Camino de Santiago. 2010 Edition.

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roncar.

(Del lat. rhonchāre, y este del gr. ῥόγχος, ronquido).

1. intr. Hacer ruido bronco con el resuello cuando se duerme.

2. intr. Dicho del gamo: Llamar a la hembra, cuando está en celo, dando el grito que le es natural.

3. intr. Dicho del mar, del viento, etc.: Hacer un ruido sordo o bronco.

4. intr. coloq. Echar roncas amenazando o como haciendo burla.

Hermanos Peregrinos. Con el alma ya calmada después de tanto caminar, y con los pies secos y seguros, puedo decir que este año Santiago se portó excelentemente con nosotros.

Yo llevaba mis dudas como equipaje, que pesan poco, y duran mucho, pues me acompañaba el insigne “Sento”, y tras ver como le gusta el riesgo, y como juega al borde del abismo con su relación con Santiago, ya pensaba yo que acabaría cargando con sus males.

No fue así.

Empezamos en un autobús nocturno con destino Pamplona, y llegamos a las 04:30 no sin antes ver el La momia en el autobús. Vimos el amanecer de Navarra y nos reímos de las murallas, pues estábamos sobre ella e imaginábamos miles de franceses abajo.

Con estas y otras andadas dimos paso a la hora de la comida, y aunque queríamos sidreria y chuletón, Carmelo, un compañero de Sento, nos castigo a un sitio de esos que la comida tiene nombres largos y raciones escasas y precios más adecuados al nombre que a la cantidad.

Sento nuevamente, entabló amistad rápidamente con el Amigo de Carmelo, que se fue un poco dolido de la reunión después de que Sento lo insultara en repetidas ocasiones por su automóvil, se  mofase de su afición al campo, y de preguntarle si en su tierra natal (bcn) seguían pidiendo el carnet al cruzar la frontera. Ciertamente salimos vivos de aquel encuentro, aunque en algún momento no di dos duros por nuestras vidas, pues pensaba que nuestro reciente creado amigo nos mataría a los dos allí mismo.

También supe que Sento usa mallas, pero por salvaguardar la salud mental de los presentes no entraré en detalles.

De ahí cogimos un autobús a Roncesvalles, donde pasamos la noche en contenedores industriales, al margen de un río, que crecía desmesuradamente con las lluvias que caían.

Roncamos, según nos confirmaron más tarde otros peregrinos. Aunque Dios sabe que no pegamos ojo en toda la noche, debieron ser otros los roncadores. Yo soy un animal de costumbres sencillas, no me doy al desenfreno en ninguno de los aspectos de la vida, y claro, con esa monacal vida, no es posible roncar de esa manera tan desaforada que nos decían, pero bueno, mi sino es cargar con los pecados de otros…

Al día siguiente, decidimos salir a caminar temprano, así que empezamos la marcha con el estomago vacío, cosa que remediamos en un asador.  De ahí pasamos a un nuevo caminar y subimos una cuesta sin nombre pero con mala leche, hasta que llegamos a un pueblo, que nos sirvió para tomar algo ligero y no romper la marcha demasiado: dos bocadillos de panceta y tercios locales.

Seguimos caminando y así amigos llegamos a Zubiri, albergue de expresidiarios. En esa primera ducha descubrí cosas que preferiría ignorar, pues las duchas eran mixtas, pero el agua fría y la sangre se agolpaba en músculos que no había utilizado nunca y no estaba en “EL” músculo que a mi me hubiese gustado.

Ya limpios y ordenados, nos dirigimos al bar local, en el que tomamos cervezas a cascoporro, bueno, Sento tomo cervezas a cascoporro, yo probé alguna de las suyas, sabe Dios que no me gustan los excesos, bocadillos de txistorra, queso y pimiento, y algo de pacharán. Esto sería una constante para el resto del camino. No pasó desapercibido a mis atentos ojos lo mal que viven los personajes que de la hostelería viven en esas tierras, y aunque se entrenan en los chakras, el saber estar y la conversación amable, se deja traslucir tras esa primera capa el dolor y pesadumbre que arrastran: Y es que, así son los navarros. Los camareros, al alba se tumban sobre un montón de chinchetas y hacen la croqueta, así se garantizan poder mantener la mala ostia durante el resto del día, sin importar cuan pronto o cuan tarde lleguen tus clientes.

