Casa Manderley – Sábado 31 de Octubre de 2009- Yatová ’09

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24:00 Casa Manderley – El perelló- Valencia DF.

Tras cenar, decidimos tomar unos digestivos, de los que tengo que decir que Ben-Al-Sento abusó en gran medida. Comenzamos con un whisky ahumado que nos ofreció el semidios Rose. Pude observar que la biología es ciertamente caprichosa, pues a alguno del grupo como Lohen le debió de parecer que el whisky llevaba exceso de gas, pues bien le vi lagrimear medio bizco tras dar algún sorbo del whisky. El resto de los comensales nos lo bebimos por no levantar su ira, pero no encontramos burbujas.

Para cuando pensábamos que se presentaba una noche tranquila al calor de la tele y té humeante, Manderley actuó y nos vimos teleportados Perico, Sento, JC,  Lohen y este diminuto y voluntario narrador a una zona medieval. Nuestros amplios conocimientos de historia nos indicaban que estábamos en el Medievo Japonés, con pequeños sistemas feudales que controlaban provincias, y unos ejércitos perezosos que si bien eran enviados a una batalla, con cierta frecuencia no despreciable se equivocaban y aparecían en otra. Viendo el panorama, nos dimos cuenta de que Manderley tenía a aquellos pobres ciudadanos sin ningún “Seii Taishōgun”, dejando que los bárbaros demonios extranjeros abusasen de los campesinos del lugar. Sintiéndonos ya señores de la guerra japoneses, nuestro objetivo era claro: eran nuestros campesinos y nadie más podía pedirles injustamente arroz o dinero.

Así pues comenzó una dura batalla preparada por la pérfida Manderley para dispersar el caos y el desorden en el pasado japonés. La carrera por el “Shogun” había comenzado. Cada uno de nosotros se incorporó a una dinastía y sus provincias e intentó poner orden. La mayoría de nuestros compañeros había olvidado por que estábamos allí, y dejándose llevar por instintos y motivaciones oscuras dejaron que el odio inundase sus corazones y empezaron a batallar entre ellos. Se produjeron grandes hostilidades, como las ocurridas entre Lohen y JC por un pedazo de tierra estéril, o las absurdas discrepancias entre Perico y Sento acerca de la posesión de un terreno rico en Fortalezas.

Manderley, conociendo nuestras flaquezas nos hizo teleportar con algunas botellas de Ginebra y Ron que tuvimos que ocultar debajo de nuestras armaduras. Menos mal que un servidor finalmente había venido, pues mis compañeros pronto se olvidaron de nuestro objetivo y guerreaban entre ellos, mientras yo me dedicaba a construir mejoras como teatros, templos y fortalezas para mis campesinos. Si bien es cierto que durante el invierno algunos millares de campesinos murieron, es un mal menor comparado con el progreso, la civilización y los teatros. Finalmente viendo que Manderley se apoderaba ya de todos mis compañeros me vi obligado a asestar un golpe mortal a mi vecino Perico, que JC, engañado por Manderley llegó a cuestionar.

Menos mal que gracias a esa provincia, yo,  Leo el Negro pude declararme Shogun y finalizar todas las hostilidades, trayendo la paz y la prosperidad a mis campesinos y sudbitos, y por tanto venciendo una segunda vez a Manderley. Nada más hacer entrar en razón a mis súbditos y volver a Manderley, la fatiga, y toda la ginebra que no volvió en la teleportación inversa nos hizo mella, y nos retiramos a nuestros aposentos. Protegí a Lohen lo mejor que pude y él me lo pagó con unos generosos ronquidos. Es justo ahí, exhausto y con los ronquidos de Lohen cuando noté que ciertamente teníamos esperanzas de vencer a Manderley, pues con semejante jaleo la casa tampoco iba a poder descansar para el día siguiente.

Alba – Casa Manderley – El perelló- Valencia DF.

Horror, me había quedado dormido, pero ¿que era ese ruido?. En cuanto pude abrir los ojos y constatar que no podía cerrar los oídos, me percaté de que Lohen había desaparecido, y sin embargo, no estaba sólo en la habitación!!. ¿Qué pruebas me mandaría Manderley al alba?  Pronto pude comprobar que los sonidos y bultos en la habitación no eran una prueba de Manderley, sino mis compañeros que venían a agradecerme mi tarea en el shogun de ayer. No soy hombre irascible, pero casi pierdo los nervios y sensibilidad en el tímpano derecho, que era el más expuesto, a la sucesión de maullidos,  ladridos y rebuznos que mis compañeros proferían a lo que se suponía que era la versión “punkiperounplugged” de “Las mañanitas del Rey David”.

