Exo – 3×11 Campaña 808 (El silencio de los muertos) – Por favor, no me desconecte

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Juego Exo
Fecha En algún momento del 3471
Campaña Exo 808
Lugar Manises I
Asistentes Juan (sargento Huk), Leo (Gustav) y Jose (Jango). J.C. (DJ).
Datos por Jose

Los tripulantes de la 808 acababan de matar a un engendro mitad máquina, mitad robot de un todo a 1 estándar. Había sido una acción piadosa que, de alguna manera, llamó la atención de los amigos robóticos del difunto. Antes de que les alcanzaran llegarían al recinto de la corporación y descubrirían qué demonios estaba pasando.

Liralaf recuerda, de repente, que se ha dejado en marcha un delicado experimento en la nave y decide volver a atenderlo. Confiesa que el cerebro implantado en un robot le ha impresionado. Es posible que sea la cosa más maligna que ha visto nunca (y eso que se ha enfrentado a los iroiendi), pero no se va por eso. En su camino de retorno a la nave Victoria no observa que algunos robots deciden seguirle a él en vez de mantenerse con los otros miembros de la 808. En cuanto Jango descubre que Liralaf está volviendo, decide que es su momento de dar su apoyo al grupo. El capitán Reinhard, Piefkowsky y Max, el veddio, no parecen dispuestos a abandonar la comodidad de la nave, así que coge su rifle (le han dicho que no puede llevar pistolas) y se aleja corriendo de la nave sin que nadie se percate (al menos hasta que llega a la valla donde Huk y Gustav han empezado a examinarla.

—¿Qué haces aquí? —pregunta Huk.

—El capitán me ha enviado. —Miente, pero las comunicaciones con la nave son pésimas desde que aterrizaron y no consigue contactar con ellos.

El úkaro parece más preocupado por los puntos que aparecen en su sensor (los robot que les han rodeado formando un semicírculo) que por el niño y no insiste más. También descubre que algunos robots se han dirigido a la nave. No se preocupa, ellos sabrán defenderse.

La valla

En realidad no es una valla, sino una serie de postes a unos 3 metros uno de otro. Tras ellos se pueden ver los barracones típicos de las colonizaciones planetarias, aunque estos son un poco más grandes de lo normal. La valla emite un zumbido y eso hace sospechar a los intrépidos exos de que que están junto algún sistema eléctrico de contención. ¿Para que no entre lo que está fuera o para que no salga lo que está dentro? [NdDJ: esas preguntas tan inorportunas?].

Tras varias pruebas y dudas, lo que incluyó el lanzamiento de una linterna a través de la valla, linterna que dejó de funcionar, los inmos llegan a la conclusión de que el campo eléctrico de la valla tiene la misma potencia e intensidad que la de los circuitos impresos y que atravesar la valla no les dañará (mucho), pero que podría inutilizar todos los sistemas electrónicos de sus armaduras y armas.

—¿Pero nuestros equipos están protegidos contra PEM, no? —pregunta el ingeniero del grupo.
—Prueba —responde el DJ con media sonrisa.

Los robots habían formado un semicírculo alrededor de ellos y eso había empezado a preocuparles. ¿Qué estaban haciendo? ¿Qué esperaban? Y como parecían organizados, ¿quién les estaba dando órdenes? Gustav, un poco cansado de tanta observación decide acercarse a los robots (sin olvidar su rifle reglamentario), pero los robots se van alejando de él según se acerca, intentando mantener las distancias. Es posible que, a la carrera, Gustav hubiera podido atrapar a alguno, pero su prueba parece convencerle de que los robots no son una amenaza.

Deciden rodear el perímetro en busca de una entrada y la encuentran tras la primera esquina (los robots les siguen y ahora están más cerca). la puerta no es más que un arco entre dos de los postes con dos hojas batientes. Hay un panel de acceso que no tiene nada que hacer con Huk. Tras unos instantes, las puertas se abren y es, en ese momento, cuando los robots deciden asaltarlos…

Mientras tanto, en la nave, Liralaf ya ha entrado en el interior. La estática que impedía las comunicaciones no afecta en el interior de la nave y avisa a sus compañeros que ha regresado. Desgraciadamente para el tyrano, algo ha entrado con en la nave y sin que se dé cuenta, le ataca por la espalda. El tyrano se sorprende al ver aparece una hoja como de un cuchillo en su abdomen. No tiene mucho tiempo para mas pensamientos mientras se desploma en el suelo agonizante.

