar a los enviados divinos, mi aura me protegía. Disparamos todo lo que teníamos contra el engendro, cuando ya parecía que empezaba a estar herida, de su espalda salieron unos espolones y comenzó a atacar con más rabia, Norman, Michel y yo estábamos heridos, Simon inconsciente, cada vez era más difícil hacerle daño, finalmente cogí un tridente de los que tenían los batracios humanoides y atravesé a Alice de parte a parte con él, lanzó un grito que no creo que seamos capaces de olvidar por muchos años que pasen, era un grito que provenía de otra dimensión.

Curamos a Simon como pudimos, quemamos los cuerpos de todos los engendros que encontramos y salimos de allí justo antes de que apareciera la Policía. Mientras nos dirigíamos hacia el hospital a llevar a Simon, oímos algún grito, por lo visto los policías habían llegado a la sala y aún quedaba parte del altar, suerte que no vieron nada del resto, hay cosas para las que la humanidad aún no está preparada, y dudo que lo esté algún día.

Ya han pasado dos semanas de aquello, ya hablé con el joven Cadwell Smith y le expliqué que su novia estaba muy enamorada de él y que no lo abandonó, sino que la atracaron, testigos nos dijeron que trató de resistirse y por ello la mataron, arrojando su cuerpo al río Thamesis, donde, junto a la Policía, lo estuvimos buscando dos días sin éxito.

También he escrito este diario de lo sucedido, pero empiezo a pensar que no ha sido tan buena idea como pensaba, creo que será mejor que lo queme y que trate de olvidar lo sucedido, aunque no sé si puedo permitirme el lujo de olvidarlo, esta información puede ser de vital importancia si volvemos a tener un enfrentamiento con estos seres, pero, ¿y si alguien lee este diario? ¿lo habré condenado a vivir el resto de su vida en un manicomio? ¿está el mundo preparado para conocer la existencia de estas criaturas?

Creo que mañana lo destruiré.

Padre Thomas Karras

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