Cacofonías propagadas en un medio anisótropo con distribución no euclidiana.

Os podréis imaginar que hasta la misma Manderley hizo temblar los cimientos. Ciertamente había esperanza….

Es curioso el efecto que ejerce la casa sobre el tiempo y el espacio. Yo soy un hombre sencillo de costumbres sencillas. Por eso siempre duermo ligero y me levanto al alba. Es por eso que sabía que era alba, si bien el Manderley había manipulado mi reloj y mostraba una hora errónea. ¿Qué otras confusiones se producirían?

Me asee rápidamente y bajé a la estancia más amplia. Los semidioses decidieron poner tierra de por medio y fueron a sacrificar algunas tarjetas de crédito en los comercios locales. Cuando mis compañeros y yo nos disponíamos a salir a dar un paseo al alba por la playa, horror, nos vimos teleportados de nuevo, Manderley era implacable y decidida, no nos daba tregua. La primera impresión fue mala, pues los vi con sabanas muy ligeras, y aunque les aprecio, preferiría que guardasen ciertas intimidades para ellos. Manderley nos había teleportado a la edad de oro de la floreciente Roma y tras un breve periodo, todos nos dimos cuenta de las intenciones de Manderley. Sembraba el caos por doquier y hasta el curso de la historia se podría alterar si no se elegían pronto Tribunos con ciertos poderes de trasfondo.

Así la carrera por llegar a ser “Tribuno” había empezado. No sé muy bien que pusieron en mi desayuno, que necesitaba ir a las letrinas con cierta frecuencia y gustaba de dar paseos a la vuelta por la subasta, mis compañeros, ya con la mente y el juicio nublados por Manderley, empezaban  a mofarse de mí. Baste decir que pocos minutos más tarde había cola para entrar en las letrinas y con ello se dio comienzo a cuchicheos, miradas nerviosas y se puso fin a la mofa. Manderley nos tenía de nuevo en sus garras e incluso, tengo que reconocer, que este humilde servidor llego a tener por unos segundos la vista nublada.

Contábamos con algunas ventajas, ya que el móvil de algún compañero viajó hasta Roma, y así pudimos realizar un ritual y comunicarnos con las semidiosas para que trajeran más zumo de cebada. Otro detalle curioso fue cuando Ben-Al-Sento se cuestionó el conocimiento histórico de Perico, al que, junto conmigo, ya había dejado caer algún que otro error de omisión o de interpretación por nuestra parte respecto a las costumbres y normas de aquella época.¿vale?

Fue allí mismo, en las Termas, donde aparecieron por primera vez las Discrepancias. Esta vez entre Sento y Perico. Aunque no fue relevante para esta batalla las discrepancias se hicieron ya una constante durante todo el fin de semana. Para el lector poco leído indicaré que una discrepancia no es tanto una diferencia como un protocolo diplomático de cruzar mensajes  del tipo “No tienes ni puta idea”, “Eres un fullero”, “A que no me lo dices en la calle”, “Yo si lo explique, si tu eres sordo, no es mi culpa” o  “Si no te gusta como lo hago lo haces tú, bocachancla”.

Y de nuevo vi a Manderley a punto de vencernos, así que yo, Leo el Negro tuve que declararme rápidamente Tribuno y atesorar otros poderes para llevar el orden a Roma y vencer nuevamente a Manderley. Me empezaba a preguntar qué sería del grupo si mi, con tanta discrepancia suelta.

Nada más vencer nuevamente a Manderley volvimos al presente y las semidiosas hicieron su aparición, trayendo bebida con ellas. Exhaustos, nos pusimos a cocinar. Llevados por el espíritu de austeridad y severidad de la batalla decidimos hacer una ensalada ligera, y acompañarla con algo de arroz al horno. Si bien ciertamente Manderley actuó de nuevo y dio a las unidades de medida del arroz dimensiones… no euclidianas y donde nuestra guarnición era Arroz al Horno, se convirtió en Marmita de Cojoarroz al horno. Todos sopesamos la situación, y tratando de dar una lección a Manderley, enseñándole los dientes y moviendo los bigotes acabamos con la triple ración de guarnición entre quejidos y suspiros. Mención especial para el caballero Ben-Al-Sento que se nos calló en la Marmita en cuanto la sacamos y marco la diferencia para poder terminar con la trampa de Manderley. Para demostrarle que eso para nosotros no era nada, nos hicimos unos bocadillos de helado de postre. Algunos tomaron triple ración también. Y este, señores, fue el punto de inflexión, el antes y el después, el 3 y el 4 de la santa granada de Antioquia, el -1 y el 0 de un array. Si al final vencimos a Manderley y sus horrores, estábamos a punto de entrar en nuestra hora más oscura, y donde ciertamente más lejos estuvimos de la disciplina y de la victoria.