… La carga de los robots pasa junto a los miembros de la 808 e ignorándolos se introducen en las instalaciones. La manada es una abigarrada mezcla de robots cada vez más estrafalarios, parece el muestrario de un chatarrero loco, algunos ruedan, otros andan y la mayoría luce abolladuras y marcas de desgaste. Se podría afirmar que algunos robots tienen las piezas de otros,  Tras pasar el umbral el último de ellos, arrastrándose sobre dos brazos enormes, el grupo decide colarse también en las instalaciones. Los robots han ido a la derecha, ellos irán a la izquierda. No tarda mucho en oírse una alarma y los primeros disparos.

En el interior

Atraviesan el espaciopuerto, una pequeña superficie plana y hormigonada, y se dirigen al edificio que, en ese momento, parece más alejado de los disparos. En el interior hay un guarda de seguridad al que sorprenden y reducen con facilidad y en el interior, colgadas de un techo de más de dos plantas de altura descubren varios cazas de combate, unos ocho. Nunca habían visto cazas parecidos, pero su perfil recuerda a las naves tyranas, pero Huk discrepa: los motores de esas naves son de la RFP, la versión moderna de los Trialon B. Está seguro de ello. Curioseando por el almacén, se topan en el ordenador con un albarán de envío. Las 8 naves van a ser enviadas a un campo de prueba en Luis (un sistema aislado de las rutas comerciales no muy lejos de allí). Todo parece indicarles que ese edificio es un almacén de naves, un hangar, en transito desde dónde vengan a Luis. Pueden acceder a seis envíos en las últimas semanas…

Mientras tanto, en la nave, Max cree haber oído un ruido en el comedor de la nave, como si un tyrano emitiera un largo y sordo estertor. Decide abandonar su posición en la cabina (en la consola de armamento) y bajar a investigar…

Al salir del edificio, los disparos son más continuados y entre las esquinas llevan a ver un robot de combate (una mole enorme utilizada por el ejército de algunos planetas como tropas de choque). El robot se está aplicando contra unos enemigos que no llegan a ver, pero que imaginan son los robots. Deciden pasar al siguiente edificio del perímetro (algo que no les acercará a ese robot).

La puerta del edificio está cerrada y Huk se apresta a la tarea de abrirla. En ese momento, cesan los disparos con un ruido de giro de armas enfriándose. Jango sube al tejado para vigilar a ese enorme monstruo. Mientras, el úkaro consigue abrir la puerta y Gustav entra por ella arma en mano. Le están esperando tres guardias de seguridad armados con escopetas:

—¿Escopetas? ¿Quién le da escopetas a los seguratas? —pregunta el úkaro.

—El mismo que ha comprado el robot de fuera —responde el DJ.

Los guardias de seguridad no disparan inmediatamente porque ellos esperaban a robots enloquecidos (la razón de las escopetas) y no a un soldado con armadura hasta la cabeza. Huk aprovecha la confusión de los guardianes para lanzarles una granada aturdidora, pero esa misma acción les hace reaccionar y disparar alocadamente (no aciertan ni un disparo).

Jango anuncia que el robot, atraído por los disparos se acerca su posición y Huk decide que es mejor estar dentro con los guardias que fuera con el robot. La pelea en el interior se complica y un disparo de escopeta alcanza a Gustav haciéndole daño a pesar de «su armadura de combate exo con la que no puede pasarme nada». El robot ya está en la puerta, Huk se pelea con el último de los guardias, Gustav prepara su arma mientras intenta que las heridas no le incapaciten y Jango… Jango salta sobre el robot desde el tejado armado con su vibrocuchillo, un arma que atraviesa a armadura del titan como si fuera mantequilla. Este se revuelve e intenta deshacerse del polizonte que se le ha subido a la cabeza, pero Jango resiste y consigue hacerle el daño suficiente para derribar al guardián. Gustav felicita al muchacho y comenta ajeno a lo que ha ocurrido:

—Quizás no haya sido el mejor día para que el tyrano controla robots se quede en la nave.

