Exo – 3×09 Campaña 808 (El silencio de los muertos) – Miedo a las alturas

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Juego Exo
Fecha En algún momento del 3471
Campaña Exo 808
Lugar Manises I
Asistentes Sento (subteniente Reinhard), Juan (sargento Huk), Leo (Gustav), Germán (Max), Chema (Liralaf) y José (Jango). J.C. (DJ).
Datos por Chema

Nuestros valientes exo habían tomado la decisión infiltrarse en SaludCorp y eliminar la muestra de la sustancia de la nebulosa que allí estaban. Contactada una especie de resistencia local y localizada a una infiltrada en el interior de la corporación (que les ayuda por dinero), tenían todos los triunfos de su mano (o eso creían, ver entrada anterior). Poco podían imaginar que la malvada corporación de SaludCorp era realmente malvada.

Amanece en Humuma y la 808 se pone en marcha.

Preparándose para la bestia

Reinhard y Gustav deciden recorrer algunos barrios poco recomendables en busca de armas, pero es un entorno desconocido y está claro que ellos no forman parte de ninguna banda de la zona por lo que los vendedores de armas se niegan a tratar con ellos, lo más probable es que sean policías enviados por SaludCorp para hacer algún anuncio de su lucha contra la delincuencia.

Por su parte, Huk y Max están buscando más información de SaludCorp, merodeando por la zona, cuando se dan cuenta que alguien les está siguiendo. Tras un enfrentamiento verbal con los perseguidores, deciden volver al hotel a esperar a sus compañeros. Y ahí es cuando observan que no son los únicos a los que estaban siguiendo. Cuando el teniente y Gustav vuelven, otros tipos se quedan esperando a la entrada del hotel. Al rato se alejan de la puerta y se pierden en una calle lateral donde, tras una rápida inspección, descubren una sospechosa furgoneta.

Sin esperar a que Liralaf regrese de su visita, ¿por cierto, dónde ha ido?, los miembros de la 808 preparan y realizan un asalto a la furgoneta. No están armados y el asalto causa un poco más de revuelo del que esperaban, pero consiguen dominar a los agentes de vigilancia y sacarles alguna información. Se trata de agentes de seguridad de SaludCorp (que en este planeta es lo mismo que decir la policía) y les estaban vigilando por el mismo motivo que vigilan a todos los extranjeros: por ser extranjeros. Mientras realizan el interrogatorio, Liralaf aparece con tres pistolas y un plátano (la historia del plátano y la pifia ya la contaremos otro día).

En el vientre de la bestia

Deciden que la furgoneta de seguridad puede ser un buen camuflaje para entrar en SaludCorp y con ella aprovechan la entrada de los trabajadores para entrar en el garaje de la corporación. El garaje es enorme pues ocupa todos el subterráneo de los edificios corporativos, pero gracias a las indicaciones de la resistencia local saben cual es el ascensor que les interesa. Esperan a que el grueso de los trabajadores del turno entren y luego Huk y Reinhard acceden al ascensor con la acreditación de la infiltrada. Todo parece ir bien cuando pulsan el botón que les llevará a la planta 13 (no, nadie sospechó).

El resto de la 808 se queda en el garaje, intervienen las cámaras de seguridad y ayudan a sus compañeros avisándoles de la presencia de otras personas. En realidad su trabajo es bien sencillo porque no parece haber nadie en la planta. Ven como Huk y Reinhard avanzan por un pasillo lleno de laboratorios y cómo acceden al último, su objetivo.

Y es aquí dónde empiezan a complicarse las cosas. De la nada surgen diferentes miembros de seguridad de SaludCorp que previamente no aparecían en las cámaras (¡Han hackeado al Max! ¿Cómo se atreven?). No parecen como los novatillos que les siguieron por la calle y van armados hasta los dientes, incluyendo cascos y armaduras. Unos rodean a Huk y Reinhard y los otros el coche del garaje. Parece que les estaban esperando. ¿Es posible que la infiltrada, que trabajaba por dinero, les haya traicionado?

Nota del DJ: sí, se la había colado hasta el fondo. El planeta Humuma es una sociedad corporativa en el tradicional estilo de la palabra. Lo controlan todo, los partidos políticos (a los que van alternando para que parezca un sistema democrático) y, sobre todo, a la disidencia. Es imposible tener contento al 100% de la gente, pero es muy fácil tener engañado a ese 5% que no se adapta al sistema regido por la corporación. Les había dado suficientes pistas de dónde estaban (por ejemplo, el hecho de que había seguridad social a cambio de los cuerpos una vez muerto; su único comentario fue: pues no parece un mal acuerdo). En ningún momento sospecharon que la infiltrada también trabajaba para SaludCorp. Creo que aún hoy no lo sospechan.

Los miembros de la 808 dieron su famoso grito de guerra: ¡Ahhhhhh! y sacaron el coche del garaje a trompicones. La gente que les rodeaba tenía orden de no matarlos y no pudieron detenerlos. El coche salió al garaje, se escabulló y acabó parando a varias calles de SaludCorp con la esperanza de poder hacer algo con sus amigos.

Mientras tanto, Reinhard y Huk son introducidos a empellones en el ascensor, con tantos guardias que respirar se hace complicado. El elevador sube y sube, se dirige a la última planta parece.

—¿Sabes volar?—le pregunta Reinhard a su compañero de captura. Huk niega con la cabeza—. Pues creo que tenemos 50 plantas para aprender.

El ascensor se abrió al ático del edificio. El viento soplaba con fuerza y allí les esperaban una nueva tanda de guardias armados, un vehículo aéreo (con sus torretas de armas marca “por si acaso“) y una mujer, vestida de forma elegante, abrigada, sin armas a la vista y con una mirada que podría derretir un cubo de hielo en un planeta de clase P. Era Sandra Hayek, vicepresidenta de SaludCorp y según las malas lenguas, el verdadero cerebro tras la corporación.

—¿Ustedes son los exos que han venido a visitar mi planeta? —Asintieron, era inútil negarlo.— ¿Y a qué debemos el honor si puede saberse? ¿Han venido a robarnos algo que poseemos?

La conversación anduvo un rato por las ramas, con medias verdades, veladas amenazas, alguna que otra risa nerviosa y muchas, muchas miradas al borde del edificio sin barandilla. ¿Quién construye azoteas sin barandillas? Al final Reinhard contó la verdad (casi) y le explicó que venían siguiendo una muestra de una sustancia letal y peligrosa desde FarmaCon. La mujer, en apariencia satisfecha, se acercó a ellos (¡Ahora iba a empujarlos!) y les mostró un mem en el que podía leerse una copia de un memorandum interno en el que ella misma, la vicepresidenta Hayek, daba la orden de destruir la muestra llegada de SaludCorp. Y mirando a los exos añadió:

— Bigaloó es un estúpido y no queremos tener nada que ver con sus estupideces.

Mientras les acompañaban a la puerta, hasta el hotel y luego les vigilaron discretamente hasta que se reunieron con sus compañeros y se abandonaron el planeta, pensaban: «¿Y si la orden que nos ha enseñado es falsa?», pero nadie formuló esta pregunta mientras se dirigían decididos a su próximo destino: la esquiva Skioblanir.

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