Al día siguiente, salimos temprano y nos costo encontrar algún lugar santo para llenar el gaznate. Santiago nos perdone pero dimos un rodeo por ello mismo. Continuamos andando, y aunque no hay nada digno de mención en el camino, la senda es estrecha y transcurre a lo largo de  un precipicio. Aproveché el momento para ofrecer agua a ciertas francesas entraditas en años y empezar a utilizar técnicas de peregrino oscuro.

Con estas encontramos una iglesia pagada por la propia gente del lugar, que más que motivos eclesiásticos tenia motivos familiares, pues en la propia iglesia están los nombres de aquellos que pagaron con las sobras de comprar el pan aquella iglesia, asi son los navarros. En dos años, hicieron más dinero de las sobras del pan y se hicieron un frontón.

Seguimos andando, y finalmente llegamos a Pamplona:  Happyland de ahora en adelante, y es que son pijos hasta en el albergue, que tenía cosas de kukuxumusu por ahí. Viendo lo mal que viven, la baja calidad de sus vinos, sus tapas, su pacharán y lo desagradable de ese casco viejo, no me extraña que se vena poseídos por esa mala leche perpetua. Allí conocimos las anécdotas de más hosteleros, que entre otras cosas acostumbras a calar a los clientes a ojo, de ahí que nos cebasen, nos invitasen y nos colmasen de atenciones, invitándonos a ponernos pantalones blancos de San Fermin, según comentan, ninguna mujer local es capaz de contenerse ante unas nalgas masculinas dentro de esos pantalones blancos. Ratas del Vaticano, lanzamiento de zapatos de francesas, cobrar por respirar el aire del bar en el que estas son algunas de las costumbres locales.

Salimos a dar una vuelta y aprovechamos para tomar unos vinos y saciarnos con pacharán. Principalmente Sento, ya que mi viaje era totalmente espiritual.

Ciertamente aquella noche volvimos a nacer tanto Sento como yo, pues como habíamos llegado tarde nos toco la parte de unas literas ocupadas por dos japeneses: una pequeña que apenas alcanzaría los 40 kilos de peso y su guardaespaldas : el especialista de kung fu panda, con sus 130 kilos. Se alimentaban de agua y pan, aunque yo juraría que el oso panda guardaba chopped en los pliegues de la esterilla, pues el olor y las corcos de aceite le delataban.

Al llegar tarde, todo el mundo dormía ya el sueño de los peregrinos, y nosotros llegábamos con espíritu de pacharán!!. Basto con un par de relinchos y un rebuzno de oso panda y la abeja maya para que nos cagasemos vivos.

Al día siguiente madrugamos menos que el resto y nos pusimos en marcha rápidamente. Queríamos llegar a puente la reina cuanto antes. Por eso , cuando encontramos una sidreria a las 11:30 de la mañana nos paramos a tomar algo, y por eso mismo, salimos cuatro horas más tarde y algo más contentos de lo normal. Tuvimos que acelerar el paso, pues una miniperegrina, pero asturiana se nos había pegado en nuestro debate en la sidreria.

Así llegamos a nuestro destino, tarde, y con los calores atizandonos. Mientras me duchaba, unos abertzales aprovecharon para hacer una pintada en los morros de Sento. Le alegró bastante, creo. La sonrisa no se le quitó en varias horas. Luego, fuimos a dar una vuelta por el pueblo, y tras comprobar que aparte del puente y una iglesia no había mas que bares, decidimos entrar en uno, no sin antes pasar por una farmacia, pues nuestro amigo Sento, amigos, con lo grandote que es, es delicado y frágil como las damas de la alta sociedad, y es al parar en la sidreria, y reanudar la marcha de manera tardía, sufrió las quemaduras del sol, así que tuvimos que pasar por la botica a comprar protector solar.

Como llevábamos bastantes días a base de txisotrra decidimos tomar algo ligero para a cena, que la hicimos en el mismo bar: así que pedimos una ensalada de gulas con almendritas, bravas, manitas de cerdo al peregrino y alguna otra cosa sin verde que no recuerdo. Rematamos con pacharán. Es importante destacar que yo tan sólo picotee algo de lechuga y tome algún sorbo de las copas de Sento.