En la nave, mientras tanto, Gusta sale del ascensor del puente y antes de que se quiera dar cuenta, una cuchilla en forma de pata le hiere en un ala. Se revuelve y lucha, pero el atacante, sujeto a su ala, le aguijonea repetidas veces con sus otros cinco patas libres. Max cae sobre el suelo de goma de la sala comedor apenas sin ruido.

El espectáculo en el interior de las instalaciones es un poco dantesco. Hay diez camas rodeadas de burbujas de contención biológica y en cada una de ellas hay un paciente con alguna horrible enfermedad que deforma sus extremidades, supura su piel, hace que le nazcan pústulas y llagas en los sitios más insospechados; todo un museo de las enfermedades más horribles. Además, descubren a cuatro médicos escondidos y parapetados en el fondo del edifico. Interrogando a los científicos se hacen una idea del personal de las instalaciones (ente 20 y 30) y descubren que las pruebas médicas están autorizadas por el gobierno (no se lo creen) y que se trata de experimentos de medicina creados en el sistema Paldo. Gustav empieza a sacar discos duros portátiles y a grabar toda la información. Espera que Liralaf pueda investigarlos y sacar alguna conclusión de qué están haciendo ahí. Las instalaciones médicas son buenas (equipo de primera calidad), pero no parece el lugar adecuado para tratar a pacientes de esas características: dónde está el personal sanitario, además de los médicos. Algo huele a podrido en ese lugar. Investigando un poco más, descubre que todos los pacientes son voluntarios y que proceden de diferentes planetas donde, a cambio de un salario básico (muy básico), permiten que los usen de conejillos de indias. «Aquí hace falta un buen sindicato» piensa Gustav…

En la nave, Reinhardt, el oficial, repasa por enésima vez el informa que va a mandar al cuartel general explicando por qué se han saltado una zona prohibida. No le convence. Tampoco le convence la cuchilla que atraviesa su pecho a pocos centímetros del corazón, una segunda le rasga el muslo a micras de la femoral. El capitán de la 808 cae al suelo…

Desde la puerta de la sala de torturas médicas (han decidido llamarla así), observan como hay movimiento de gente en las instalaciones. Cada diez minutos o así, alguien sale de un edificio y entra en uno de los edificios centrales. Imaginan que es una especie de patrullas de seguridad y continúan adelante. Evitando los edificios visitados por los guardias, que sospechan que son instalaciones, abordan el otro edificio central que resulta ser los barracones y dormitorios de la instalación. En este momento no hay nadie, pero les permite corroborar su primera información de que en la instalación hay 20 o 30 personas (ese es el número de camas). Desde los dormitorios pueden ver la puerta de entrada del otro edificio, el que parece el centro neurálgico del complejo, donde entran y salen guardias cada poco tiempo. Mientras observan, entra un individuo con paso más tranquilo, como con más autoridad y vistiendo el uniforme de los guardias. Deciden entrar tras él.

El interior se revela como un cuarto de seguridad donde puede monitorizarse diversos parámetros del perímetro y de las instalaciones. En una mesa de control, tras varias pantallas está el hombre al que habían visto entrar. Una gatling (una ametralladora de estas que giran al disparar) está apoyada en la mesa al alcance de su mano derecha. Bajo su mano izquierda hay una pantalla táctil donde se aprecia un botón rojo. Cree tener la situación bajo control y les dice:

—Os habéis equivocado de planeta. —Lo que los miembros de 808 interpretan como que no les reconoce como ninguna de las empresas que trabajan allí. Él y Huk (oficial al mando presente y único, aunque él aún no lo sabe) mantienen una conversación un tanto cargada de testosterona con faroles y órdagos por ambas partes. Al final el hombre parece convencido y mueve su mano hacia el botón. Gustav dispara creyendo que va activar la autodestrucción. Más tarde descubrirían que lo que hacía el botón era retrasar la cuenta atrás de un dispositivo del «hombre muerto» (que hace corroborar una alarma si nadie lo pulsa en 10 minutos).

