Exo – 3×02 Campaña 808 (El silencio de los muertos) – Encerrados

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Juego Exo
Fecha En algún momento del 3471
Campaña Exo 808
Lugar Manises I
Asistentes Sento (subteniente Reinhard), Juan (sargento Huk), Leo (Gustav) y Germán (Max). J.C. (DJ) y Junior como artista invitado.
Datos por Sento


Tras descubrir a la PRC Jana Lou muerta en un conducto de ventilación con extraños rastros de sangre que salen de su cuerpo que, por otro lado, está lleno de agujeros, Reinhard decide enviar al médico (Liralaf), al piloto (Piefkowski) y al joven Jango a la nave. El primero se llevará las muestras recogidas para analizarlas en el laboratorio de la nave, el segundo irá iniciando los protocolos de despegue para salir de allí rumbo al planeta desde el que había venido Jana Lou y Jango ya ha visto demasiada muerte como para dejarle en la estación. Los otros cuatro, subteniente y sargento incluidos, investigarán un poco más antes de volver a la nave…

Y en eso estaban cuando sonó una alarma en la estación.

Al principio, el sonido de la alarma les sorprende, pero el cierre de las puertas de los pasillos les hace despertar de su estupor. Max, que fue quién se percató de que iban a quedarse encerrados, consigue pasar la primera seguido de Cardumen, pero Max y Reinhard son más torpes y se quedan en la primera zona del pasillo, junto a vivienda de Jana Lou. Un mensaje de la megafonía de la estación avisa de un peligro biológico y piden a los ciudadanos que colaboren con las fuerzas de limpieza.

Tras un par de intentos fallidos con la siguiente puerta del pasillo (y alguna de las viviendas donde les reciben ciudadanos poco amistosos de que entren en sus viviendas) comprenden que si les pillan en el pasillo, al lado de la vivienda de la muerta, van a tener que dar muchas explicaciones. Consiguen abrir la puerta que los separaba (y juntarse) y, a la vez, acceder a una de las viviendas que estaban vacías. Desde el interior observan como cuatro tipos con el logotipo de Farmacon y armados con lanzallamas y un quinto acompañante, trajeado, con gabardina y maletín y sin ningún distintivo que lo identifique, entran en la vivienda de Jana Lou. Desde su privilegiada posición, ven cómo los tipos registran el interior y acaban por limpiarlo a base de llamaradas. Al final, el hombre trajeado extrae un extraño bote, lo coloca fuera de la vista y todos salen apresurados y cierran la puerta.

Mientras esto ocurría, Cardumen empieza a notarse mal, le pica la garganta, le cuesta tragar y se pregunta si no se habrán contagiado de la misteriosa sustancia. «¿Qué tal estará Jango?» se preguntan pues el muchacho fue quien descubrió el cadáver y quién más estuvo expuesto a la infección. Deciden no llamar a la nave aún. No ganan nada poniéndoles nerviosos.

Tras marcharse los de Farmacon, intentan entrar de nuevo en la habitación de Jana para ver qué han hecho con el cadáver, pero una extraña sustancia gris, similar al cemento, que parece llenar todo el apartamento se lo impide. Esta gente de Farmacon no solo ha quemado todo lo que había en la vivienda, sino que ha impedido el acceso a los demás.

Deciden plantearse las motivaciones de los agentes de Farmacon cuando lleguen a la nave y se pongan en camino hacia el planeta desde el que partió Jana. Sin embargo, al llegar al núcleo central, comprueban que los ascensores están bloqueados. Las autoridades de la estación no permiten que haya comunicación entre los diferentes niveles de la estación. Ante un riesgo biológico, cuya alarma ha sonado, el cierre de los accesos es una medida preventiva. A la 808 le parece un protocolo estándar y no le da muchas más vueltas: eso sí, comprueban que Jango, Liralaf y Piefkowski han llegado a salvo a la nave y también comprueban que trepar por el hueco de los ascensores es una posibilidad (no muy grande, pero posibilidad; lo dejan para luego).