Esa misma noche, en los padres reparadores, conocimos al mayor y más profesional roncador de todos: dormía con una botella de agua al lado y sin llegar a despertarse, sabía beber de la misma. Si en algún momento Sento pasó envidia, fue de este roncador y de esa noche.

El amanecer me sorprendió, aunque sería más exacto decir que sorprendió más al resto de peregrinos, al que sin proponermelo retrasé unos buenos 20 minutos en sus andares. Santiago me perdone. Como en todos esos días, ya se habrá notado que mis comidas fueron bastantes frugales, no había yo pisado ningún cuarto de baño con fines distintos al de una meadilla rapida. Pues bien, aquel amanecer, mis intereses por el cuarto de baño eran otros. Quería la suerte que solo hubiese dos tazas en el albergue, así que armado con paciencia entre en una de las letrinas sólo. Para cuando salí casi media hora después la cola era infame, la gente me miraba mal, los susurros en lenguas barbaras me acompañaban e incluso alguna cara de sorpresa acerca de lo desproporcionado que resultaba mi aspecto y los ruidos que se oían donde yo estaba tan sólo unos minutos antes. Finalmente me convencí de que debía ser otra cosa la que les llamaba poderosamente la atención y con un “Buen Camino” me dirigía a preparar mi mochila para el día que tenía que venir.

Al día siguiente andamos hasta Estella, y pasamos por el Alto del Perdón , que tiene nombre y no es nada. Aunque la bajada es una putada como la copa de un pino.

Almuerzo frugal.

Ah, y por si no fuera suficiente con la descarga matutina, mis demonios la tomaron conmigo, y mientras visitábamos una iglesia en Lorca, creo recordar, algo en mis tripas gritaba con desesperación, así que cometía herejía en los aposentos del cura. Aunque estaba avergonzado por mis andares espirituales, mi yo ateo estaba más contento que nunca. Con esas llegamos a Estella, que estaba de fiesta medieval: 1 chato de vino y un pincho de queso 1 euro. Otro chato de vino y txistorra , otro euro, y así con chorizo criollo y otras cosas de régimen. Ni que decir tiene que antes de irnos a dormir nos tomamos otros pacharanes.

Fuimos a dormir, y pongo a dios por testigo, todavía tengo sudores fríos de recordar el dedo de Sento recorriendo mi espalda. Parece un tío serio, de tendencias tradicionales. Nunca más le daré la espalda, y si lo hago me aseguraré de llevar las suficientes capas de ropa para mantener la virginidad y la pureza de ciertas partes de mi anatomía.

Al alba, y siendo el día grande, vinieron a cantarnos a los peregrinos. Fue chulo. Una buena cantidad de borrachos, disfrazados de tunos, nos cantaban para que nos levantásemos y comenzásemos a caminar, cosa que hicimos como peregrinos aplicados que somos.

Llegamos demasiado pronto a Iratxe y nos quedamos sin fuente de vino.

Amigos de Sanitago nos dieron un caldo de clueca que quitaba el hipo, que bueno estaba el jodio y que bien entraba con el frescor matutino.

Oímos historias de Pablito, y hasta supimos del monolito que tiene en su jardín.

Con estas y otras seguimos caminando, despertando la envidia en el resto de peregrinos, que descansaban al sol y adelantábamos al son de “Always look the bright side of life”, hasta que encontrábamos algún buen árbol sobre el que dormitar un rato, los gritos con blasfemias y demás nos alcanzaban al vernos tirados en la sombra.

Caminamos, caminamos y finalmente llegamos a Logroño. La noche en Logroño fue grande. La calle Laurel es el valhalla de los guerreros, y por primera vez me excedí. La cosa acabó en gintonics. Al dia siguiente, petate mediante, nos dirigimos a la estación, y allí dirigimos nuestros huesos y toneladas de txistorra y litros de pacharán de vuelta a valencia, tierra que nos vio partir.

Así es como, amigos, ganamos unos cuantos kilos nacidos del esfuerzo y el sin vivir de bajar cuestas, y es que amigos, miles de anécdotas quedaron fuera del diario, algunas que no mencionaré por la caballerosidad que me caracteriza, y otros por no aburrir más al lector, y es que al final señores, Santiago aprieta pero no ahoga, al menos no a todos…

Una respuesta to “Camino de Santiago. 2010 Edition.”

  1. Sento Says:

    Lagrimitas me caen leyendo esto…
    Me ha encantado el resumen Leo 😀

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