Finalmente, en la nave, Piefkowsky, alertado por el lema de la 808 del oficial (¡¡Aaaaaahhh!!) se incorpora y se enfrenta al asaltante desde la posición del piloto. el escaso espacio ayuda a la criatura que se apoya en todo los recovecos del puente para acuchillar a su rival. Cuando el piloto cae al suelo, hay varios trozos de su anatomía alrededor suyo. La criatura intenta manipular la nave para hacerla despegar, pero sus armas de combate no están preparadas para manipular las pantallas tácticas de una nave de la clase Victoria. Enfurecida araña toda la superficie con sus patas.

Controlando el centro de control, los miembros de la 808 (que quedan sanos, más o menos) creen controlar mejor las instalaciones. Uno de ellos se queda con el botón del hombre muerto (que aún cree que evita la autodestrucción) y los otros dos (Gustav con la gatling) investigan los otros edificios (al más puro estilo old school, no vayan a dejarse algo sin registrar).

El primer edificio es una laboratorio farmacéutico donde Jango resulta herido y donde acaban con la vida de un guardia y detienen a otros tres científicos. Parce una fábrica donde se producen esteroides y otras sustancias destinadas a favorecer los instintos combativos de los soldados. Les llama la atención que haya dos líneas de producción para cada medicamento. Podría ser una medida de seguridad, pero copian los datos de la investigación para analizarlos luego. [NdDJ: descubrirán que una línea va hacia Fulba y otra hacia Ilam y que unas, las primeras, son sustancias auténticas, y que las otros, sin valor real, son falsas, simples placebos. La de Fulba no se saben a donde se envía, pero la de Ilam es la que suministra a la flota.]

El segundo edificio es un almacén de armas. Hay un soldado al que neutralizan sin problemas y resulta ser un almacén de armas de factura tyrana. Las armas tyranas no están prohibidas, pero por qué traerlas desde allí hasta aquí y dónde las mandan luego. También copian la información de los ordenadores (el sistema del «hombre muerto» les estaba poniendo nerviosos y no se detenían a investigar. [NdDJ: más tarde descubrirán una orden de partida de esas armas al sistema Fulba.]

En la nave de la clase Victoria, Jana Lou y Shiroh (los dos mejores exobiólogos de la galaxia) aguardan en la sala de la tripulación ajenos a su destino. La criatura se tropieza en el pasillo con Junior (el robot de limpieza y mantenimiento). Ambos se miran y si se dicen algo, nadie lo sabrá jamás. El loco robot de las cuchillas se cuela por una rejilla de ventilación, mientras Jango procede a limpiar las manchas de sangre que las seis patas del nuevo invitado han dejado en el pasillo. Emite un par de bips de queja, pero nadie queda para escucharle…

Para llegar al tercer edificio deben cruzar la zona donde los pobres robots encontraron su final. Todos parecen dirigirse a ese edificio, pero nunca alcanzaron su objetivo. El tercer edificio está dividido en dos zonas defendidas por dos guardias (no duraron mucho) y cuatro científicos (a los que respetaron). En la primera zona encuentran toda una colección de robots sujetos a arneses. Se parecen mucho a los robots del exterior y puede observarse una evolución de los modelos. No parecen activos, pero tampoco saben si hay cerebros a la expectativa en su interior. El último de la línea es un robot perfecto (casi un androide) femenino que está colgado del techo. Tiene la cabeza abierta como si estuviera esperando que colocaran algo en el interior. En una de sus piernas tiene dibujado el símbolo Omega. De nuevo, copian la investigación (NdDJ: y de nuevo descubrirán una orden de envío de la “carcasa omega” al centro de investigación de Diel).

En la segunda zona del tercer edificio encuentran una línea de montaje de centinelas (iguales al que se enfrentaron). No debe llevar mucho tiempo porque solo habían acabado uno (el que se cargó Jango) y el resto está en diferentes fases de montaje.

Y en el último edificio encuentran los enseres transportados por la Skioblanir. Los restos de la estación orbital donde se investigaba la sustancia negra mutágena. Todo parece embalado y como a la espera de llevarlo a otro lugar. No hay indicaciones de cual puede ser ese otro lugar. Buscan las muestras de la sustancia negra y se las llevan. Al menos, han evitado que Farmacon pueda seguir investigándolas.