Preguntando por la duración del bloqueo les informan que puede durar horas o días. A esto, Cardumen, visiblemente afectado, les arrastra a un centro médico donde tras algunos exámenes, los médicos dictaminan que no tienen nada. «¿Cómo que no tengo nada?» exige el hipocondríaco. Al final, una médico decide inyectarle un antibiótico de amplio espectro (en realidad era un tranquilizante) para quitarse al pesado de la consulta. Les comenta que siempre que hay una alarma biológica se le llena la consulta de locos.

Nota: No, no dijeron: «¿cómo que siempre que hay una alerta biológica? ¡Pero cuantas de esas tienen!»

No se quedaron conformes con el sellado de la vivienda y que les impidieran el acceso a ellas. Así que se hicieron con un dron (en una tienda de un proveedor de Tae Yung), se colaron en una habitación cercana y metieron el dron por los conductos. Todos eran demasiado grandes para ir por ellos y Jango (y Junior) estaban en la nave aislados del resto de la estación. Tras algunas pruebas y errores con el dron consiguieron descender hasta el lugar donde estaba el cuerpo de Jana. Comprobaron que había ardido completamente, incluyendo los rastros de sangre que salían de su cuerpo y que la sustancia gris selladora cubría completamente la rejilla de ventilación de la habitación de Jana. El acceso era imposible.

Fue entonces cuando decidieron que no podrían sacar más información de allí y recordaron que Jana tenía una amiga tyrana en la ciudad (nota del DJ: ¡por fin!).

La casa de Carla Mayer (la amiga de Jana) está en la zona pudiente de la estación. Se trata de una vivienda con dos plantas que tiene espacio de uso privado delante de ella (un lujo en una estación), pero lo mínimo para tener un pequeño porche con una mesa y unas sillas (nada excéntrico). No parece haber nadie y, de hecho, nadie les abre. La 808 interpreta la ausencia de los dueños como una invitación a entrar, cosa que consigue Max entrando por una de las ventanas. Llegan tarde, el interior de la casa está revuelto y desordenado, como si alguien hubiera registrado sin éxito todas las habitaciones. Encuentran varias fotografías de Carla, de un hombre que debe vivir con ella, al que identifican como Otto Domer, y muchos panfletos de propaganda y papeles administrativos de una organización llamada Tyranos sin Frontera. Aunque el nombre debería ser una pista, utilizan las redes locales para comprobar que se trata de una ONG que lucha contra el especismo y, en concreto, contra el sufrido por los tyranos. Es una organización de la RFP y, según pueden averiguar, no es la más grande de la galaxia.

Un registro más concienzudo de la casa les hace detectar el ADN de Carla Mayer y el de otras seis personas, humanos. Hay uno que destaca en abundancia y lo clasifican como Otto Domer. Los otros cinco creen que son los amigos del lanzallamas y el tipo de la gabardina de Farmacon. Descubren también un aparato de limpieza autónomo que permanece inactivo y superado por los acontecimientos. Tras analizarlo descubren que es uno de esos aparatos que limpian y vigilan la casa y que tiene una grabación de los asaltantes (Nota del DJ: y de la 808) con trajes de protección NRBQ. Suponen que son los cuatro tipos de Farmacon que vieron en la habitación de Jana, pero los trajes hace que sea difícil corroborarlo. La grabación se interrumpe, pero en el último fotograma parecía que estuvieran quitándose los trajes. Reinhard se encapricha con el aparato (creo que tiene electrofilia de esa) y decide llevárselo para la nave. Por último, consiguen acceder al correo de Carla Mayer a través del espejo de baño. Allí pueden ver un mensaje sin remitente: «Ha llegado papá».

Aunque la sede de Tyranos sin Fronteras es el siguiente paso lógico, la 808 decide investigar a Farmacon. Descubren que la empresa forma parte de un consorcio de empresas: la corporación Akura, una de cuyas ramas se encarga también de la seguridad de la estación de Ilam. La central de la empresa de seguridad está en la estación, pero en los muelles de atraque, alejada, por ahora, de su alcance. Descubren un pequeño despacho en ese nivel y al visitarlo, discretamente, llegan a la conclusión que es una simple oficina para que los agentes de seguridad descansen y reporten incidentes. No más que un vestuario y una mesa con una secretaria (que no está). Hay un tipo vestido de agente de seguridad con la pinta de haber requisado todas la bollería industrial del sector.

