
Día 4
Al levantarnos, seguimos remontando el río hasta alcanzar el lago del que no había hablado Millon. Allí resolvimos ir hacia el norte, al camino que llevaba a la casa de la bruja Ullizmila donde esperábamos encontrar raíz de cola de rata más alguna información adicional sobre los otros ingredientes.
El camino se tornó extraño. El ruido del saltarín río ya no nos acompañaba, no oíamos los ruidos de las ardillas o de otros animales que huían a nuestro avance, ni el graznido de los pájaros defendiendo sus nidos, ni el arrúo de los jabalíes en sus secretos senderos. Todo estaba silencioso, opresivamente acallado y cuando llegamos al claro donde la bruja moraba, nuestros corazones albergaban miedo. Una casa de madera, vieja, yacía moribunda en medio de unos pequeños campos de cultivo donde una decena de espantapájaros permanecían en eterna y silenciosa guardia.