Saliendo de allí

Agrupan a todos los supervivientes, todos los científicos y unos pocos guardias, en la plataforma de despegue y Huk les vigila, Jango se dedica a apretar el botón del hombre muerto y Gustav se acerca a la nave. El sensor dice que aún hay robot por la zona, pero el veterano Exo arde en deseos de probar su Gatling recién adquirida. La radio sigue sin funcionar. La estática parece haber desaparecido (algo han desconectado), pero los de la nave no responden.

Hay varios robots esperando a Gustav, pero consigue ser más rápido que ellos y entrar en la nave. Dos se pegan a la puerta para desesperación de Gustav. Sabe que algo malo ha pasado desde el primer momento. Liralaf se encuentra moribundo junto a la entrada, Gustav en la sala comedor y Reinhardt en la cabina. Nada puede hacer por el piloto. Lleva a los tres cuerpos a la enfermería y allí encuentra los cadáveres de los pasajeros. Todos están muertos y presentan cortes profundos, de un afilado cuchillo.

—¿Cómo el de Jango? —pregunta temeroso

—No, más grande. —Y por una misteriosa razón, eso le alivia.

Una rápida evaluación le dice que Liralaf es el que está peor y que cualquier ayuda puede ser inútil. Reinhardt tiene alguna posibilidad y Gustav es el más resistente de los tres. Decide meter al oficial en el TRA (se oyeron algunos «pelota»). Hay un segundo TRA, pero para ello tendría que sacar al clon infectado y dejarlo libre en el planeta o en la nave. Hasta a Gustav le parece demasiado riesgo.

Gustav no sabe pilotar la nave ni puede contactar con el resto del equipo, así que decide salir de la nave. En ese momento recuerda los dos robots apostados en la puerta. Afortunadamente, recuerda que la clase Victoria tiene esclusas a ambos lados de la nave. Vuelve a las instalaciones esquivando a los robots y les explica lo que ha pasado. Huk retorna a la nave y la trae, con más suerte que acierto, hasta las instalaciones aterrizando en el exterior del recinto (no se fiaba de no empotrarse contra los edificios). Cogen a dos médicos y estos consiguen estabilizar precariamente a Liralaf y a Max, pero no aseguran que vayan a sobrevivir. Ofrecen sacar a algunos de los enfermos de los TRA de la enfermería y poner a sus compañeros, pero Gustav razona, no sin cierta razón, que eso sería cambiar una vida por otra (por mucho que los enfermos parezcan condenados). Y, por otro lado, ¿qué haces con un tipo supercontagioso fuera de su burbuja biológica?

Invitan a los médicos a irse con ellos para cuidar de los enfermos, pero estos se niegan. Cuando les amenazan, les responde que prefieren morir en ese momento que después. La 808 asegura que no les va a matar y ellos les explican que están condenados, que su nave no saldrá del sistema. Se resisten a dejar allí a los civiles y que mueran por la autodestrucción o a manos de los robots que aún quedan (y que se dirigen hacia allí según sus sensores). Les convencen que la autodestrucción la pueden desactivar y que los robots no serán un problema con la valla activada y la puerta cerrada (no son claros, la 808 tiene las armas, pero es un claro reproche).

La nave de la 808, con varios muertos, tres heridos y Huk a los mandos, empieza los preparativos para despegar. Se levantan unos cientos de metros y aguardan 10 minutos esperando la autodestrucción (algo que no ocurre). Se pueden ir tranquilos (NdDJ: no es una autodestrucción sino la confirmación de que la alarma ha terminado. El guardia que dejan al cargo de anularla, simplemente deja de pulsar el botón en cuanto despegan. Eso manda una señal a la nave en ruta hacia el planeta, que salió al encenderse la alarma, en la que les indica que el planeta está en cuarentena y no se debe dejar salir a nadie de él. Por cierto, la nave interceptora es una fragata de combate muy armada).

Mientras los supervivientes de la 808 se afanan en suplir los puestos de la tripulación, descubriendo la existencia de la nave interceptora, Reinhardt abre los ojos en su cabina medica. Una especie de ruido desagradable ha provocado su despertar. Al enfocar la vista, ve el filo de un cuchillo, unido a una pata, deslizándose con cuidado por la superficie de cristal. Ese chirriar es lo que el ha despertado; la fría mirada de leds rojos unidos del cuerpo unido a esa pata, es lo que le impide volver a dormirse, quizás para siempre…

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