Convencidos de que aquello era un callejón sin salida, se encaminan a la sede de la ONG donde esperan encontrar algún rastro de Carla o de su compañero de piso Otto. La sede está en uno de los barrios menos recomendables de la zona y cuando llegan descubren que está cerrada. No es más que un viejo contenedor espacial reciclado como oficina. Sus intentos de entrar no pasan desapercibidos y una delegación de comerciantes de la zona les hace una visita: «¡Eh, drugos, no seréis acaso militso en busca de bitba!» El diálogo estaba condenado al fracaso. Los delegados eran más e iban mejor armados y sin miramiento les quitaron toda la platis (perdón, ropa). Los jóvenes del barrio confundieron a los 808 con agentes de seguridad que venían a detener a los activistas (por los que sienten cierta simpatía) confundiéndolos con los otros tipos que ya estuvieron allí antes. Les acompañaron entre risotadas hasta la salida del barrio: «Y si volvéis, os daremos un tolchoco en la quijotera». Más risas ante la ocurrencia de un tipo con la cara pintada de blanco.

Desnudos llamaron mucho la atención en la zona central de la estación hasta que llegó un agente de seguridad y les llevo a una comisaría. Allí le explicaron que habían ido a una ONG y que unos delincuentes les habían robado. El agente no dio mucho crédito a la explicación, pero les advirtió que algunos barrios de la ciudad son peligrosos y poco recomendables a los turistas. Les dieron ropa de color naranja presidiario para que pudieran volver a su nave con la promesa de que harían todo lo posible por recuperar sus pertenencias.

De vuelta a la casa de Carla, que han decidido que es segura, barruntan lo que les ha pasado y cegados por la venganza deciden que la banda chunga del barrio debe saber más de lo que aparenta. «Somos la 808 y esto no quedará así» afirman. Tras algunos preparativos, que incluyen la falsificación de una tarjeta de crédito, la compra de ropa y material auxiliar (armas), se dirigen de nuevo al barrio. Allí pillan a dos muchachos y tras aplicarles algo de persuasión descubren que el jefe de la banda es un tipo al que apodan Caliban (lleva el rostro pintado de blanco). También descubren donde está la sede de la banda, un viejo edificio abandonado, con 100 secuaces (98 descontando los dos que dejan inconscientes).

En la entrada del edificio hay dos tipos armados, muy armados. Es un edificio de tres plantas y parece que no vigilan el tejado (un error). La 808 se infiltra por allí tras algunas dificultades y desciende por la escalera hasta la penúltima planta. Al abrir una de la habitaciones donde escuchaban un extraño ruido rítmico se encuentran a Caliban en pleno ejercicio amoroso con un jovenzuelo rubio. Le apuntan con las armas y le exigen silencio, pero Caliban se limita a mirar a su pareja y esta se pone a gritar. El joven muere, pero la alerta hace que otros hombres salgan de las puertas cercanas y el intercambio de disparos es inevitable. La balacera concluye con todos los pandilleros muertos (menos Caliban que es estabilizado por Max para interrogarlo), con Reinhard, el sargento, muy cerca de la muerte (tanto que tuvieron que llevarlo al hospital) y con el descubrimiento de sus pertenencias en una de las habitaciones de la casa (incluyendo el pobre robot de limpieza).

De boca de Caliban descubre que está un poco loco (algo que ya sabían) y que la gente de la ONG lleva algún tiempo sin pasar por allí. No es extraño porque, en ocasiones, se ausentan con algún trabajo. También saben por su boca que otros tipos ya se interesaron por la pareja y la sede de la ONG, pero no les hicieron nada porque venían con militso (policías). Lo que no descubren es que Caliban está muy loco y su venganza será terrible.

Calmada la venganza y abandonado el barrio, permanecen en el hospital esperando a que terminen de coser a Reinhardt. Quizás es un buen momento para ir a la nave y abandonar ese maldito lugar, pero hay preguntas sin respuesta: ¿Quiénes son los tipos de Farmacon que se pasean con lanzallamas por la estación? ¿Podrán hacerles un seguimiento con las cámaras de seguridad? Y sobre todo, ¿qué ha pasado con Carla Mayer y Otto Domer? Algo huele a podrido en Ilam…

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