16:00- Casa Manderley – El perelló- Valencia DF.

Sento, una vez más, y con la fuerza de haber vivido en la marmita de cojoarroz, perdió los papeles, y aprovechando que los semidioses estaban adormilados después de haber sacrificado bastantes tarjetas de crédito se acercó al altar y robó nuestra propia ofrenda de Néctar. Ni que decir tiene que le ayudé a beber, no porque tenga oscuras aficiones, sino porque convine que si ya habíamos pecado, debíamos eliminar las pruebas cuanto antes. Todos sabemos en el fondo de nuestros corazones que Victoria, incluso en su frugal sueño de tres horas de duración se removió inquieta en cuanto Sento puso sus zarpas en la botella.

Así pues, con la culpa por robar nuestras ofrendas en nuestro corazones, doloridos y adormecidos por la marmita y nos disponíamos sobremesa acerca de temas filosóficos y profundos de los que gustamos, nos vimos trasladados a la Alemania feudal.

Allí Perico, completamente ya poseído por Manderley enloqueció. Con los ojos desencajados e inyectados en sangre empezó a dar detalladas instrucciones de las normas, costumbres, que hacer y que no hacer, ¿Vale?. Tal fue la lección, que tuvimos que parar tres veces. Casi perdemos a algún hermano de batalla, que empezó a pensar otras formas de pasar el rato, y si ciertamente hubo algún punto aciago fue este. Baste decir que para recitarnos las normas, Perico se ayudaba de un libro mágico al que a partir de la página 9 siempre le faltaban 10 páginas para terminar, con independencia de las que avanzásemos.

Tras más de dos horas de normas, protocolos, y de parecer que faltaban 15 minutos para terminar nos pusimos manos a la obra, y una rápida exploración nos dio a entender que las ciudades florecían sin ton ni son, con un escaso plan urbanístico y sin ninguna recalificación, y horror de los horrores sin el beneplácito de la Santa Madre Iglesia.

Así pues fue como nos vimos convertidos en “Caballeros Guerreros”. Fue aquí donde aparecieron bastantes discrepancias de nuevo. Todos nosotros conseguimos rápidamente establecer baluartes y convencer a nobles locales de que se uniesen a la causa, ofreciendo tropas y dinero. En primer lugar me erigí como Líder de la Asamblea y confié el mando de la Iglesia a Perico. Comenzamos a conquistar ciudades sin ton ni son. Finalmente, vi que la prueba de Manderley era profunda, y así renuncié al liderazgo de la asamblea a favor de Lohen. Comenzó entonces una encarnizada batalla por el poder de la iglesia, por un lado estaban los Pericos, estrictos y con gran sentido de la justicia poética, y de otro se encontraba el cisma JCeros, enemigo de expediciones,  austeros, tacaños en bendiciones y con cierta propensión a no soltar nada que no le produjese un beneficio inmediato. Hubo momentos de cierta tensión, como cuando los Pericos arrebataron el papado a los JCeros y lo humillaron públicamente en la plaza del pueblo. Ben-Al-Sento vendió su alma por unas minas de sal, y yo mismo, tengo que decir, vendí mi alma a Ben-Al-Sento por algunas coronas, aunque más por ayudarle que por la avaricia.

Finalmente fue JC el que se dio cuenta de que no íbamos por buen camino y que Manderley estaba a punto de ganarnos por la mano, así pues JC se autoproclamo Papa, huyó a Constantinopla y desde allí nos gobernó y sembró el orden, aunque siguió sin repartir fe ni dineros para las expediciones. Con este movimiento JC había vencido de nuevo a Manderley!!!.

Nos vimos de nuevo teleportados de vuelta, y exhaustos decidimos preparar más viandas. En este caso JC recuperó su fórmula magistral roquefort y preparó una ensalada. La acompañamos con gallina ponedora “a punto de poner pero sin llegar a poner” al horno. Algún ignorante indicó que se trataba de pollo, pero dudo que un pollo opine lo mismo viendo la que había dentro del mismo. Finalmente, y por mantener la frugalidad de la vianda rematamos la faena con un “Derretido” de chocolate y frutas.

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