Rise Of The Runelords: Burnt Offerings. 4ª Sesión.

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Juego Pathfinder
Fecha 03/04/2011
Campaña Rise Of The Runelords: Burnt Offerings. 4ª Sesión.
Lugar Manises II
Asistentes Juan (DJ), Leo (Mærvin), Lohen (Cionaodh), J.C. (Karil), Perico (Saia).

Diario de Karil

¿Dónde nos habíamos quedado?

«Registramos el resto de la planta pero no hay nada de interés, sólo un acceso a la planta inferior, de la que sale un ponzoñoso olor a mal. Ahora es mejor que descansemos, mañana tendremos mucho trabajo limpiando este lugar…»

Sí, es cierto, ya recuerdo, tras pasar la noche como buenamente pudimos y con más miedo que vergüenza, iniciamos el descenso hacia la planta inferior de aquella guarida infestada de goblins. Para nuestra sorpresa, estos no habían estado ociosos y aprovechando nuestro reposo habían abandonado el lugar. Una actitud ciertamente cobarde, pero reflejaba el exacto respeto que nos merecíamos.

Afortunadamente para ella, los goblins no consideraron adecuado acabar con su vida. Abandonada en un cuarto encontramos a una muchacha, la hija que habíamos venido a buscar, y comprendimos que nuestra búsqueda había terminado. Nos recibió como sus salvadores y nos agradeció mucho que la liberáramos, pero, sinceramente, creo que la fortuna había sido su mejor aliada. Que los goblins se olvidaran de ella y no la mataran antes de irse es, realmente, lo que salvó su vida.

Volvíamos a Falcon Hollow, contentos, cansados, pero mientras nos acercábamos, descubrimos en el horizonte una columna de humo. Por la posición, nos pareció que sería el campamento maderero donde se inició nuestra aventura hace tanto tiempo. ¿Qué podíamos hacer? No guardábamos buenos recuerdos de aquella gente, pero, ¿qué demonios? ¡Era nuestra gente! Dejamos que Englier y Rillka escoltaran a la moza hasta sus familiares y los otros cuatro nos fuimos a investigar.

La cosa no pintaba bien. El campamento maderero estaba destruido, aún ardía en algunos puntos, pero la lucha había sido intensa. Vimos muchos cuerpos goblins en el suelo y alguna que otra persona que reconocimos de otros tiempos. En lo alto de la torre del campamento, un agonizante maderero suplicaba que le ayudáramos. Sabíamos que era una trampa… Bueno,yo sabía que era una trampa, se olía a jornadas de distancia, pero estoy acompañado de los inventores de la palabra caridad y así no hay manera. El campamento parecía desierto, pero algo en mi interior me decía que nos estaban observando. Me acerqué al establo, un lugar donde había pasado muchas horas acarreando estiercol,  y que era una de las estructuras que más daño mostraba. En su interior, había un enorme agujero. ¿Los goblins habían atacado cavando un túnel hasta el campamento? Aquello era muy raro…

De repente, cuando uno de los buenos samaritanos de mi grupo intentaba trepar para rescatar al humano (Mærvin el gnomo, por si alguien tiene interés) un goblin aparece en la parte superior. Todos nos quedamos como petrificados mientras pronuncia unas extrañas palabras y los muertos del campamento se alzan. No, no es que estuvieran disimulando. Estaban muertos y luego se levantaron. No quiero parecer intransigente, pero creo que cuando matas algo, debería permanecer muerto. Creo que el mundo tiene algunas normas básicas, la muerte no debería ser opcional. No sé si me explico. A todo esto, perdí la pista del “convocador de muertos” en la confusión posterior.

Nos dieron, y mucho. No sólo los muertos, que no tenían mucho aguante, sino una serie de goblins invisibles que nos atacan con artera precisión. Finalmente, me puse serio (lo que significa que me salen garras y los ojos se me ponen amarillos con las pupilas de color rojo) y entre Cionaodh (que pega unos gritos que ríete tú de las tenderas del mercado de Falcon Hollow) y mis manos ardientes (que cada día se parecen más al aliento del dragón), acabamos con ellos. Saia yMærvin habían hecho lo propio con el resto de los muertos (de acuerdo, Saia se había cargado a todos y el gato del gnomo, Raj, a unos cuantos).

