Etapa 7: Castrojeriz – Boadilla del Camino. 18’7 km.

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Mañana del día 11, una cuesta mortal, tres peregrinos preparados para morir, un solo resultado posible, victoria!!!

Eso si, no fue fácil subir la condenada cuesta, era como el paso de Karadhras, la montaña no quería que subiéramos, pero no sabía que el poder de Gandalf era insignificante comparado con el nuestro y el de nuestras piernas. Al principio nos arrojó corrientes infernales de aire, que no nos detuvieron, luego agua, que solucionamos con el hechizo de convocar capa de agua, y luego agotamiento, que no fue el suficiente. Resultado: Ogrigrinos 1 – Karadhras 0.
Una vez coronada, y después de la foto de rigor, caminata eterna hasta Itero del Castillo, último pueblo de la provincia de Burgos. Una caminata muy pesada, entre la humedad y el frio (que hacía de todos los colores), nos encontrábamos destemplados, por lo que tomamos un buen bocata para recuperar energías, un café, pare recuperar el calor, y a seguir caminando.

Según Elisa ya iba a parar de llover, nosotros opinábamos lo contrario, estábamos convencidos de que seguiría por lo menos toda la mañana, así que nos apostamos un café a que seguía lloviendo,… ignorantes,… no sabíamos lo que nos esperaba.

Al salir de Itero nos volvimos a encontrar con los gatos (los madrileños que vimos al principio del camino), nos dio la impresión que trabajaban para alguna guía del camino.

Seguimos caminando, y la provocación de Sento causó la muerte, destrucción y el rojo amanecer. El viento no había cesado, la lluvia amenazaba con caer de una manera espectacular, y al inconsciente de Sento no se le ocurre otra cosa que gritar: ¿Esto es todo lo que eres capaz de invocar, Saruman?, Tu kung-fu es una mierda!!!. Inmediatamente después comenzó una granizada de las que hacen historia, en un principio aceleramos el paso, cuando las primeras piedras comenzaron a caer, el trote lechonero se convirtió en carrera desbocada. Entramos en el primer albergue en el que pudimos refugiarnos, en el En el Camino, un albergue privado que hay en Boadilla del Camino. Nos miraron con cara de susto, como si fuera imposible que algún ser vivo estuviera al aire libre con la que estaba cayendo. Allí estaban los gatos, que habían entrado justo antes del diluvio, por lo que estaban sequitos los canallas, hablamos con ellos, y les pedimos, que en caso de alcanzar a Elisa, que le avisaran de que nos debía como 10 cafés. Por cierto, el albergue es muy recomendable, el trato genial, y la comida buenísima, además de económico.

Dado que las botas estaban empapadas, y que las chanclas no eran para lanzar cohetes, y siendo que sólo pensábamos continuar un día mas, decidimos dejar el camino, quedarnos en el albergue y volver a Valencia al día siguiente. Así que hicimos amistad con Eduardo y Hugo, los hospitaleros, y estuvimos hablando con ellos toda la tarde. A última hora, cuando todo el equipo, que teníamos tendido, se había secado, dimos un paseo por el pueblo y al volver al albergue, nos invitaron a ver el partido de España que hacían por la tele. Así que después de cenar, mientras todos los franceses dormían porque ya pasaba la hora fijada en el albergue para acostarse, nosotros estábamos viendo el partido de fútbol con los hospitaleros, y hasta nos invitaron a unos orujitos.

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