Nuestras dificultades no acabaron ahí. Lo normal hubiera sido largarnos de allí y volver con la Guardia Nacional de Falcon Hollow, pero no, mis compañeros, además del Rombo Rojo ese, son miembros de los Yelmos Azules y decidieron darse una vuelta por la zona para pacificar el lugar. No parecía justo que un pobre goblin no tuviera una oportunidad justa de clavarnos un ponzoñoso puñal entre las costillas. En la primera casa nos aguardaban escondido cuatro goblins, Saia les dejó opinar un poco y luego se cargó a tres de un golpe (sí, como lo cuento). El cuarto, algo amedentrado, prefirió rendirse y colaborar un poco. Nos contó, entre otras cosas, que no puede volver al campamento goblin porque está vivo. Le ofrecí que eso tenía fácil solución, pero no me dejaron hacer nada (¡aguafiestas!).

En la siguiente casa, descubrimos una escena de horrible depravación. Brazos medios roídos, cuerpos devorados como si hubieran sido víctimas de la lepra y lo peor de todo… intentaban comernos. La cosa se estaba poniendo muy desagradable y empezaba a sentir unas nauseas en la boca de mi estómago. Afortunadamente, no habíamos comido nada desde la mañana. Arreglamos el error de la naturaleza, los muertos volvieron a morirse.

No contentos con la experiencia, decidieron investigar la última casa. ¡Y si hay algo importante! dijeron. Y claro que lo había. Un enjambre de bichos voladores que nos atacaron y confundieron durante un buen rato. Pues aún así, no nos fuimos. Toda aquella situación me parecía un poco absurda. Estamos rodeados de muertos que se levantan y aún así vamos a investigar el agujero por el que parece que han salido. Es un agujero… ¡hay que investigarlo!

El agujero parecía lo que era: un agujero. Tendría unos 6 pasos (12 si lo medía Saia o Mærvin) y las paredes eran muy verticales para que hubiera servido de salida a los goblins. ¿Qué había salido por ahí? Le pregunté al globin, que aún seguía vivo, y nos contó que aquella era la guarida del Nap Kra. ¿Nap Kra? Miré a Cionaodh que normalmente sabe de estas cosas, pero me puso su cara de: «te crees que soy una biblioteca».

Mis compañeros habían decidido ya que había que bajar a descubrir qué demonios era un Nap Kra (yo pensaba que si era un demonio prefería no descubrirlo), pero lo que nos impulsó a entrar en él fue el “convocador de muertos”. Quizás cometimos el error de suponer que había huido, pero no, estaba escondido (el “jodío“), preparado para cuando nos acercáramos al agujero y así lanzarnos una descarga de truenos. Parecía una tormenta de verano cabreada cuando te has olvidado la capa impermeable en la montura. Cómo caía (que le pregunten a Mærvin que aún tiene algunos pelos de la cabeza de punta o al goblin prisionero que teníamos que quedó como un churrasco).

¿Y qué nos esperaba en el fondo del agujero? Pues un Nap Kra, querido lector, que, como seguramente no sabrá (yo no lo sabía entonces), es una especie de cangrejo subterráneo de hipnóticos colores. ¡Y tan hipnóticos! Parte de mis compañeros cayeron hechizados por los colorines y los ataques del cangrejo los enterraron e inmovilizaron. De hecho, el astuto animal derribo e inmovilizó primero a Saia (nuestro ariete de combate), estábamos en un apuro. A mi me enterró también, pero gracias a mi agilidad felina (y a un poco de suerte) pude salir por detrás de la bestia y alcanzándole en un punto débil de su caparazon (hasta entonces impenetrable) acabar con él.

Mis compañeros agradecieron mi proeza haciéndome caso por primera vez… salimos del agujero, comprobamos que el goblin “convocador de muertos que lanza rayos de la muerte” no estaba y volvimos a Falcon Hollow. Había un evidente sendero a través del bosque por donde los goblins debían haber huído, pero acalle sus insinuaciones con una sencilla opinión: «¿A ver quién es el listo que propone que persigamos a un ejército de muertos vivientes sin pasar a buscar al paladín primero?». Además, debíamos llevar al humano que había servido de cebo en la torre ante la curandera; curiosamente, aún seguía vivo. Nosotros, por poco, no lo contamos…

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Una respuesta to “Rise Of The Runelords: Burnt Offerings. 4ª Sesión.”

  1. Sento Says:

    Jo, y yo me lo pierdo 😦

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